Celestún, en busca del flamenco rosa

Publicado en: América, México | 0

Cuando planificamos este viaje teníamos claro que uno de los motivos principales, además de ver ruinas mayas, era ver Flamencos rosas. Durante nuestra vista a Kenia unos meses atrás, habíamos visto muy pocos en el Lago Nakuru o el Ngorongoro en Tanzania, y esta vez debía quitarme esta espinita, así que tras visitar Rio Lagartos y ver poquitos, decidimos, ya que estábamos en Mérida, recorrer los más de 90 kilómetros que nos separaban de Celestún e intentar ver más flamencos rosas.

PORTADA CELESTUN Y MERIDA

Hicimos este viaje a Celestún un viernes 14 de Abril, coincidiendo con el Viernes Santo de Semana Santa. Y ¿porqué os cuento esto? porque lo que sucedió aquel día tiene mucho que ver con que hayamos hecho esta visita un día festivo en México, donde además el turismo local era muy evidente y había muchísima gente en la zona costera de Yucatán.

Tras un desayuno tempranero en nuestro hotel de Mérida, un buen desayuno todo hay que decirlo pese a que el hotel en sí no era nada del otro mundo (ver reseña en Hoteles en Yucatán), salimos dispuestos a recorrer esos 90 kilómetros en algo más de hora y media. Mis anotaciones sobre esta visita eran muy claras: “Antes de llegar a Celestún pueblo, y tras pasar el puente, a mano izquierda encontraremos un aparcamiento y allí podemos dejar el coche mientras visitamos la zona”.

No había duda. Antes de llegar a Celestún me puse en alerta, repitiéndole a Rubén las indicaciones: “Tras pasar el puente (estamos cruzando el puente) a mano izquierda hay un aparcamiento (como si el aparcamiento no lo fuésemos a ver)”. Cruzamos el puente y fue evidente todo: Que el aparcamiento se veía perfectamente, que había muchísima gente allí, y que incluso había autocares con gente. Por un momento pensamos en que eso también podía ser algo bueno: Al menos íbamos a encontrar compañía para compartir la barca y que los gastos fuesen menores.

Nos costó aparcar. Allí no quedaba ni un solo hueco donde meter el coche. Un chico vino a nuestro rescate, y al de decenas de coches que aguardaban  encontrar un sitio donde dejarlo. Conseguimos meter el coche por un sendero entre los árboles y dejarlo aparcado, o medio aparcado. Poco a poco más coches se iban metiendo por el mismo lugar.

Después de ese momento de estrés y dándole las gracias al chico (y una propina) por habernos encontrado un sitio, nos fuimos a hacer cola. Larga cola para pagar y para acceder a un sito en alguna de las barcas que salían constantemente. Ya en la cola, un señor, que nada tenía que ver con la organización de aquel “circo”, se puso a organizarnos: ¿Cuántos sois?” preguntó. “Dos” respondimos. Y en un momento nos encontró a una familia de franceses con los que compartir barca.

 

Celestún, un paseo en lancha por la Reserva de la Biosfera.

 

Celestún es un pequeño pueblo de pescadores situado al este de la ciudad de Mérida, en la costa oriental de Yucatán. Su principal atractivo son las playas paradisíacas y en ocasiones casi desiertas, y sus restaurantes, a pie de playa, donde comer un buen pescado fresco. Pero sobre todo, la gente que viene a Celestún, viene para hacer la vista a la Reserva de la Biosfera Ría Celestún y ver flamencos rosas.

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La reserva de la Biosfera Ría Celestún, además, contiene una de las principales zonas de manglares del golfo de México, que unida a la mezcla del agua dulce del río con la salada del mar, hacen que sea una zona ideal para la cría de flamencos rosas y de otras 300 especies de aves.

Que el sitio es muy turístico, sobre todo en fechas señaladas, nos quedó claro nada más poner un pie allí, pero nuestra idea, la idea que llevábamos antes de llegar era bastante distinta.

No obstante, en ese momento tampoco nos importó  mucho. Estábamos allí, habíamos llegado hasta allí, eramos conscientes de que íbamos en fechas de vacaciones en México y lo íbamos a disfrutar igualmente. Así que con nuestros ya amigos franceses y con la entrada en la mano nos dirigimos a la búsqueda de nuestra barca. Nos sentamos y nos dispusimos a disfrutar de un paseo de hora y media por la ría.

Mientras lo iba observando todo, las barcas por la ría, los pescadores… iba recordando a aquel señor que en uno de los cenotes me había dicho lo maravillosa que era esta excursión y que era el mejor sitio de México para ver Flamenco Rosa. Tenía muchas ganas de disfrutar de este día, pero todo no salió según lo esperado.

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Llegamos a la zona de los flamencos rosas. Era cierto. Había más que en Rio Lagartos o al menos estaban más juntos y parecían más. Estaba encantada, hasta que vimos que aquello se acababa. No estuvimos ni 10 minutos en la zona de los flamencos cuando la barca se dirigió hacia otro lado. En aquel momento yo pensé que buscaba otro lugar donde observar flamencos, pero lo cierto es que no fue así. Habíamos pagado (y menos mal que no una barca completa, que serían unos 42 euros) para ver flamencos rosas y aquello ya se había acabado.

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Entramos en la zona de manglares, que realmente es muy bonita, pero no la pude disfrutar como quería. Quería volver a la zona de flamencos. Pero ya no hubo retorno. Después del paseo por esta zona, y de parar para darnos (los que quisieron) un baño en una especie de laguna repleta de gente entre los manglares, la excursión se había acabado y en menos de una hora estábamos de vuelta en Celestún, bastante cabreados pero al menos contentos por haber visto los flamencos rosas.

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Nosotros estábamos cabreados, pero realmente no al nivel de los franceses, que estaban mucho más y se fueron a reclamar mientras nosotros no pensábamos perder ni un solo segundo en ello, ya que no íbamos a ganar nada con ello y no quería perder más tiempo de mis vacaciones.

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Nos fuimos a la playa.

 

En la playa de Celestún.

 

En la playa de Celestún, menos paradisíaca que lo que habíamos visto en Holbox, y con mucha más gente, estuvimos el resto de la mañana. Buscamos un hueco entre tanta gente, la mayoría solo paseaba o se bañaba, y el resto se encontraba en los múltiples restaurantes de la zona, y nos dimos unos cuantos baños antes de decidir buscar un sitio donde comer. Aquí fue donde todo se complicó mucho más.

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Nuestra idea para el día de hoy era disfrutar de la playa hasta al atardecer. Comer marisco y pescado en alguno de los restaurantes y volver a Mérida para cenar en un bonito sitio. Pero no lo pudimos hacer. Tras dar paseos playa arriba y playa abajo no fuimos capaces de encontrar un sitio donde sentarnos a comer. Así que, después de todo, decidimos irnos a Mérida. Dejamos por imposible la búsqueda de restaurante, buscamos una tienda para comprar algunos snacks para el camino y emprendimos el camino de vuelta. Celestún no nos había dejado muy buen sabor de boca, pero también somos conscientes que el día no era el mejor para hacer la visita. ¿Volveremos? Pues seguro que no, pero no quita que al menos, hayamos visto flamencos rosas.

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La Mérida más colonial.

 

Si bien pasamos dos noches en Mérida, nuestra primera intención, ya que habíamos decidido ir a Celestún, no era hacer una visita de la ciudad, o no al menos como solemos hacerlo en otras ocasiones que intentamos profundizar en las visitas. Esta vez, dado que no llevábamos planning para conocer la ciudad, nos dejamos llevar por nuestro instinto, sin tener nada que ver ni nada que hacer, solo pasear y observar.

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Pero si había un punto que tenía claro que quería conocer de la ciudad de Mérida era el monumento a la Patria. Había visto una foto por la red y desde que la vi se me quedó grabado. Sabía que al menos ese punto de la ciudad lo debía visitar. Tuvimos suerte, además, porque el monumento está ubicado al inicio del paseo de Montejo y ese punto estaba muy cerca a donde teníamos ubicado el hotel.

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Regresamos a Mérida, nos fuimos al hotel, dejamos el coche y nos fuimos directos a visitar el Monumento a la Patria.

Nos pareció raro que después de lo que habíamos vivido aquel día, con tanta aglomeración de gente en Celestún, aquí, en el Monumento a la Patria, que me parecía un sitio que debía ser muy turístico, no encontramos a nadie.

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¿No os parce increíble el monumento? Para que está dibujado y sin embargo está tallado. Me pareció asombroso antes de ir y me pareció maravilloso una vez lo tuve enfrente.

Lo siguiente que hicimos fue callejear sin rumbo. Disfrutar de la ciudad, de su ambiente festivo, de las casas coloniales, de los desfiles de coches antiguos, de la multitud de gente, y de los puestos callejeros. No hicimos mucho más, pero con ser ya poco, ya es  bastante, porque disfrutamos mucho de nuestra tarde de paseos por Mérida.

Como el calor apretaba y apretaba bastante, nos metimos en un bar de la plaza de la catedral a tomar una limonada. Un litro de limonada en menos de 2 minutos, y es que llegábamos allí ya con las fuerzas justas y el nivel de agua por los suelos.

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Tras el largo paseo y ya empezando a oscurecer, regresamos al hotel, donde nos teníamos que duchar y cambiar ya que hoy nos esperaba una cena muy especial. Hoy llevaría a Rubén a cenar en Fresas y Chocolate, un restaurante ubicado en una antigua Hacienda y que tenía muchas ganas de probar.

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Fresas y Chocolate.

 

La mala suerte, una vez más en este viaje, fue que comenzó a diluviar, y no tenía pinta de parar, así que la intención inicial de cenar en el comedor que tiene al aire libre, decorado con muchísimo encanto, se quedó en nada, ni en una foto que puede sacar. Tampoco pudimos subir a la azotea al terminar la cena porque seguía diluviando, así que no nos quedó otra que disfrutar de esta merecida y buenísima cena, a la vez que lo acompañábamos de un par de margaritas.

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Fresas y Chocolate, entre otras merecidos premios, tiene el otorgado al mejor restaurante de México del año 2016, así que ¿cómo nos lo íbamos a perder estando al lado mismo de nuestro hotel? Esta era la sorpresa que le tenía preparada a Rubén en este viaje. Siempre intento sorprenderle con algo, o con un hotel bonito o con una cena en algún restaurante con encanto. Cuando localicé éste lo tuve claro. Y le invité a cenar.

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Sinceramente me encantó todo. La decoración del restaurante, la decoración de sus terrazas, el mimo con el que lo tratan todo, pero sobre todo, la comida. Al menos lo que nosotros probamos, tanto  los entrantes como mi pato o su pescado, estaban de muerte y ¿las margaritas? pues es cierto que las probamos mejores, pero bueno, no estaban nada mal y las tenían de un montón de sabores.

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Y ahora viene el precio: ¿Cuánto cuesta cenar en un restaurante de esta categoría en México? Pues pagamos en total por: 4 margaritas, una ensalada de pera que estaba buenísima, un plato de atún, uno de pato con longaniza y una tarde de chocolate: 1083 pesos, unos 54 euros (de los cuales 15 euros fueron en margaritas). Así que no estuvo mal.

Nos despedimos así de Mérida ya que al día siguiente poníamos rumbo a un nuevo destino, del que todavía a estas alturas del viaje no sabíamos como organizar ni qué visitar.

 

Gastos del día:

  • Excursión por Celestún: 250 pesos (12.5 euros)
  • Snacks y bebidas: 25 pesos (1.25 euros)
  • Jarra de limonada para dos: 42.5 pesos (2.1 euros)
  • Cena en Rosas y Chocolate: 542.5 pesos (27.12 euros)

Total gastos por persona: 42.97 euros.

 


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