Diani Beach, un día en el paraiso

Publicado en: Africa, Kenia | 0
Este sería el único día que pasaríamos completo en la idílica playa de Diani Beach, en la costa keniata y al sur de Mombasa. Aunque habíamos llegado el día anterior y ya nos pudimos dar cuenta de lo impresionante que es la playa (ojo, en marea baja, porque en marea alta pierde un poco el encanto, pierde los miles de colores y ya no es lo mismo), hoy disfrutaríamos del día en la playa, o al menos era la intención.
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Tenía ganas de levantarme. Cuando los primeros rayos de sol entraron por las ventanas de nuestra suite en The Sands at Nomad, quise correr hacia la playa. ¡Cuantas ganas de playa tenía!. Parecía que habían pasado siglos desde la última vez y solo habían pasado unos meses desde aquellos 6 días en Perhentian Besar que habíamos pasado en el mes de Marzo. Pero la intensidad con la que habíamos vivido estos últimos meses, con tanto trabajo y tanto trajín, hacían que me pareciesen siglos de aquellos días y necesitaba disfrutar del sol y de una playa como esta.

 

Salimos a desayunar al fantástico restaurante del The Sands at Nomad. Desayunamos como reyes con una de las mejores vistas. Desde que supe que iría a este hotel me visualicé desayunando, sobre todo desayunando, en la fantástica terraza de este hotel. Es maravilloso desayunar con estas vistas. Además, el gerente del restaurante ya nos conocía. Nos lo habían presentado el día anterior y ya nos trataba como de la familia. La verdad es que el trato recibido durante estos días por todos los empleados sin excepción fue exquisita.

 

Desayunamos como reyes y rápidamente fuimos a hacer uso de las tumbonas. Lo tienen bastante bien pensando y es que la gente que tiene la habitación en una de las casitas con vistas a la playa tiene su propia zona de tumbonas así que la gente que tenemos las habitaciones en la zona común del centro tenemos también nuestras propias tumbonas con lo que nunca nadie se queda sin tumbona. Hicimos uso de una de las tumbonas en primera linea. Ya que habíamos desayunado temprano y habíamos llegado antes que nadie pudimos coger una de esas tumbonas que tienen unas vistas espectaculares de la playa. En cuanto nos vieron vino el “señor de las toallas” a traernos y colocarnos unas y a partir de ese momento me sentí la mujer más afortunada del mundo por poder estar ahí, con esas vistas, con este sol y con este trato.

Diani Beach, el autentico paraiso keniata

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Cuando el sol se hizo más intenso y los colores del mar empezaron a ser más que evidentes salimos a dar un paseo por la playa para, sobre todo, sacar fotos y disfrutar de las maravillosas vistas.
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Salimos a pasear por la playa y tardamos 5 horas en volver. Pasear por las playa de Diani Beach a determinada hora puede ser lenta, muy lenta, más que nada porque se te acercan todos los beach boys, y cuando digo todos, son todos. Y da igual que estés hablando con uno, negociando algo o simplemente hablando, que se siguen acercando el resto y al final puedes tener a 5 o 6 personas contigo. Avanzamos despacio, pero avanzamos. Queríamos llegar hasta el hotel Baobab, otras de las opciones que habíamos barajado como opción, que es en Todo Incluido y quizá ese fue uno de los motivos para descartarlo. Bueno, también otro de los motivos fue que en esta ocasión queríamos algo un poco más especial, y este hotel, el Baobab es el típico hotel de playa o al menos eso nos parecía. No queríamos un Todo Incluido porque sabíamos que no lo íbamos a aprovechar. Llevábamos muchos planes para hacer estos días, algunos los hicimos y otros no, pero bueno, las intenciones eran otras.

 

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Estaba maravillada con el color del mar. Creo que jamás, en todos los viajes que hemos hecho y en todas las playas espectaculares en las que hemos estado, jamás habíamos visto estas gamas de colores. El contraste, además, con los masai o falsos masai que pasean por la playa, con el color rojo destacando sobre ese fondo azul, hacen que en cada punto donde fijas tu vista, veas una posible foto. Mi cámara no paraba de funcionar. Eso sí, como Rubén no paraba de hablar con los locales, no me quedaba más remedio que utilizar como “elementos compositivos” para mis fotos, a locales, o a los propios beach boys hablando con Rubén.
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Y llegamos al Baobab y decidimos subir las empinadas escaleras que desde la playa conduce al hotel y así encontrar un poco de tranquilidad. Los beach boys no se pueden acercar al hotel. Y entramos y echamos un vistazo y nos pareció un gran hotel, pero claro, solo dimos un vistazo por la zona de la piscina y también vimos que había más gente que en nuestro hotel, por poner un ejemplo.

 

También notamos y esto de forma general, que la gente, los turistas, tanto en este hotel como en el resto  y el nuestro incluido, pasaban más tiempo en la piscina del hotel que en la playa, cosa que me llamaba mucho la atención.Haber llegado hasta aquí, que no es poco, tener esta playa tan espectacular delante y no salir de la piscina es algo que no consigo ni conseguiré entender.

 

En nuestro paseo por la playa nos dimos cuenta que efectivamente, la mejor zona de playa estaba en los alrededores de nuestro hotel The Sands at Nomad  y que no nos habíamos equivocado con la ubicación.
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Aprovechamos el paseo por la playa para hacer dos cosas: contratar un velero local para salir a las 2 de la tarde a hacer snorkel en una zona cercana, con un banco de arena en el medio del mar y por otro lado para contratar una excursion para el día siguiente al Parque Nacional Kisite, donde pasaríamos el día.

 

La primera salida, la del día de hoy a las 2 de la tarde nos costó 15 euros para los dos, pero sin regatear, lo que quiere decir que se puede sacar mucho más barato. Para ir al Parque Nacional Kisite, esto si que nos costó mucho, mucho regateo y al final lo hicimos por 90 dolares los dos. Teniendo en cuenta que empezaban pidiendo 120 dólares por cada uno, y que en el hotel creo que costaba 140 dólares por persona, creo que el negocio fue bastante bueno.

 

Algo que sucedió y de lo que aún a día de hoy me sigue dando mucha rabia por no habernos dado cuenta de que posiblemente fuese una estafa fue lo que pasó a continuación.
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Ya habíamos reservado las dos excursiones, ya los beach boys no dejaban en paz. Era momento de disfrutar de la playa, de los paseos, de las fotos… era momento de relajarse. Paseábamos por la punta de las olas y se nos acercaron 3 chicos que empezaron a charlar con nosotros. No había nada de malo en ello, era una conversación sana. Empezaron a contarnos un poco como vivían, que eran pescadores, que su padre ya había sido pescador, que vivían del mar, y que vivían del mar en todos sus aspectos ya que del propio mar sacaban las medicinas para curarse. Empezaron a enseñarnos cosas que nosotros hubiésemos pasado por alta: mini pulpos, estrellas de mar, erizos del tamaño de un balón, (nos dimos cuenta que no se puede uno bañar en estas playas sin escarpines, porque hay erizos que no ves y pueden causarte un problema). Yo estaba encantada, la verdad, a cada paso que dábamos encontrábamos una nueva sorpresa que nosotros jamás hubiésemos visto. Tan contenta estaba que le dije a Rubén, tenemos que darles una buena propina. Y les hubiese dado una buena propina si no fuese por lo que pasó a continuación (y he decir que perdieron más que ganaron).
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Cuando llegó la hora de despedirnos porque nosotros queríamos sacar unas fotos en una zona preciosa de la playa, les dijimos que les íbamos a dar una propina, pero que al estar fuera e ir a bañarnos que no llevábamos nada encima. Nos dijeron, que por el safari de mar que nos habían hecho que eran 20 dólares por persona. Imaginaros mi cara. Ni hablar. No les iba a dar nada. Ahora sí que sí, no les iba a dar nada. Les dijimos que eso se llamaba estafa y una cosa era que ellos nos explicasen en que consistía lo que iban a hacer y que costaba 20 dólares por persona y otra cosa es que hiciesen algo que nadie les había pedido y ahora pidiesen 20 dólares por persona. Y que de ninguna de las maneras y que ahora ni propina ni nada. Al final cedimos en darles 10 euros (sinceramente yo les iba a dar más, pero me pareció tan tan mal lo que habían hecho que les dije que eso o nada, y claro, aceptaron). Estas situaciones son muy incómodas porque al final hacen que te sientas incómodo estableciendo cualquier tipo de conversación con cualquier persona, y no todo el mundo es igual, como pudimos comprobar en el resto del viaje, pero te hace sentir fatal y muy desconfiado.

Mañana de caminatas por la playa donde cada paso es un triunfo. Hay mas personas intentando vender que turistas… imaginad la situación.

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Fue el momento, de quedarnos a solas y de poder disfrutar de esa playa prácticamente para nosotros solos, porque la mayoría de la gente no sale de la piscina como os dije antes, así que aquello era un auténtico paraíso.

 

Disfrutamos del momento hasta que llegó la hora de ir hasta el hotel, cambiarnos, coger las máscaras para buceo y como no nos daba tiempo ya a comer nada, cogimos unas barritas energéticas que siempre llevamos en los viajes, pedimos un café en nuestra tumbona (1 euro, lo cual me pareció un lujo, porque te lo trae el camarero hasta la tumbona, una jarra de café, una jarra de leche y dos tazas). Lo tomamos rápidamente y salimos en busca de nuestro velero.

 

Íbamos con dudas ¿y si no les reconocemos? ¿y si no sabemos quienes son? ¿con quién habremos contratado? Pero ellos nos reconocieron a nosotros.
La verdad es que desde que llegamos a la costa de Kenia y vi estos veleros tan artesanos supe que me quería subir en uno de ellos. Y había llegado el momento matando dos pájaros de un tiro: me subiría al velero y haríamos snorkel. En el velero íbamos nosotros dos y tres tripulantes, así que teníamos a 3 personas a nuestra disposición.

 

Nos llevaron a un banco de arena en el medio del mar y desde allí nos dijeron que nos metiésemos hacia la zona de coral y… ¡a disfrutar!. Y así lo hicimos, disfrutar de los fondos marinos de Kenia.

 

Si aquello que vimos allí era un buen snorkel, no me podía imaginar lo que podríamos llegar a ver al día siguiente en el Parque Nacional Marino de Kisite. Seguro que nos nos defraudaba.
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La verdad es que pese a que la excursión que habíamos contratado duraba 2 horas, he de decir que en ningún momento nos metieron prisa, y que regresamos al hotel cuando nosotros decidimos salir del agua y decir que ya habíamos terminado. Me encantó la experiencia, pero sobre todo me encantó la experiencia de navegar en el velero de madera.
Regresamos al hotel casi cuando ya empezaba a oscurecer, así que lo mejor, lo que me apetecía hacer en ese momento era meterme en el jacuzzi. Y así lo hice. Una hora pasé relajada allí. Y después, un café en la terraza. La suite, además de agua gratis, tenía café y té, así que siempre teníamos la posibilidad de tomar algo en cualquier momento. Lo del surtidor de agua era un lujo, poder beber agua y no tener que comparla en un país donde el agua sale cara (sobre todo en estos hoteles).
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Después de estos momentos de relajación una buena cena en la playa, a la luz de las velas, con langosta (incluida en la media pension) y un buen vino keniata, cuyo precio fue bastante elevado para ser Kenia (pagamos 20 euros por la botella) pero que nos gusto mucho, así que no importaba (y menos en aquellos momentos, donde todo nos parecían momentos de cuento, todo nos parecía un sueño).

 

Hablamos con el responsable del restaurante porque al día siguiente teníamos que madrugar para visitar el parque nacional marino Kisite y no nos daba tiempo a desayunar antes de salir, así que ordenó que nos preparasen un desayuno en el bar de la piscina (escogimos de una lista de cosas y ellos ya se encargarían de tenerlo listo para las 6:30 de la madrugada. Todo un lujo).
Nos fuimos a acostar porque al día siguiente tocaba madrugar considerablemente.

 


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Estaremos encantados de ser participes de que tu sueño africano se haga realidad. 

 

 

Si quieres leer el diario completo: 19 días en Kenia y Tanzania.

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