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Día 2 (I)
Diario Egipto en 8 días

Excursión al amanecer a Abu Simbel desde Asuán.

Puede que haya muchos lugares asombrosos en Egipto, y todos y cada uno de ellos te dejarán con la boca abierta, pero hay uno que destaca por encima de todos los demás. Ese es el templo de Abu Simbel, construido en época del gran faraón Ramses II, en terrenos nubios, y junto a la frontera del actual Sudán.

La visita a Abu Simbel debe considerarse imprescindible en un viaje a Egipto, pero no os voy a engañar, la visita es cansada, larga, y más si lo quieres hacer sin tener a cientos de personas a tu lado.

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Abu Simbel se encuentra situado en el tórrido desierto Nubio, al lado de Lago Nasser y a casi 300 kilómetros de Asuán (unas 3 horas y media en coche). Así que si quieres visitarlo con tranquilidad tienes dos opciones: o madrugas mucho, o haces noche allí.

Visitar Abu Simbel de Madrugada

Nosotros sabíamos todo esto antes de contratar el viaje, así que una de los motivos por los que reservar con la agencia receptiva con la que lo hicimos, fue el que nos asegurasen que la visita a Abu Simbel se hace de madrugada. Y tanto que fue así, ya que saldríamos de Asuán a la 1:30 de la madrugada, de forma que estaríamos en Abu Simbel al amanecer.

Habíamos llegado a Asuán la noche anterior y tras una cena copiosa en nuestro barco nos fuimos a dormir. Nos quedaban apenas 3 horas para que sonase el despertador y no había tiempo que perder. Nuestro guía, Hussein, nos había dicho que en la madrugada, nos tendrían preparado café y algo ligero de comer en el bar del barco.

No podríamos perder mucho tiempo porque lo ideal era salir cuanto antes para llegar los primeros a Abu Simbel. También nos dijo que nos podíamos llevar la almohada de viaje, para que éste fuese lo más cómodo posible. Aunque mucha gente se lo tomó a broma, yo no lo hice, y me fui de excursión con mi almohada, que cierto es, me facilitó el poder dormir en el autobús.

Las 16 personas que integrábamos el grupo que nos habían asignado, íbamos en un autobús de 52 plazas, con lo que teníamos sitio suficiente para poder descansar. El viaje se me hizo poco pesado ya que dormí profundamente y poco antes de llegar a Abu Simbel, nos despiertan para desayunar. Era el momento de comer parte del pic nic que habíamos llevado de viaje.

Cuando nos bajamos en la explanada del aparcamiento para autobuses de Abu Simbel no había nadie. Tan temprano llegamos que ni siquiera estaban los vendedores que sí vimos al salir. Accedimos a Abu Simbel poco antes de las 5 de la mañana, totalmente solos.

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El camino hacia Abu Simbel.

Hicimos el camino en silencio. Sabíamos que lo que nos esperaba al final del sendero era algo increíble. Me situé en primera fila de mi grupo. No quería que nada ni nadie interrumpiese mi vista, esos primeros momentos en los que tienes ante ti un monumento como Abu Simbel, uno de los más increíbles monumentos de la civilización egipcia.

Nos encontrábamos en terrenos de los pueblos Nubios, en pleno Sáhara, al lado del Nilo y bueno, en esta altura del río, el Nilo en sí se convierte en el lago Nasser.

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El Lago Nasser es artificial, ya que se generó como consecuencia de la construcción de la Presa de Asuán en 1954. Pero aún así, las vistas son muy bonitas.

Seguimos avanzando y observamos a nuestro lado, como una valla impide nuestro acceso al río. Esto no es para que accedamos a él, sino para evitar que los cocodrilos del Nilo puedan subir a esta zona.

Por fin, damos una curva ligera y ahí está, frente a nosotros, al fondo del árido camino, el templo de Abu Simbel. Y a nuestra derecha, tímidamente vemos aparecer, el templo de Nefertari. No me preguntéis porqué, pero en aquel momento supimos que debíamos empezar por este último y no por el conocido templo de Ramses II. Esta sería nuestra primera vista aquí.

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El templo de Nefertari (Abu Simbel)

Cuando Ramses II construyó su templo en este terreno, al lado del mismo, ordenó construir uno similar pero más pequeño. Este templo sería en honor a su mujer Nefertari. Nefertari no era la única mujer de Ramses II, pero sí su preferida. Nunca antes en la civilización Egipcia, un faraón había construido un templo para su mujer.

El templo, además de a Nefertari, también está dedicado al diosa Hathor.

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Estuvimos un rato contemplando la entrada del templo, donde se encuentran 6 figuras de unos 10 metros de alto, esculpidas en la roca. De estas 6 figuras, 4 representan a Ramses II y 2, las del centro de cada lado de la puerta de acceso, a la reina Nefertari.

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En su interior estábamos totalmente solos, lo cual hizo que la visita fuese aún más impresionante. La verdad es que al no haber visto nunca fotos del interior me quedé muy impresionada. Y esto era el principio, porque aún nos quedaba visitar el templo de Ramses II, de mayores proporciones.

La historia del templo de Abu Simbel.

El templo de Abu Simbel fue levantado, a orillas del Nilo, en terreno Nubio, hace más de 3200 años. Exactamente se empezó a construir en el año 1284 a.C, bajo el mandato en el país del faraón Ramses II. La construcción del templo de Nefertari se hizo de forma paralela a la del templo de Ramses II. La construcción de ambos templos se llevó a cabo durante unos 20 años.

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Ramses II llegó al poder tras la muerte de su padre, Seti I, siendo muy joven. Murió pasando de los 90 años y se mantuvo en el poder durante 67 años, lo cual hace que sea uno de los faraones que más tiempo ha estado en el poder. La construcción del templo de Abu Simbel, poco tiene que ver con algo religioso, y es que Ramses II fue un gobernante un tanto egocéntrico. Tanto fue así que se encumbró al nivel de un Dios, motivo por el que construyó este templo. Esto se puede ver en su representación en piedra tiene el mismo tamaño que el resto de los dioses que se representan en su interior.

Pero si hay algo por lo que se conoce a Ramses II es por haber llevado al país del Nilo a un nivel de poderío no alcanzado por ningún otro. Comenzó a expandir las fronteras de Egipto y nunca, bajo el gobierno de ningún otro faraón, los terrenos de Egipto llegaron a los límites que lo hizo bajo el reinado de Ramses II.

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Así, en su cruzada particular, llegó a la frontera de su país vecino, gobernado por los hititas. Con ellos tuvo lugar una de las mayores batallas de todos los tiempos de la civilización egipcia, la llamada batalla de Kadesh. Allí, los hititas, con un ejercito que doblaba al de Ramses II (40.000 hombres) se enfrentaron en una sangrienta batalla.

De lo que pasó allí poco se sabe, ya que ambos mantienen que derrotaron a sus enemigos y ganaron la batalla. Está bien pensar que quedaron en tablas, y que de ésto salió el matrimonio entre Ramses II y una de las hijas del monarca Hitita.

Esta alianza hizo que todo el territorio alcanzase un periodo de tranquilidad, paz y estabilidad. Para celebrarlo, Ramses II ordenó la construcción de varios templos, uno de los cuales lo teníamos delante.

El templo de Ramses II (Abu Simbel)

Tras la visita al templo de Nefertari, nos dirigimos a la entrada del templo de Ramses II. Ya se empezaba a notar que el resto de los tours empezaban a llegar, ya que había más gente en los alrededores del templo.

En la fachada de este templo encontramos 4 estatuas de unos 22 metros de altura de Ramses II. Al observar este templo queda perfectamente claro el egocentrismo de Ramses II, ya que tanto en las estatuas, del mismo tamaño que las de los dioses que hay en el interior, como en las escrituras, donde se lee que Ramses II se auto-proclamó dios tras la victoria den la batalla de Kadesh.

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En su interior también podemos ver como otros dioses le están coronando. Entre ellos el Dios Set (una de las pocas representaciones que hay de este Dios en todo Egipto)

En su interior volvemos a estar en soledad. Puede que la gente no se quede el tiempo suficiente dentro, o puede que llame más la atención su exterior. Lo cierto es que cuando entramos en el templo de Abu Simbel, nos encontramos totalmente solos y en silencio, observando como la luz que entra hace que el lugar parezca mágico.

No es para menos, ya que la construcción del templo se hizo para que 2 veces al año, durante los dos solsticios, los rayos del sol entrasen e iluminasen 3 de las 4 estatuas que hay sentadas en el sanctasanctórum del templo. Amón, Ra y Ramsés pero quedaba oculta la cara de Ptah, el dios de la oscuridad.

El olvido del templo de Abu Simbel

Con el final de las dinastías egipcias, los templos quedaron en el olvido, y poco a poco fueron quedando ocultos bajo las arenas del desierto. Mas de 2000 años después, en 1813, un suizo llamado Johann Ludwig Burckhardt los rescató y los sacó de nuevo a la luz. Pero no fue hasta 4 años después, cuando Giovanni Belzoni consiguió acceder a su interior. Así, el mundo volvió a conocer la existencia de los templos de Abu Simbel.

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La construcción de la presa de Asuán y el traslado del templo.

La posición actual del templo de Abu Simbel no es la original. Durante los años 50 del pasado siglo, el gobierno egipcio y el ruso, tuvieron la necesidad de construir una presa de mayores dimensiones a las que ya había creado los británicos a principios de siglo. Ni esta presa ni las siguientes ampliaciones conseguían retener las aguas del Nilo lo suficiente como para que no se desbordase e inundase la zona del bajo Nilo.

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Con la construcción de una nueva presa en Asuán, llegó un nuevo problema. La presa daba lugar al nacimiento de un lago, el lago Nasser, que amenazaba con destruir parte del patrimonio cultural del país, entre ellos Abu Simbel. Hubo muchos proyectos para intentar salvar el templo de Ramses II y Nefertari, pero finalmente se optó por trasladar todo el complejo a una zona segura. Se pidió ayuda internacional para conseguir los más de 40 millones de dólares que costaría este trabajo de ingeniaría. Finalmente, con la última aportación de España, se consiguió llegar a financiar.

La ubicación original del templo se encontraba a unos 250 metros de donde nos encontrábamos y a algo más de 70 metros de profundidad. Los templos fueron cortados en bloques de unas 25 toneladas, y trasladados a su ubicación actual.

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El agradecimiento: el templo de Debod

Como agradecimiento a las aportaciones realizadas, el gobierno de Egipto, regaló al de España el templo de Debod. Actualmente se puede visitar en Madrid con acceso libre.

Mis impresiones sobre el templo de Abu Simbel.

Creo que si nadie te llega a decir que el templo original de Abu Simbel no era donde está ahora, no se podría saber. No te podrías creer que realmente se ha podido llevar a cabo esta obra de traslado de la forma en la que se hizo ni cómo se hizo. Si ya haber construido este templo, donde está, en la época en la que se hizo, hace 3200 años, es increíble, también lo es el que se haya podido cambiar de ubicación y mantenerlo tal y como está.

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Es también impresionante, que la conservación del templo, de un edificio con tanta antigüedad sea tan buena. Así podemos hacernos una idea real de lo que pudo ser aquel imperio.

A mi me sigue sorprendiendo que en una época donde en mi país, se hacían cosas tan básicas, que aquí la diferencia fuese tan grande. En avances, en construcción de objetos, de edificios, de pinturas… Y no paro de hacerme preguntas: ¿Cómo puede haber tanta diferencia entre las dos civilizaciones? ¿Qué fue del esplendor y evolución de los egipcios? ¿Porqué en su mayoría quedó todo tapado por las arenas del desierto?

Y la primera vez que ves una construcción de la civilización egipcia, no hace más que sorprenderte, hasta límites que solo se percibe cuando llegas a allí. Creo que no hay un lugar en el mundo que cause tantas sensaciones como las que se viven al entrar por primera vez en un templo egipcio.

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El regreso a Asuán.

Eran las 7 de la mañana cuando dimos por concluida nuestra visita a Abu Simbel. Hacía un calor infernal. Si el día anterior a las 8 de la tarde cuando llegamos a Asuán, hacía 42 grados, ahora estábamos rozando los 47. Eran las 7 y ya el sol se soportaba mal. Nos subimos al bus y emprendimos el regreso hacia Asuán donde aún nos quedaba un día entero de visitas en el país de El Nilo.

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2 Comentarios

  1. Estimados Interesante relato, puedes por favor indicarme que agencia tomaron para que los recogieran 1 de la mañana suena interesante.

    Gracias

    Luis

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