Balicasag, en busca de las tortugas perdidas.

Publicado en: Asia, Filipinas | 0

 

Viernes, 3 de Abril de 2015
 virgin island balicasag filipinas arena blanca

 

Visitar Balicasag era uno de los motivos de haber venido a Alona Beach. Balicasag es un pequeña isla situada en la costa de Panglao, en Filipinas, y para llegar a allí contratamos una excursión de día entero.

 

 

Como visitar Balicasag.

 

Para llegar a Balicasag se pude hacer de varias maneras: una de ellas es contratando una excursión, en la que además de llevarte a Balicasag te llevarán a ver delfines a primerísima hora de la mañana, y a San Francisco Island, más conocida como Virgin Island. Otra forma es ir con alguno de los grupos que salen a bucear por la zona de Balicasag y que, mientras ellos bucean, tú disfrutas de la isla y sobre todo de lo mejor que tiene, su fondo marino.
Nosotros contratamos una excursión el día anterior en la playa. Negociamos 400 pesos con aletas, tubo y gafas incluidas. Ojo con esto por que es lo que utilizan para sacar dinero extra. Si no lo específicas en el trato, en la excursión solo entrará el trasporte propiamente dicho, pero nada de tubo y gafas, que te cobrarán a parte y nada de aletas que será otro extra.
Además de la excursión deberás pagar una tasa de entrada a Balicasag, que te la cobran allí mismo pero que a nosotros, por poco, no la pagamos, ya que si no te piden enseñarla, no te lo llegan a cobrar. A nosotros nos lo cobraron casi al final.

 

Viendo delfines en la costa.

 

Eran poco más de las 6 de la mañana cuando llegamos a la desierta playa de Alona. Allí nos esperaba nuestro guía que nos llevó hasta la barca donde en teoría solo íbamos a ir 6 personas. Al final fuimos 12.
avistamiento delfines balicasag alona beach

 

No tardamos ni media hora en levar anclas y salir a navegar. Al rato empezamos a ver los primeros defines. La verdad es que había grupos por todos lados y no sabíamos muy bien hacia donde mirar. Unos más alejados, otros más cerca del barco. La verdad es que nunca habíamos visto tantos delfines juntos. Dimos un par de vueltas por la zona y seguimos ruta hacia Balicasag.

 

Haciendo Snorkel en Balicasag.

 

Al llegar a la isla nos dimos cuenta de que allí, había muchísima gente. Y siguiendo nuestro instinto aventurero, una vez nos dieron las gafas, el tubo y las aletas, nos despedimos del resto del grupo. Aquí intentan venderte algo más:  el desayuno, el equipo de snorkel y una barca que te lleve hasta el punto de hacer snorkel. Esto último no lo llegué a entender, porque si vienes a la playa a hacer snorkel lo más lógico es que te tires al agua y nades.

 

balicasag island filipinas

 

 

Bueno, pues tras recoger nuestro equipo empezamos a caminar por la playa hasta encontrar un punto donde no hubiese gente. Preguntamos a unos chicos que acababan de salir del agua y nos comentaron que solo habían visto a una tortuga. Estaban muy emocionados pero un poco desilusionados por no haber visto más.

 

Sin pensarlo me coloco las gafas y el tubo, me meto en el agua y termino de ponerme las aletas. ¡Allá vamos!… Primer problema: mis gafas estaban rotas. Entraba agua por un lateral. Pues no iba a volver a rehacer todo el camino para ir a buscar otras, cuando además no sabía ni donde debía buscar a nuestra tripulación ni mucho menos sabía si los iba a encontrar, puesto que entendía que se habrían subido a las lanchas para acompañar al resto. Me resigné. Me senté en la arena a esperar a que Rubén diera una vuelta en busca de las tortugas perdidas. Y perdidas debían estar porque no vio ninguna.

nemo

Sale del agua y me meto yo con su equipo. Nado, y nado, y nado… y llega un momento en que empiezas a temer por tu vida, porque mientras estás con la cabeza bajo el agua, los barcos van pasando a tu lado y ni se percatan de tu existencia. Así que hay que tener mucho cuidado. Los fondos marinos eran preciosos, llenos de peces de colores, pero ni rastro de las tortugas. Nadé hasta el límite, donde empieza la zona más profunda, que es por donde suelen estar las tortugas. Al menos fue por donde las habíamos visto en Gili Trangwagan (Indonesia). Nada. Ni rastro de ellas.

 

Salgo de nuevo para darle una nueva oportunidad a Rubén y empiezo a ponerme nerviosa. ¡Yo quería ver una tortuga!. ¡Solo una!. Pero nada.

 

El segundo intento de Rubén fue igual de improductivo. Mucho coral, muchos pececitos, muchas estrellas marinas de color azul intenso, pero ni una sola tortuga. Como no vimos tortugas, el snorkel fue bastante pobre, la verdad, ya los hemos hecho mejores.

 

estrella roja

 

Cuando sale le digo que lo mejor va a ser que vayamos hacia donde están las lanchas. Seguro que metimos la pata por no haber ido con el resto del grupo y me daba una enorme pena que por no haber hecho lo que nos mandaban nos quedásemos sin verlas. Deshicimos el camino andado y volvimos a la zona de barcos. Me metí al agua, me despedí con la mano de Rubén, y nadé. Nadé y nadé hasta que me metí entre las barcas que llevaban a los turistas. Nada. Nada de nada. Nadé, más hacia afuera incluso, y nada. Se me fue el tiempo mirando de un lado para otro y perdí la noción.

 

Un gran susto en la playa

 

 Cuando vuelvo a sacar la cabeza del agua me percato de que quizá, solo quizá, haya estado un montón de tiempo en el agua y decido emprender el regreso hacia la cosa. En mi camino de vuelta, sigo admirando el fondo marino hasta que me da por levantar la cabeza. Menos mal que lo hice, porque a pocos centímetros de mi cuerpo pasaba una bangka, de la que incluso me tuve que apartar apoyándome en uno de los largueros de madera laterales que llevan. No me dio un golpe por los pelos. No puedo entender como tienen tan poco control con las lanchas y barcas, en un sitio donde teóricamente la gente va a hacer snorkel. Tendrían que tener más controlada la zona por la que las barcas puedan navegar porque si no puede haber muchos accidentes (si es que no los hay, porque me extraña).

 

estrella azul

Sigo nadando hacia la costa y en otro momento un ruido me hace sacar la cabeza del agua. Esta vez veo a un niño con los brazos en altos gritando: ¡Señora! ¡Señora!. Y me señalaba que mirase hacia atrás. Me giro y veo a Rubén, con los brazos en alto también, dando voces sin parar y llamándome a gritos. Nado hacia él y le pregunto que qué pasa. Bueno, pues parece ser que me había perdido de vista, había pensado que me había pasado algo, en un principio creyó verme flotando en el agua y le dejó la mochila a una vendedora de pulseras en la playa y se lanzó al agua. Cuando se fue acercando a la zona creyó verme subida a un barco. Pensó entonces que me había pasado algo y que me habían rescatado. No era yo, claro. Y siguió buscadme sin dar conmigo. Hasta llegar al punto en el que estábamos ahora. Nunca había visto a Rubén tan alterado y con tanta cara de susto como aquel día en Balicasag.

 

Ya en la playa dimos por concluido el snorkel. No quedaba mucho para que nos volviesen a recoger y tuvimos que ir a recuperar la mochila. Estuvimos un rato con la gente local, hablando sobre el susto que se había llevado Rubén.

Sacamos unas fotos por la playa y al rato nos vinieron a recoger. Nos subimos a la lancha y continuamos el viaje hacia la Isla de San Francisco.

Justo al salir de Balicasag, cuando ya la profundidad hizo que el agua cambiase de color, vimos la cabeza de una tortuga. Gigante, más grande de lo que yo me imaginaba. Su cabeza era del tamaño de la mía y eso que mi cabeza pequeña no es. Esa fue nuestra única experiencia con las tortugas de Balicasag.

balicasag island filipinas alona beach

 

Y en el camino: estrellas en el mar. 

 

El camino que nos llevó desde Balicasag a la Isla de San Francisco fue todo un espectáculo. Cuando la profundidad del agua se hizo mínima, el color se volvió trasparente y conseguimos ver el fondo marino aquello fue como perderse en el mar. Un mar azul turquesa plagado de estrellas marinas de color anaranjado, cuyo contraste entre colores lo hacía perfecto y precioso.

 

 

balicasag buscando tortugas filipinas

 

 

Cuando nos acercamos a Virgin Island me volví a quedar impresionada. La Isla toma el nombre de San Francisco ya que en el medio de lo que es, poco más que una bancada de arena, que apenas se levanta del nivel del mar, han colocado una imagen de este Santo. El lugar quita la respiración. No solo por el color tan claro del agua, por ese color azul claro que llega hasta el infinito, ni por la arena blanca, si no por la cantidad de estrellas de mar que hay en su fondo.

 

Allí pasamos un largo rato disfrutando de las vistas, del agua y de las estrellas y allí volvimos a perder la noción del tiempo.

 

virgin island filipinas balicasag

virgin island filipinas balicasag aguas claras

 

 

La vuelta a Alona Beach fue otro espectáculo. Nos dimos cuenta de que al lado de Alona Beach hay otra playa, y que quizá esta fuese un poco más tranquila. Los colores del mar eran espectaculares, a cada rato cambiaba de tono de azul y me vi fascinada por tanta belleza. Incluso aquí, donde yo pensaba que el turismo podría hacer que la zona perdiese encanto, me parecía que el sitio era maravilloso y para recomendar. Me quito las gafas de sol y me doy cuenta de lo importante que son unas buenas gafas de sol en estos destinos. Se las paso a Rubén (que había perdido las suyas en Oslob) y le digo: “póntelas y mira, porque te estás perdiendo un auténtico espectáculo de colorido”. Y es que en estos destinos de playa es fundamental llevar unas gafas de sol polarizadas que te quiten todos los brillos del mar y te permitan ver todos los colores.

 

barco local virgin island balicasag

 

Eran más de las 3 de la tarde cuando llegamos de nuevo a la playa de Alona. Nos bajamos, nos despedimos y fuimos a buscar un lugar donde reposar en la playa. De camino volvimos a por otro batido de mango que tanto me había gustado el día anterior. Y así, con el vaso en la mano, nos fuimos a un lateral de la playa, donde esta era mucho más ancha y donde no había tanta aglomeración de gente.
 Allí pasamos el resto del día, tomando el sol, bañándonos y disfrutando de nuestras últimas horas en Alona Beach. Era nuestro último día en esta zona pero no nos despedíamos con pena ya que sabíamos que algo muy grande, algo bueno nos esperaba al día siguiente: Nos íbamos al Nido.

 

palmera en Alona Beach filipinas

 

Subimos al hotel, preparamos las mochilas, hicimos el chekin del vuelo, pedimos que nos imprimiesen en recepción las tarjetas de embarque y nos fuimos a cenar.

 

Esta vez, tras mucho paseo por la playa escogimos el hotel 2T y pagamos por la cena 530 pesos (11.41 euros).
De camino al hotel compramos agua, café y bollos para desayunar (98 pesos, 2.1 euros).

 

Gastos del día:

Excursión a Balicasag: 400 pesos (8.61 euros)
Tasa de entrada a Balicasag: 100 pesos (2.15 euros)
Batido en la playa: 90 pesos (1.94 euros)
Cena en el 2T: 265 pesos (5.70 euros)
Agua y café: 49 euros (1.05 euros)

Gastos total del día por persona: 19.45 euros.

 

Si quieres leer el diario completo: Hong Kong y Filipinas en 23 días.
viaje a uganda callejeando por el mundo iati seguros callejeando por el mundo

Dejar un comentario