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Día 8
Diario Norte de Tanzania en 15 días

La llegada a Seronera. La cena del leopardo

El Serengeti Central o Seronera es la zona más antigua del parque, ya que fue la primera que se estableció como zona protegida. Es, sin duda, la mejor zona de todo el Parque Nacional del Serengeti donde ver los grandes depredadores, ya que muchos son residentes permanentes. Hacia Seronera nos dirigimos en el día de hoy, pero aún nos quedaban muchas cosas por ver antes de llegar.

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Cambio de planes en Serengeti Mara

Nos encontrábamos en Serengeti Mara. Habíamos pasado dos noches en la parte Norte de Serengeti para intentar ver el cruce del Mara, y lo conseguimos. Con la resaca de este día lleno de emociones nos deportamos este 8 de Septiembre en el Under Canvas. La noche de lluvia intensa se hizo notar, ya que el cielo se despejó totalmente y nos mostró un espectacular amanecer.

Nos despertamos a las 6 de la mañana. Teníamos un largo e intenso día por delante y no queríamos perder horas de luz. Nuestro planning inicial consistía en invertir la mañana en seguir intentando ver el cruce del Mara y por la tarde salir hacia Seronera, en Serengeti Central, para llegar a dormir.

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Pero los acontecimientos acaecidos en las últimas horas hicieron que los planes cambiasen. Así son estos viajes, nunca sabes realmente en qué va a acabar el día.

Said nos dice que dado que, por un lado, ya hemos visto el cruce del Mara el día anterior, que las lluvias intensas de esta noche han hecho crecer el cauce del río y por tanto las probabilidades de ver un nuevo cruce se hacían casi nulas, y que habíamos tenido un pequeño accidente con el coche el día anterior… lo mejor sería salir ya hacia Seronera tras un safari al amanecer. Y no hacerlo por el interior del parque, sino salir hacia la carretera general del oeste, y parar para hacer una reparación en el coche.

Estuvimos de acuerdo, claro está. El safari al amanecer al otro lado del río Mara se sustituyó por un safari al amanecer por nuestro lado del río Mara observando qué ocurría a estas tempranas horas y cómo despertaban los animales.

Viaja con nosotros

Este viaje «Gran Ruta Norte de Tanzania» se desarrolló tal y como lo estáis leyendo durante el mes de Septiembre del año 2021, en uno de los viajes que realizamos bajo el concepto «Viaja con nosotros». Desde hace años ofrecemos la posibilidad a nuestros lectores, seguidores de redes sociales y clientes de la agencia de viajes a acompañarnos. Y este fue nuestro tercer «Viaje con vosotros».

Si quieres realizar un viaje similar o parecido a este, consulta las fechas de salida regular o si lo prefieres, pídenos un presupuesto para un viaje en privado a un país que estoy segura que te sorprenderá. 

Info@viajescallejeandoporelmundo.com

Amanecer en Serengeti Norte

Nada más salir de nuestro alojamiento divisamos en la lejanía, movimiento de animales agrupados. No sabíamos muy bien qué era. Bueno, nosotros no, Said lo tenía claro. Nos acercamos lentamente y lo que vivimos no lo habíamos visto nunca en un safari. Porque es cierto que ya habíamos visto carroñeros actuando, como aquel grupo de hienas en el Ngorongoro, o cuando esperaban impacientes que los leones terminasen con un búfalo en Botwsana. Pero lo que vivimos aquí fue distinto…

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Según nos vamos acercando comprendemos lo que está pasando. Un ñu no ha sobrevivido a la gran migración y dos hienas están dando buena cuenta de él. Mientras, alrededor, varios tipos de buitres y marabús intentan picar lo que pueden. Vamos a observar como cada uno hace su función y cómo se organizan para comer todos.

El Diario de Luis – El Desayuno de los Carroñeros

Un día más, el amanecer nos sorprende en el coche. Es nuestro último día en esta zona del Serengeti y contemplamos en silencio cómo ante nuestros ojos se va dibujando el paisaje. Esa inmensa llanura que no nos cansamos de admirar y fotografiar. A lo lejos, algo llama nuestra atención. A medida que nos acercamos, la imagen, confusa al principio, va tomando forma.

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Es la hora de los carroñeros. Los cazadores, posiblemente felinos (o gatitos, como los llama nuestro guía Said), han aprovechado la noche para cobrarse sus presas y después de darse el banquete, han abandonado la pieza para que otros animales acaben con los restos. Hay dos hienas alimentándose de las vísceras de un ñu, mientras espantan a los buitres que están alrededor, ávidos por hacerse con su parte del festín.

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Nos aproximamos con el coche y las hienas se retiran dando por terminado su desayuno, o puede que nuestra presencia les incomode. A los que no les parece importar es a los buitres, que se lanzan sobre el cadáver con ansia. El ruido que hacen es aterrador. Pelean entre ellos quitándose la comida del pico, apartándose unos a otros para hacerse con el mejor bocado. Una vez más, la vida y la muerte se dan la mano en este hermoso paisaje.

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Unos mueren para que otros puedan sobrevivir. Todo parece calculado y regido por una ley no escrita. En este entorno natural, nada se desaprovecha y cada ser que habita este paraje parece conocer y respetar esa ley. Los leones han despedazado al ñu y las hienas lo tienen más fácil para acceder a las vísceras. Cuando ellas acaban, los buitres arrebañan el esqueleto. Luego vendrán otros animales. Los cánidos se llevarán los huesos y finalmente, los insectos se ocuparán de limpiar la piel que la intemperie reducirá a polvo.

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Mientras tanto, los buitres de plumaje gris continúan sacando sus tajadas con el pico. Y siguen llegando. Ya hay varias decenas. Cuando alguno de ellos se hace con un trozo sustancioso se aparta para degustarlo entre los gruñidos, gritos y estertores del resto.

A dos metros escasos de esa aglomeración, otros dos buitres contemplan la escena como dos espectadores casuales. Parecen de otra especie, con un tamaño mayor y las cabezas rojas, a diferencia del resto que las tienen grises. A veces se miran entre ellos, como si estuviesen comentando lo que ocurre. Parecen esas personas curiosas que se detienen en la calle a ver un accidente. Pero no están allí ni por casualidad ni de paso. De pronto echan a andar hacia el cadáver y el resto de buitres se apartan formando un corro alrededor, como si se tratase de un ritual.

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Mientras ellos picotean el cuerpo inerte del ñu, los demás se mantienen inmóviles, de espaldas a ellos, algunos con la cabeza gacha, otros con las alas abiertas como queriendo ocultar lo que ocurre a sus espaldas. Los ruidos casi han cesado. Solo quedan sacudidas de alas y sonidos hechos con el pico. No hay graznidos ni peleas. Tampoco se van. Esperan pacientes a que vuelva su turno.

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Said nos da una vuelta despacio con el coche para que podamos sacar fotos desde diferentes ángulos. En una de las paradas, vemos un agujero en la tierra. Nos dice que es la guarida de las hienas. Posiblemente, ellas hayan acercado el cadáver hasta allí. Nos sobrecoge el olor a muerte y podredumbre que sale de ese agujero.

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Seguimos nuestro camino. A nosotros también nos espera el desayuno. El ritual será muy diferente pero seguimos teniendo las mismas necesidades que ellos aunque nuestros gustos sean más exquisitos.

Luis, 8 de Septiembre de 2021

Siempre mostramos imágenes de los viajes, es lo que se puede trasmitir por este medio, y lo intentamos ampliar con palabras. Pero muchas cosas de las que suceden allí no se pueden explicar por mucho que lo intentes. O yo no encuentro la forma de hacerlo. Eso sucedió por ejemplo aquí. Explicar con palabras el sonido que percibíamos de los buitres atacando al ñu, es algo imposible para mi. Es tan apabullante y ensordecedor, que incluso llega a producir angustia por lo que estamos viviendo, viendo y escuchando.

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Y no creáis que esto es lo único que acontecía en las praderas de Serengeti aquella mañana. Si mirabas a tu alrededor, una jirafa pastaba felizmente, cientos de ñus seguían su camino sin inmutarse por el trágico final de su compañero y un águila observa de lejos.

Una parada en Mugumu

Tras el desayuno en el lodge, salimos de Serengeti por el Oeste y nos dirigimos a la población de Mugumo donde debíamos buscar un taller para arreglar, entre otras cosas, el tubo de escape del coche y algún otro desaguisado por los bajos.

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No lo habíamos notado a la velocidad que se conduce por el interior de los parques, pero en cuanto salimos a una carretera nacional, notamos como sonaba el tubo de escape y el ruido ensordecedor que hacía. Otro de los efectos del golpe del día anterior era que el sistema para recargar baterías en el coche, había dejado de funcionar.

Llegamos a Mugumu, buscamos un taller. Unas palabras entre Said y un señor, y listo. Se ponían con nuestro coche. Ya podían funcionar así de rápido aquí.

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Nos bajamos del coche, y como parecía que la cosa iba a ir para rato, le dijimos a Said que nos íbamos a dar un paseo por el pueblo. No es que el pueblo tuviese mucho que ver, pero siempre es interesante ver como viven y conviven los ciudadanos de un lugar nuevo. Pero más que nosotros observar el ir y venir de la gente, y su forma de vida, nos sentíamos observados y seguidos con la mirada. Y es normal. Son pueblos que nos son turísticos y que ver por allí un coche de safari cargado de turistas no es lo habitual. Así que llegamos a ser una atracción y distracción para la gente del pueblo.

Más o menos una hora estuvimos en Mugumu, y emprendemos de nuevo el camino hacia Serengeti Central, con el tubo de escape arreglado y con el sistema de recarga de baterías funcionando.

Entrada en Serengeti Central, Seronera

Era de esperar, que una vez más, en este viaje, nos recibiesen al entrar las jirafas. Rosa estaba encantada. No le pueden gustar más y que nos viniesen a recibir en cada entrada era un gran momento de satisfacción para ella, y claro, para todos los demás.

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Estábamos viviendo el claro ejemplo de lo que puede ser un safari sin coincidir con la Gran Migración. En el artículo anterior: La Gran Migración, el cruce del río Mara, hablábamos de el interés que suscita hacer un safari en África coincidiendo con la gran Migración, pensando que en otra época o en otros parques no se va a vivir igual. Si nosotros tras aquel primer viaje a África, 19 días por Kenia y Tanzania, ya teníamos claro que no hay que coincidir con la gran migración para que el safari sea de 10, aquí se ratificaba.

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Aquí, y ahora, en Serengeti, seguíamos viendo animales por todos lados cuando la gran migración no estaba aquí. Hay muchos animales que no migran, incluidos muchos ñus y cebras, y por tanto, lo hagamos en la época que lo hagamos el safari será espectacular, sin lugar a dudas.

Habíamos cambiado de zona de parque, estábamos en Seronera. Cambiamos de paisaje, y lo que primero que encontramos fue una zona de arboleda que se convirtió, según avanzábamos, en una zona de grandes llanuras muy típico de Serengeti. Acabábamos de entrar y ya estábamos abrumados, pero no solo por los animales, que también, sino por el paisaje tan increíble que teníamos delante.

La charca de los hipopótamos

Llegó la hora de comer y Said, que se conoce el parque como la palma de su mano, nos lleva a un lugar muy especial.

No es de extrañar que Said conozca este parque como si fuese su casa, algo que lo comprendimos con el paso de los días. Said trabajó durante muchos años en este parque, así que se lo conoce tan bien, que conoce cada agujero, cada escondite, cada lugar donde pueda ser la zona habitual de paso de un animal concreto.

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Estábamos encantados con el guía que nos tocó, pero no solo por su conocimiento del parque, o de los parques en general, sino porque estaba viviendo este viaje como si fuese el suyo. Su implicación era tal, que era evidente que estaba disfrutando del safari tanto como nosotros. Eso no solo se nota, sino que hace que el safari sea mucho mejor. Si un guía disfruta con su trabajo os puedo asegurar que hará todo lo posible para que vosotros lo hagáis también.

Nos llevó a comer a la charca de los hipopótamos. Cuando en un safari tienes la oportunidad de poner los pies en la tierra, y esto no es muy habitual, los sentimientos que te invaden son tantos y tan revueltos que son difíciles poner en orden para poderlos explicar. No hay nada como vivir un safari para saber qué te recorre por dentro en estos momentos.

Teníamos a los hipopótamos, decenas de ellos, justo delante de nosotros. El hipopótamo es el animal que más muertes causa en África y es que son tremendamente agresivos. Así que allí, en aquel entorno, íbamos hoy a hacer nuestra comida tipo picnic con el corazón a 1000 por hora.

Y el olor. ¿Qué me decís del olor? Literalmente se bañan en caca. No paran. Y si el lugar en el que están, no tiene corriente de agua, imaginaros como estaban. Así que el olor que desprende el charco es totalmente nauseabundo. Y os estaréis preguntado ¿con este olor van a comer? Pues no. Porque en cuanto te separas unos metros deja de oler. Pero sobre todo huele cuando revuelven el agua, que es bastante a menudo, porque no paran de pelarse, de moverse, de ponerse unos encima de los otros, de nadar y a su manera, de disfrutar.

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Comiendo, solos, en la tranquilidad de «La charca de los hipopótamos».

Un poco de historia

Los grandes exploradores llegaron al áfrica oriental durante el S.XIX, por aquel entonces desconocida para el hombre blanco. Tras ellos empezó la colonización. Inglaterra y Alemania, entre otros, se repartieron las tierras que hoy en día son conocidas como Kenia y Tanzania. La mayoría de los que llegaban a África, sentían la gran necesidad de escribir sobre lo que allí encontraban y pronto se popularizó, sobre todo en Reino Unido y entre la alta sociedad, la cantidad de animales que poblaban aquellas tierras vírgenes.

(Toda la historia de los exploradores del S. XIX en África, os la conté durante el diario de viaje a Uganda).

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Los primeros colonizadores vieron el gran potencial cinegético de África y pronto empezaron a prosperar los primeros safaris destinados a dar caza a todo aquello que se moviese por las sabanas africanas.

Cuando los primeros colonizadores llegaron a tierras de Serengeti, solo podían transmitir lo que un colono sentía al verse como una gran isla en medio de un mar de elefantes. Un siglo después, como cabía de esperar, un elefante podía sentirse sólo entre un mar de hombres blancos.

El afán cinegético de la sociedad inglesa hizo que el número de cabezas de animales que poblaban lo que hoy son parques nacionales de Kenia y Tanzania, descendiesen a la velocidad de la luz.

¿Volveremos algún día a contemplar las sabanas africanas como se venían antes de que la era del hombre blanco llegase a África? Quiero pensar que lo que contemplamos el día anterior en Serengeti Mara, con la gran Migración, puede asemejarse en algo. No pierdo la esperanza.

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El mayor safari de la historia

En 1909 tuvo lugar el mayor y más sangriento safari de todos los tiempos. Theodore Roosevelt, que había estado en el gobierno de los Estados Unidos desde 1901 hasta 1909, abandonó la presidencia y se embarcó en uno de esos viajes que hacen historia, pero no precisamente por lo que descubrió.

En su gran safari, que duró más de 1 año, su equipo aniquiló a más de 1.000 animales. Quiso darle un enfoque científico, y alegó haber capturado, él solo junto con su hijo, a más 512 bestias, incluidos 17 leones, 11 elefantes y 20 rinocerontes, para que pasasen a formar parte del patrimonio del Museo Smithsonian de Washington.

Y si esto no fuese poco, de los 20 rinocerontes que mató, 7 eran blancos, ya por aquel entonces en peligro de extinción

Solo puedo ser condenado si se condena también la existencia del Museo Nacional, del Museo Estadounidense de Historia Natural y de todas las instituciones zoológicas similares”.

Theodore Roosevelt, 1910

Quizá lo que pasó en aquel safari marcase el principio de la verdadera masacre africana que duraría más de medio siglo. Porque hacer un safari entonces, significaba lo mismo que para Roosevelt. Regresar a casa cargado de trofeos en forma de cabezas. En tan solo un safari de una semana de duración, durante el año 1920, 2 americanos aniquilaron desde su cómoda posición en el coche, a más de 300 leones en Serengeti.

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Cómo podréis comprender, este hecho revolucionó a los propios cazadores, que fueron los primeros en solicitar un control sobre el safari de caza.

No hay nada comparable a la crueldad humana.

Los 9 leones de Seronera

Nos ponemos en marcha tras la comida con los hipopótamos, y el Serengeti nos regala la plácida tarde de una manada de 9 leones. Primero los vemos desde la lejanía. ¿Cómo puede hacer un guía para saber que ahí hay leones? Said nos señala con el dedo y nos dice: «justo ahí tenemos una manada de leones».

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En este momento de buen rollo con todo el grupo, le decimos que si es que este safari es de tener fe, porque realmente no vemos ni un solo león. Se ríe. Vuelve a señalar y a darnos indicaciones de dónde están los leones. «Justo ahí en frente. Hay un árbol, después hay otros dos, y uno es más grande. Debajo del grande está varios tumbados. Un poco más a la izquierda hay otros. No se cuantos son, pero son varios».

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Es increíble. Cogemos los prismáticos. No hay manera. Pero tras mucho insistir. Ahí están. Si, es cierto. Aunque la mayoría es sabana, la hierba está alta y seca, por lo que el color es el mismo que el de los leones. ¿Cómo pudo verles desde esta distancia? No puedo evitarlo y le pregunto. Creo que muchas veces los guías piensan que estamos ciegos, porque con toda la naturalidad del mundo nos dice: «Porque se ven las orejas moverse entre la hierba». Os podéis imaginar mi cara y las risas que esto trajo.

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Estuvimos un rato observando en la distancia y al rato Said nos dice: «¿Listos?» Esa suele ser la señal para preguntar si hemos terminado con las fotos y si continuamos ruta. «Si, listos». Pero en este caso su «¿Listos?» significaba más bien si lo estábamos para acercarnos. Porque poco a poco e intentando molestar lo menos posible nos fuimos acercando a ellos. Aunque he decir, y lo comprobaremos al día siguiente, que molestar no se molestan nada. Ya que parece importarles poco nuestra presencia allí.

Efectivamente, 9 leones en total: un león macho, dos leonas y varios leones pequeños de varias edades. Dimos un paseo al rededor de la manada para poderles contemplar por todos los perfiles, y sin pararnos mucho, continuamos el camino.

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Pudimos darnos cuenta que no es necesario estar mucho tiempo contemplando la misma manada para poder disfrutarla. Y también creo que, el haberlo hecho así, como lo hizo Said, fue un acierto total. Primero verles en la distancia, pensar que no puedes acercarte más, y de repente, tenerles al lado, aunque sean un minuto, te parece un auténtico privilegio.

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Un guepardo al atardecer

No tardamos ni dos minutos desde que dejamos la manada y Said frena en seco. Nos encontrábamos en un camino polvoriento en medio de las extensas planicies del Serengueti. Hierba alta y seca hasta el horizonte. Y allí, en medio de tanto ocre, aparece él, el elegante guepardo del Serengeti.

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Antes del guepardo, una hiena se nos cruza en el camino

Siempre se dice que no hay mejor lugar que Seronera para ver a los grandes depredadores, y está claro que razón llevan. Porque en tan solo unos minutos desde que habíamos comenzado el safari de la tarde, ya habíamos visto 9 leones, y un guepardo. Aunque este estuviese en el horizonte, la imagen que nos dejaba era fantástica y la excitación dentro del coche, máxima.

En un safari como este, a veces, lo que puede parecer una pequeña cosa, se convierte en algo muy grande. Porque hay quien pensaría que ver un guepardo a esa distancia no es nada, pero en nuestro grupo, un grupo fantástico e increíble, esto, era mucho.

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Said no paraba de reír y sonreír. Tener un grupo agradecido con todo, hace que ellos se sientan bien, y que además se esfuercen todavía más en querer complacer a un grupo que lo agradece todo. Incluso que aplaude por ver un paisaje africano, o un pájaro entre las hierbas altas. Todos los días, en nuestras cenas, le dábamos las gracias por todo lo que nos había dado cada día, y eso también es algo que no todo el mundo hace y pienso que es importante.

La cena del leopardo

Dejamos atrás el guepardo y nos vamos hacia nuestro siguiente punto. A lo lejos, vemos varios coches al lado de un árbol. Esto solo puede significar en África dos cosas: que están haciendo un descanso, tomando el picnic, o un café bajo la sombra del árbol o que ahí hay algo importante. No era hora de picnic ni de café así que, como una flecha nos dirigimos hacia aquella posición. Y efectivamente, lo que vimos fue algo GRANDE.

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Un gran árbol, solitario, en medio de toda aquellas extensión de terreno llano y sin más vegetación que la hierba seca. Entre sus ramas, un leopardo da buena cuenta de un pumba, un facóquero.

Los leopardos tienen la costumbre de cazar y subir a sus presas a los árboles, de forma que tienen para comer varios días y es una forma de controlar que otros depredadores o carroñeros no se las lleven. Según Said, los leopardos son muy territoriales, y no cree que haya ningún otro cerca que se le ocurra subir al árbol a por la caza de otro. Por lo que le pueda esperar si lo hace. Así que la caza suele estar a buen recaudo ahí donde la dejan.

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Cuando llegamos estaba comiendo. Que dura es la naturaleza. Que raro se hace ver estas situaciones, pero no hay que olvidar que la naturaleza es así, que es el ciclo de la vida, y que esto es lo más natural del mundo. Aún así, no hay que engañarse, que es más placentero verles descansando que verles comiendo.

No tardó en dejar la presa sobre el árbol y cambiarse de posición. Buscó una cómoda rama donde dormir la siesta y reposar la comida.

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¿Os podéis imaginar cómo estábamos dentro del coche? Para la mayoría era la primera vez que veían un leopardo. Para Carmen, que aunque lo había visto en Muchison falls, en Uganda, verlo así tan de cerca era todo un lujo inesperado. Porque sí, nos fuimos cambiando de posición y llegó el momento en el que lo teníamos justo encima. El grupo no se lo podía creer. Un animal así, tan bonito, tan elegante, tan increíble, y tenerle tan tan cerca el primer día que pisamos Seronera, era simplemente mágico. Dentro del coche no se escuchaba ni respirar.

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¿Qué nos depararía el parque el día que lo tuviésemos completo? Estábamos ya desenado comenzar un nuevo día en Serengeti Central.

Atardecer en Seronera

Dejamos atrás aquel árbol que tanto nos había dado, dejamos descansar tranquilamente al leopardo, y pusimos rumbo a nuestro alojamiento para las dos siguientes noches en Seronera. En el camino el sol bajaba, el atardecer llegaba. Llevábamos muchas horas levantados pero con la excitación del día, el cansancio era lo que menos se notaba.

Noche en Tortilis Camp (Seronera)

Escogimos para estas dos noches el Tortilis Camp. Un campamento compuesto por unas 14 espaciosas carpas, ideal para el alojamiento de familias. Su ubicación privilegiada le hace estar en el camino de paso de leones que van a beber al río. Lo pudimos comprobar con casi todos los clientes que tuvimos alojados aquí, y lo comprobamos nosotros mismos. No tengo buenas fotos del interior de las tiendas porque siempre llegábamos de noche o salíamos al amanecer, pero os puedo decir que el sitio es mágico e inolvidable.

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Por no hablaros del personal que es encantador. Te reciben ya con una sonrisa y lo primero de todo y antes de llevarte a tu tienda, te explican dónde estás. Algo que es muy importante porque sobre todo, no puedes salir de la tienda, de noche, si vas acompañado. Tampoco hay motivo, salvo cuando vas a cenar, regresas a a la tienda después de cenar, o por la mañana si te levantas de madrugada para empezar tu safari. En esos casos, tienes a tu disposición un walkie talkie con el que poder pedir asistencia.

Y sí, íbamos a comprobar, no mucho tiempo después de llegar el porqué.

Las tiendas están equipadas con todo lo que puedas necesitar, así que tampoco hay motivo para salir. Luz, agua, baño… no podemos pedir más. Además, en esta ocasión las duchas llevan agua corriente, así que tampoco dependemos de nadie para que nos llenen el cubo y poder ducharnos. Podemos hacerlo cuando queramos.

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Salimos a cenar y, ¡Sorpresa! Nos avisan porque en ese momento estaban pasando una pareja de leones. No es de extrañar que durante todo el tiempo veamos personal del lodge, constantemente enfocando sus linternas contra el negro de la noche. Así es como de repente, ven brillar sus ojos, y es como conseguimos ser conscientes de dónde estábamos. Si todavía no lo teníamos claro.

Cuando nos reencontramos con nuestros compañeros antes de cenar, tomando una cerveza, se sorprendieron con el alojamiento tan bonito que teníamos en Seronera. Cuando en Serengeti Mara nos hicieron un up grade a un alojamiento superior les dijimos que no se acostumbrasen a este tipo de lodges, que el resto eran peor. Así que cuando se vieron aquí el comentario fue unánime: Les encantaba el lodge y les gustaba más que el Under Canvas de Serengeti Mara. Nosotros muy contentos con esto, claro está.

Haciendo balance de nuestro primer día en Seronera

Durante la cena, muy buena cena por cierto, volvemos a hacer balance del día y vuelvan a resonar los aplausos a Said. Somos conscientes de que sin un guía como él, la experiencia del safari no hubiese sido igual. Y somos conscientes nosotros que llevamos ya unos cuantos safaris sobre la espalda, y los son también quienes es la primera vez que realizan un safari en África. Algo muy bueno está haciendo este chico por nosotros, y no podemos hacer otra cosa, que agradecérselo.

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El balance del día nos deja en nuestra libreta viajera: 9 leones, 1 guepardo y un leopardo ¿Se puede pedir más para nuestra tarde de safari en Seronera? Pues nosotros al menos, estábamos saltando de alegría. En total llevábamos: 12 leones ya, y eso para quien como Carmen, tenía una gran ilusión por ver un león de cerca, era algo tan increíble, como cierto.

Tras la cena y para celebrar el gran viaje que estábamos viviendo, nos vamos a tomar unos gintonic y tras estos, nos vamos a dormir porque el despertador suena a las 6 de la mañana.

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