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Día 5
Diario Norte de Tanzania en 15 días

El Lago Natrón, a los pies del Ol Doinyo Lengai

Es casi contradictorio hablar de la gran vida que hay en el entorno del lago Natrón, a la vez que hablamos de lo inhóspito de este paraje. Y es que una cosa puede no tener que ver con la otra. Nos vamos al Lago Natrón para comprobar, con nuestros propios ojos, que de cierto hay en todo esto.

¿Porqué visitar el Lago Natrón?

Cuando preparé esta Gran Ruta Norte de Tanzania tenía claro que uno de esos sitios que no podían faltar era el Lago Natrón. Si este viaje no lo hubiésemos hecho con más gente, con gente como tu, que nos lees, es posible que esta ruta fuese un poco distinta (o no) pero tenía claro que lo que yo quería hacer era visitar el Lago Natrón.

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Así que la razón de haber metido el Lago Natrón en el itinerario no era otra que un interés personal por visitar, no sólo el Lago Natrón en sí, si no los vestigios de los primeros homínidos.

Es normal que cuando comienza un viaje, el guía nos pregunte cuales son las expectativas que llevamos o qué queremos ver, qué esperamos ver… y ellos en la medida de lo posible, harán que tus sueños se cumplan. Le había comentado a nuestro guía Said, entre risas, que este era nuestro segundo safari en Tanzania y que no me podía ir del país sin ver 3 cosas: Las huellas de los homínidos en el Lago Natrón, el Lago Natrón de color rojo y un león subido a un árbol.

2 de las 3 expectativas del viaje se centraban en esta zona. Ya os puedo adelantar que una de ellas no se cumplió. Dicen que siempre hay que dejar algo para poder regresar. Yo lo hice.

Viaja con nosotros

Este viaje «Gran Ruta Norte de Tanzania» se desarrolló tal y como lo estáis leyendo durante el mes de Septiembre del año 2021, en uno de los viajes que realizamos bajo el concepto «Viaja con nosotros». Desde hace años ofrecemos la posibilidad a nuestros lectores, seguidores de redes sociales y clientes de la agencia de viajes a acompañarnos. Y este fue nuestro tercer «Viaje con vosotros».

Si quieres realizar un viaje similar o parecido a este, consulta las fechas de salida regular o si lo prefieres, pídenos un presupuesto para un viaje en privado a un país que estoy segura que te sorprenderá. Info@viajescallejeandoporelmundo.com

De Karatu al Lago Natrón

Eran las 7:00 de la mañana de un día 5 de septiembre, cuando llegamos al restaurante del hotel Marera Valley. Tocaba desayunar en media hora, meter todo el equipaje en el coche y recorrer los más de 130 kilómetros que separan nuestro alojamiento en Karatu del Lago Natrón.

Nos esperaban con suerte unas 3 horas de viaje, pero por si la cosa se alargaba, íbamos provistos de nuestra comida tipo pic nic. Si nos retrasábamos por la razón que fuese, buscaríamos un buen lugar donde comer. Porque en África nunca sabes qué te puede deparar el camino, y lo que son 3 horas pueden convertirse en 6.

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Nuestro alojamiento en Karatu se encuentra muy cerca del Cráter del Ngorongoro, motivo por el que volveríamos a alojarnos en él. Así que no nos despedíamos, solo les dijimos «hasta pronto». En unos días estaríamos de vuelta. Este alojamiento se encuentra fuera del Valle del Rift, así que para continuar nuestro camino hacia el Lago Natrón, tendríamos que descender la ladera y continuar por la carretera que hay en la profundidad del Valle del Rift.

En la bajada no solo teníamos unas bonitas vistas del amanecer sobre el Lago Manyara, sino que muchos babuinos nos cortaban el paso. Estas son las cosas que pasan aquí y por las que nunca sabes cuanto puede durar un trayecto.

El Gran Valle del Rift africano

«Rift» traducido al español viene a ser algo así como «grieta» o «fisura», así que nos encontramos ante la Gran Grieta de África. Una gran fisura que se ha empezado a crear hace más de 30 millones de años y que a día de hoy sigue creciendo, tanto a lo largo como a lo ancho.

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El Gran Valle del Rift recorre más de 5000 kilómetros, desde el Mar Rojo al Norte, hasta el Mozambique al sur. Entre medias, nos deja lugares sorprendentes entre lagos, montañas y volcanes. Por ejemplo el Lago Nakuru en Kenia, Las montañas de luna y los lagos Alberto, Edward y George en Uganda, las montañas de Virunga (del que forma parte la Selva impenetrable de Bwindi) o el lago Manyara, el monte Kilimanjaro (techo de África), el Lago Eyasi y el Lago Natrón junto con el volcán activo Ol Doinyo Lengai en Tanzania.

El Valle del Rift se forma como consecuencia de la separación de dos placas tectónicas, la Africana y la Somalí, y se estima que en unos 50.000 años, todo el Valle del Rift sea un gran mar como ahora lo es el Mar Rojo. Y parte del que hoy es Somalia, Kenia y Tanzania, pasen a ser una gran isla, como lo es Madagascar.

La separación de estas dos placas ha dado lugar a algunos de los lagos más profundos y antiguos del mundo (lago Tanganika, Malawi o el lago Victoria por poner algunos ejemplos); a lagos salados (como el Nakuru o el Natrón); lagos de agua dulce (como el Malawi, el Eyasi,…); volcanes hoy en día inactivos como el Ngorongoro o el Kilimanjaro o activos como el Ol Doinyo Lengai.

El Valle del Rift, la escarpada grieta, ha conseguido enmarcar uno de los territorios más increíbles del planeta, donde conviven miles de animales y donde quizá nuestra especie haya nacido como tal.

Las imágenes del Valle del Rift hacia el Lago Natrón.

Tras descender al fondo del Valle del Rift, dejamos atrás la entrada al Parque Nacional del Lago Manyara, al que regresaríamos en unos días, y atravesamos el pueblo Mto wa Mbu. Se aprecia como este pueblo, el último de este estilo que veríamos en el día de hoy, ha crecido muchísimo gracias al turismo de safari. Y es que la mayoría de lo que podemos ver está destinado a esta actividad.

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Dejamos atrás Mto wa Mbu y tomamos una carretera en peores condiciones que iría empeorando según nos vamos al norte. Entramos en lo que es la tierra Masai y no hay lugar a dudas de que lo que piensa la mayoría de la gente cuando empieza un viaje así, aquí se desdice. Y es que no fui la única que creí que las tribus masai hacía tiempo que solo existían para los turistas. Aquí, en el África profunda, alejada del turismo de masas, encontramos poblados masai que siguen viviendo del pastoreo.

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Esto es algo que llama profundamente la atención. Cómo viven, como te los encuentras por los caminos y carreteras, cómo salen a saludarte, cómo son sus «manyatas» (el poblado)… y ni que decir tiene que todo el mundo dentro del coche, iba pensando lo mismo. La realidad es la que estamos percibiendo, y los masai existen más allá de los montajes para el turismo.

Y es que para mi esto es una de las esencias del viaje. Siempre lo digo y nunca me cansaré de repetirlo. Los trayectos en coche entre lugares, no deja de ser uno más de los atractivos de un viaje por África. La vida a lo largo de los caminos es algo sorprendente y la mejor forma de observar y conocer la verdadera forma de vida de la población tanzana.

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Y si, puede que en el camino te tropieces con una manada de vacas, o de cabras, o un rebaño que un masai va a hacer cruzar, o unos niños que salen a tu encuentro, unos amigablemente y si, otros te tiran piedras al pasar. Todo sorprende y ni que decir tiene que viajar abre la mente y te hace más tolerante. Sobre todo porque ves la forma de vida que tienen otros, y que no tiene porqué ser mejor ni peor que la tuya, tan solo es, distinta.

Tierra de Volcanes. Shimo la Mungu

Según nos íbamos acercando más y más a la frontera de Kenia, se hacía evidente que estábamos en tierra de volcanes. Habíamos dejado atrás los bosques del Lago Manyara y teníamos ante nosotros una imagen mucho más lunar. Estábamos en terreno de erupciones volcánicas y eso, como por ejemplo en Lanzarote, es algo que se ve, se siente y se palma.

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Un grupo que son todo risas

Ya en la distancia se va apreciando la mole del Ol Doinyo Lengai, el único volcán activo de Tanzania. Con sus casi 3000 metros de altitud, este volcán destaca en un terreno en el que no es complicado visualizar algo así. La falta de contaminación en la zona, así como la tierra llana del fondo del Valle del Rift, hace que cualquier volcán se perciba a muchos kilómetros. Y más algo tan imponente como el Ol Doinyo Lengai.

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Habíamos llegado antes de lo previsto, así que tuvimos tiempo para hacer una primera parada. Nuestro guía Said se sale de la carretera que va hacia el Norte y nos sorprende con algo que no estaba en nuestro planning. Hacemos la primera parada en el mirador de Shino La Mungu.

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Rubén y Luis, al borde del cráter

Cuenta la leyenda Masai, que en el Ol Doinyo Lengai («Montaña del Dios»), es donde su Dios está refugiado, motivo por el cual la montaña se ha convertido en el símbolo sagrado de los Masái. Aquí acuden desde distintas zonas de Tanzania y Kenia para hacer ofrendas, pedir lluvias o cambios en su vida. La leyenda dice, que cuando el Dios subió a la montaña, dejó una huella en el camino, y esa huella es el cráter del volcán donde nos encontramos en este momento: «Shimo la Mungu».

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Desde Shimo la Mungu, tenemos la primera imagen espectacular del Ol Doinyo Lengai. El contraste entre lo árido del terreno, la variedad de colores, la sequedad, la falta de vegetación y los masái, es tremendamente fotogénica.

El grupo se encontraba impactado. Desde luego no nos esperábamos, ninguno, un lugar así en Tanzania. Quizá estamos tan acostumbrados a los documentales sobre África, que casi siempre tenemos en mente que África es seca, no llueve, no hay verde, sólo grandes extensiones de sabana y animales por todos los lados. Y es difícil imaginar que lugares así existan, a tan solo 100 kilómetros de Arusha.

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Tras nuestra parada para estirar las piernas, contemplar el paisaje lunar con el Ol Doinyo Lengai al fondo, y experimentar lo que es un lugar volcánico en África, nos ponemos de nuevo en marcha, rumbo a nuestra siguiente parada. Nos vamos al que será nuestro alojamiento la siguiente noche. El Maasai Giraffe Eco Lodge.

Maasai Giraffe Eco Lodge, a los pies del Lago Natrón.

Por su nombre nos podremos dar cuenta de varias cosas, aunque en ese momento todavía no lo sabíamos. Qué pertenece a los masáis, está regentado por un grupo de ellos. Que está rodeado de jirafas, aunque no tan cerca este día como nos hubiese gustado. Y que es un Eco Lodge, es decir, la electricidad es solar, se respeta el medio ambiente, los productos de limpieza en el baño son en tamaño estándar y no individual…

Es por ello, que no se nos permitía por ejemplo, cargar la cámara o el móvil en las habitaciones. Sólo se podía hacer en la zona de recepción o en el restaurante, y tan solo hasta las 10 de la noche.

Otro lugar que sin duda llama muchísimo más la atención cuando estás allí que viendo fotos. Y me vuelvo a repetir. La mayoría de los alojamientos que hemos usado tanto en este viaje como en el de Uganda, llaman la atención en destino, porque las fotos que se pueden ver en sus páginas web no reflejan el encanto de cada uno de ellos. El Massai Giraffe me pareció maravilloso. No solo porque las casitas donde nos alojamos (con 3 habitaciones independientes) están muy bien decoradas, sino porque el entorno en el que nos encontramos es totalmente asombroso.

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La recepción es un círculo en medio del terreno del lodge, techado con paja, donde nos reciben un grupo de Massai con un zumo fresco. A estas horas se agradece enormemente. El sol es intenso, y después de salir con temperatura baja de Karatu, la diferencia de temperatura con respecto a esta zona, es muy alta, y llamativa.

Nos dan las indicaciones sobre el funcionamiento del Lodge y nos vamos a hacer uso de las habitaciones, quedando para comer una media hora después. Vamos a comer el pic nic que no habíamos usado, y lo vamos a hacer en el restaurante del hotel. Lo que me llamó mucho la atención de este lodge, es que era un poco como «estar en casa», por lo que no nos pareció raro que fuésemos a comer el picnic, en el restaurante.

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El que el concepto de todo el lodge fuese abierto, sin paredes en los edificios principales, hacía que te sintieses cómodo y campases a tus anchas. Tenía una pequeña piscina, pero poco apetecible en aquellos momentos para el baño.

Tras el almuerzo, nos viene a recoger el que será nuestro guía masái para hoy y para mañana. Su nombre: Sunya.

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Ana en la terraza de su habitación

Engare Sero, la Tanzania que no te esperas

Tras las presentaciones pertinentes con nuestro guía Sunya, cogemos el coche y nos dirigimos a una zona, que a estas horas no sabíamos ni dónde, ni a dónde, ni a qué. Ya estábamos en el plan de dejarnos sorprender. Lo que sí nos habían dicho es que llevásemos bañador o bikini, ropa que se pudiese mojar, y en los pies… pues lo mismo, algo que no nos importase que se mojase. Yo opté por unas zapatillas y el resto por lo que pudo. Si lo hubiésemos sabido llevaríamos unos escarpines. Pero esto de dejarse sorprender a veces tiene consecuencias.

En cuanto a nuestros dos guías, Sunya y Said, no le dieron importancia. Ellos lo hacen todo descalzos y descalzos fue como optamos la mayoría por hacerlo.

Y ¿El qué? os estaréis preguntando. Tras un trayecto de unos 20 minutos, Said detiene el coche. Hemos llegado al inicio de la ruta que discurre a lo largo de un pequeño río y que nos llevará hasta las cascadas de Engare Sero.

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Ana y Sunya

Engare Sero Falls. Treking a pies descalzos.

Creo que a estas alturas del viaje y tan sólo llevábamos un día y medio con Said, tenía claro que este grupo, era uno de los más divertidos que había tenido en años. La piña que hicimos en tan poco tiempo se hacía notar, y era percibido por el que con los días se iba a convertir en un amigo, en alguien muy especial para nosotros, pero que con tan solo un día ya era uno más del grupo.

Y sí, él también participaba en todas las actividades y lo disfrutaba como el que más. Que un guía disfrute de lo que hace, que no lo vea como un trabajo sino que se sienta integrado en el grupo, que sienta el viaje como «el suyo», hace que ya de mano dé la sensación de que va a ser un viaje excepcional. Si él disfruta, nosotros lo haremos. Sin duda.

Empezamos la ruta a la 13:30 p.m. Al frente, nuestro capitán y guía, Sunya. No tardamos nada en llegar a lo que sería ya lo habitual en el resto del camino. El primer cruce del río. La ruta trascurre por una garganta, donde podemos ver asombrosas formaciones rocosas. Pero no hay camino. Como dice el poema «se hace camino al andar». Así que cuando Sunya nos dijo que teníamos que atravesar el río, la sorpresa fue máxima.

Estaba claro que este viaje sería toda una aventura y hoy lo íbamos a comprobar. «¿Cruzar el río? ¿Por dónde?». La mayoría de las veces no se veía un camino al otro lado, ni se veía tan siquiera donde podíamos poner el pie. Pero estábamos ahí para esto, para dejarnos sorprender. ¿Qué nos depararía la ruta? Pues por el momento muchas sensaciones nuevas y sobre todo, muchísimas risas.

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Nos quitamos las botas, zapatillas, sandalias… lo que cada uno llevaba y empezamos a cruzar. El agua fría que baja de los volcanes se hacía notar, pero se agradecía mucho. No estaba tan fría como a primeras, y más viniendo de Asturias, nos podía parecer.

Una hora tardamos en llegar al final de ruta. Una hora que pese a lo que pueda parecer se hizo corta. Algo así, inesperado como esto, para un grupo como el que llevábamos, os podéis imaginar que fue de lo más cómico, de lo más divertido y de lo más auténtico que pudimos haber hecho.

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Y al final de la ruta, lo mejor, la cascada. Y nada de lo que podáis ver en las fotos puede ni siquiera asemejarse a lo que hay aquí. Porque tras la primera cascada que se ve, cuando te bañas, visualizas todo lo que hay detrás. Pero eso lo vamos a dejar para qué quien vaya, se sorprenda, como lo hicimos nosotros.

Un susto en el camino de vuelta

Y es que actividades como estas, en una zona como esta puede traer problemas. En el camino de vuelta, un resbalón de Carmen, pudo haberle costado el viaje. Es cierto que es en estos momentos, como cuando tuve mi accidente en Botswana, cuando te alegras de llevar un buen seguro de viajes.

Y pese a que el resto del grupo pensaron que la caída había sido como para haberse roto la cadera, lo cierto es que ella no lo vio o vivió igual, ya que incluso a día de hoy dice que no fue para tanto. Un rasguño en una pierna y en un brazo, pero un buen susto para todos, fue lo que tan solo sacamos de aquella mala pata.

Las jirafas del Lago Natrón

Dimos por terminada nuestra ruta a las 4 de la tarde. Dos horas y media después de haberla comenzado. Tocaba seguir el camino, y despedir el día a los pies del Lago Natrón.

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En el camino hacia el Lago otra sorpresa nos esperaba. Os puedo asegurar que jamás de los jamases me hubiese imagina ver animales en esta zona. Y es que siempre lo decimos, que los animales en África no están en un zoo. Se encuentran en libertad y por tanto pueden moverse allá a donde quieran. No hay vayas, no hay parques cerrados. El que unos animales se encuentren dentro de lo que es un parque nacional y no salgan frecuentemente es porque lo que hay fuera es menos llamativo y más peligroso que quedarse dentro de los límites del parque.

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Así que no nos esperábamos para nada que la bienvenida al Lago Natrón, nos la volviese a dar, como había hecho el día anterior en Tarangire, una jirafa. Bueno, una no, una familia de jirafas, que nos hicieron un bonito regalo de bienvenida, colándose así de bien, para poder sacar una bonita foto al atardecer, con el Ol Doinyo Lengai al fondo.

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Os podéis imaginar la excitación que había dentro del coche. Que algo así suceda en un lugar donde no esperabas ver animales, es algo que no se paga con dinero.

Nuestro guía pidió permiso para acercarse un poco más. Tened en cuenta que aquí estamos en terreno Masái y qué tan solo ellos tienen la potestad de decir qué puedes hacer y qué no. Y Sunya, que ya nos veía como un grupo especial, con tanta risa, no dudó en decir que sí. Nos podemos acercar. Así lo hicimos y pudimos entonces sacar las mejores fotos que nos brindó el día, del Ol Donyo Lengai.

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Yo solo podía pensar en que algo así era lo que buscaba cuando decidimos hacer dos noches en el Parque Nacional Amboseli, en Kenia, pero con el Kilimanjaro al fondo. Sin embargo, en aquella ocasión, no se despejó.

Huellas de Homínidos en el Lago Natrón

El coche se detiene en un terreno árido, sin nada que a simple vista pudiese llamar la atención, salvo porque desde cualquier lugar, se visualiza el volcán. Pero yo sí supe a qué se debía la parada, y pese a que tampoco me lo imagina así, sabía qué es lo que tenía delante de mis ojos.

Huella en primer plano, al fondo, el Ol Doinyo Lengai

Cuando llegamos a esta zona, Said sabía perfectamente que uno de los motivos de venir hasta aquí era ver huellas de homínidos, las únicas que se encuentran así en Tanzania. Poco antes de salir hacia la cascada de Engare Sero, me había comentado que no era seguro que lo pudiésemos ver. En aquel momento me lo creí y más cuando nos contaron que esta zona se inunda fácilmente si llueve, que para que se puedan ver tienen que estar constantemente limpiando porque se llena de arena y polvo... y por tanto me pareció lógico que, si no estaba limpio, o si no estaba a la vista, no lo pudiese ver.

Hoy en día, después de lo que ya nos conocemos, creo que Said me estaba «tomando el pelo» y que realmente me decía esto para que pensase que no lo iba a ver, cuando en realidad sabía que sí lo haría.

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Así que, cuando vi un pequeño cercado, en medio de aquel descampado, me di cuenta que habíamos llegado al punto donde se encuentran las huellas de homínidos descubiertas hace muy pocos años.

Las huellas de homo sapiens que se encuentran en Engare Sero, a los pies del Lago Natrón y frente al volcán Ol Doinyo Lengai, son las más abundantes y mejores conservadas de todo África.

Origen del yacimiento de huellas de homo sapiens en Engare Sero

Más de 400 pisadas de hombres, mujeres y niños, además de cebras, ovejas… es lo que ha descubierto, en el año 2006, un lugareño masái, Kongo Sakkae, mientras pastaba con sus vacas.

Las huellas han permanecido inalteradas durante miles de años debido a que éstas se encuentran marcadas sobre el lodo volcánico de una de las erupciones del Ol Doinyo Lengai. El tema que se ha planteado tras esto es ¿Cómo han podido pasar por encima de la lava sin abrasarse los pies?

Puesto que los humanos modernos (Homo sapiens) han estado presentes en África desde hace unos 200.000 años, Engare Sero representa el yacimiento de huellas de Homo sapiens anatómicamente modernos más abundante y mejor conservado que se conoce hasta ahora en África»

Cynthia Liutkus-Pierce, de la Universidad Estatal de los Apalaches (Estados Unidos).

La datación del yacimiento ha sido bastante complejo y por ahora sólo se ha determinado que el rango va desde hace 5000 a 19100 años, a finales del Pleistoceno. Mucho más no se ha podido acotar, por el momento, aunque cuanto más analizan, más datos sacan. Lo que si tienen claros los investigadores es que pertenecen al «homo sapiens» y a un grupo amplio en distintas actitudes y poses, entre ellas lo más frecuente es el paso acelerado.

El origen de la humanidad es de un gran interés para mí: de dónde venimos y por qué somos lo que somos. Fue realmente emocionante ver nuestra propia historia ahí. La primera vez que las vi recuerdo que salí del vehículo y se me caían las lágrimas»

Cynthia Liutkus-Pierce, de la Universidad Estatal de los Apalaches (Estados Unidos).

Todavía a día de hoy se sigue investigando y la zona llama la atención de muchos investigadores. Según nos cuenta nuestro guía Sunya, hace menos de un año, estuvo guiando en la zona a otro grupo de investigadores, así que todo lo que se sabe de esta zona, aún está inconcluso.

Y es cierto lo que dicen que no te puedes resistir a la tentación, cuando te encuentras aquí, de poner tu pie junto al suyo.

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El porqué se cree que estas huellas están marcadas en el lodo volcánico, y cómo han podido resistir las altas temperaturas, es que se cree que el lodo estaba sumergido bajo agua, lo que hizo que la temperatura superior no fuese tan alta y pudiesen pasar corriendo sobre él. Pero todo esto, por ahora, son sólo especulaciones.

Otros yacimientos de huellas en el mundo

  • Willandra Lakes (Australia). 700 huellas fósiles datadas hace unos 20.000 años.
  • Costa de Sudáfrica. 2 yacimientos con huellas de Homo sapiens con unos 120.000 años de antigüedad.
  • Laetoli (Tanzania), a unos 120 kilómetros al suroeste de donde nos encontramos. 3,6 millones de años y pertenecen al Australopithecus afarensis.
  • Engare Sero tiene una gran importancia por la abundancia y diversidad de huellas, y ofrecen una foto de un momento concreto de la historia de África. 400 huellas datadas entre 5000 y 19000 años de antigüedad del homo sapiens.

Es un yacimiento muy complicado» «Hay un área donde hay tantas huellas, que la hemos denominado el «salón de baile», porque nunca he visto tantas huellas en un solo lugar. Es una locura».

William Harcourt-Smith, un paleoantropólogo de la City University of New York

Fuera del terreno vallado, seguimos encontrando huellas, pero estas ya de animales, que no deben considerar tan importantes porque éstas se encuentran en terreno libre y sin protección alguna. Claro que no se quien puede llegar a esta zona sin saber exactamente qué es lo que hay ahí. Porque os digo que si no los sabes, no las ves.

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Atardecer en el Lago Natrón

Tras este momento de historia de la humanidad, que me resultó de lo más interesante, ponemos rumbo al Lago Natrón.

Tendremos tiempo al día siguiente para hablar largo y tendido sobre el Lago Natrón. Hoy sólo nos acercamos a sus pies para despedir el día. Pero no puedo dejar de escribir sobre lo impresionante que es pisar pura sal según te vas acercando a los pies del lago. Aquí, en un lugar único en el mundo, con vistas al lago por delante, y al Ol Doinyo Legai por detrás, damos por concluido el día.

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Y cómo no, un día tan intenso, lleno de tantas emociones, no podía terminar de otra forma. Said nos tenía preparada una nueva sorpresa. Desplegó una mesa, sacó los vasos y brindado con vino, despedimos este increíble día en un increíble lugar.

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Noche en Maasai giraffe Eco Lodge.

Tocaba la cena. Y como cada día es el momento de hacer valoraciones. Había tanto que decir que no sabíamos ni por donde empezar. La mayoría decía haber vivido un día único, irrepetible, distinto, nada que se pudiesen imaginar que podría existir en África. Las expectativas se habían cubierto con creces. Tras la cena, otro momento que se convertiría en rutina. Said, nos iba a contar, lo que haríamos al día siguiente y nos ponía hora para levantarnos. Siempre y cuando estuviésemos de acuerdo.

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Nos propuso madrugar mucho y sin desayunar poner rumbo al Lago Natrón para poder ver el amanecer. ¿Quién iba a decir que no a esta propuesta? 5:30 de la mañana…. suena el despertador.

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