Cruzamos a Las Hébridas exteriores y recorremos el norte de la isla de Lewis.
Comenzaba la segunda parte de este viaje, un viaje que nos llevaría a recorrer, durante los siguiente seis días, las Hébridas: Lewis, Harris y la Isla de Skye.
Acabábamos de dejar atrás, otros 6 días de viaje en el que habíamos recorridos algunas de las zonas más espectaculares de las Highlands, lugares como Stirling; la Isla de Mai con con los Puffings; el Parque Nacional Cairngorms; acudimosa una destilería, Cardhu; recorrimos Inverness y el Lago Ness, y en nuestro último día habíamos llegado a Ullapool, desde Inverness, visitando, entre otras cosas el Castillo Dunrobin.

Ahora, daba comienzo otra fase de este viaje, y tras dejar atrás Ullapool, nos iríamos en ferry, a la Isla de Lewis, una de las islas que conforman las Hébridas Exteriores, donde empezaríamos una ruta que nos llevaría durante 6 días a recorrer Lewis, Harris y la isla de Skye.
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¡Feliz viaje!
El día había amanecido muy nublado, pero al menos la lluvia había cesado. El día anterior había sido un día duro de conducción, ya que se había pasado la mayor parte del tiempo lloviendo de forma intensa. Así que habíamos decidido cancelar todas las visitas que queríamos hacer este día, e irnos directamente a Ullapool, donde pasamos una tarde tranquila en el apartamento, y donde nos despertamos, esta mañana, muy temprano.
La reserva del ferry de Ullapool a Stornoway (Isla de Lewis).
Cuando empezamos a preparar este viaje hacía ya unos 10 meses, nos planteamos que este viaje debía ser lo más completo que pudiésemos y además, un viaje enfocado en naturaleza, paisajes y visitar la Escocia más tranquila. Como teníamos que viajaren el mes de Julio, un mes de alta demanda y un mes de temporada alta, tomamos la decisión de viajar hasta las Hébridas Exteriores, lo que nos parecía que sería la parte más tranquila de todo el recorrido. Y no nos equivocamos.

Cuando hicimos la reserva del apartamento en el que nos íbamos a alojar las primeras 2 noches en la Isla de Lewis, recibimos un mensaje, casi inmediato, de nuestra anfitriona. Nos decía, que no esperásemos mucho a contratar el ferry para llegar, ya que el barco que llega desde Ullapool a Stornoway no tiene una gran capacidad para coches y se llena enseguida. Así que tuvimos claro que debíamos estar pendientes para hacer la reserva lo antes posible. Hicimos la reserva a finales del mes de Enero, unos 5 meses antes de este viaje.
Este es el enlace directo a la web del ferry de Ullapool a Stornoway.
Entre otras cosas, también nos aconsejó tener un plan B, ya que puede ocurrir que este ferry, por el estado del mar, se puede cancelar. He de ser sincera y nosotros esto no lo tuvimos en cuenta. Decidimos apostar porque la suerte iba a estar de nuestro lado y nunca nos llegamos a plantear que esto pudiese ocurrir. Si ocurría, ya lo solucionaríamos sobre la marcha.

Mis mapas de Escocia
Como cada año, cuando planifico el viaje, hago un mapa de Google maps con todos los puntos interesantes que hay en la ruta. A veces incluso fuera de ruta que con el tiempo pasarán a ser «lo que me he dejado sin ver», y es para la próxima. Pues esta vez el mapa ha quedado muy muy grande, porque no solo íbamos a hacer muchos días en el país, sino que además teníamos mucho que ver/hacer, muchos restaurantes que poder probar y muchos puntos por si acaso.
El mapa está distribuido en capas y ya os digo que hay muchos puntos. La mayoría los hemos visto, pero otros muchos no. Este tipo de mapas son de muchísima utilidad tanto durante la preparación del viaje como una vez en destino.
Mi video de Escocia.
Si eres más de los que te gustan verlo que leerlo, y aunque en el video cuento menos detalles, sí que te puede servir para hacerte una idea, más visual, de cómo lo vivimos. Aquí te dejo el video que publiqué en mi canal de youtube.
Por un problema con el disco duro donde tenía la segunda parte del contenido este viaje, que corresponde con las Hébridas, no he podido editar el video de esa parte. Espero y cruzo los dedos para que se pueda recuperar y lo pueda colgar. Por el momento os dejo solo lo relativo a la primera parte del viaje.
Nos despertamos en Ullapool.
Nos despertamos, aquella mañana, en un apartamento en Ullapool, a donde habíamos llegado la tarde anterior bajo una cortina de lluvia que parecía no tener fin.
No teníamos que madrugar, por una vez en el viaje, ya que nuestro ferry salía a las 10:30 de la mañana y tendríamos que estar en el embarcadero, al menos, una hora antes.

El embarque en el ferry hacia Stornoway
Llegamos al puerto de Ullapool con tiempo de sobra, algo más de una hora antes de que saliera el ferry. El pueblo estaba tranquilo, casi vacío, y daba la sensación de que todo giraba alrededor de ese barco que conecta el continente con las Hébridas. Seguimos las señales qué indicaban donde estaba el puerto, y después hacia donde estaba el embarque con coche; están puestas de forma que simplemente avanzas y acabas donde tienes que estar. Sin pérdida, sin dudas.
Al final de la carretera apareció la explanada donde organizan a los coches antes del embarque. Un trabajador se acercó, escaneó el ticket por la ventanilla y, con un gesto rápido, nos indicó en qué fila colocarnos. No hubo muchas palabras, pero tampoco hacían falta. Cada coche se situaba donde el personal indicaba y poco a poco el parking se fue llenando.
Apagamos el motor y nos quedamos un rato dentro, viendo cómo llegaban camiones enormes, furgonetas, motos y coches como el nuestro. Parecía increíble que todos nosotros pudiésemos entrar dentro de este ferry.

Esperamos pacientemente hasta que empezó el embarque: los trabajadores se movieron a sus puestos y las filas de automóviles comenzaron a avanzar una detrás de otra. Metimos primera y seguimos al de delante. No había duda posible. Dentro, otro miembro del personal nos indicó dónde aparcar. Lo hicimos, apagamos el motor y dejamos el coche allí. Nos llevamos, con nosotros, solo aquello que era imprescindible para la travesía: las mochilas y las cosas de más valor.
La travesía entre Ullapool y Stornoway

Subimos a la cubierta superior y buscamos un sitio donde dejar las mochilas. Encontramos unos asientos en la parte delantera, justo detrás de los ventanales enormes desde los que se veía todo el recorrido. Era un buen lugar para pasar la travesía. Antes de sentarnos del todo, salimos un momento a cubierta para ver cómo el ferry se alejaba de Ullapool. El viento nos golpeó de lleno, frío y constante, y nos quedamos solo el tiempo justo para ver cómo el pueblo se hacía pequeño.

Volvimos dentro buscando calor. En la cafetería pedimos dos cafés y dos chocolates. No fue por capricho: después de estar fuera, lo necesitábamos. Con las manos calientes y las mochilas a nuestros pies, nos quedamos mirando por los ventanales cómo el barco avanzaba. El mar estaba tranquilo, y el cielo cambiaba cada pocos minutos, pero sin llegar a complicarse.

Cruzábamos los dedos para que estos días el tiempo mejorase y nos diese una tregua. A veces hablábamos, otras veces simplemente observábamos. Aparecieron los delfines, y fue el único momento en que las pulsaciones dentro del barco subieron, ya que hasta ese momento reinaba el silencio.

La travesía pasó casi sin darnos cuenta. Cuando empezaron a verse las primeras casas de Stornoway, estábamos emocionados. No nos podíamos creer que ya estuviésemos casi ahí, donde meses atrás habíamos soñado y donde nos parecía increíble haber podido llegar. Nos parecía todo tan bonito desde el barco, tan verde, tan montañoso, tan vibrante, que no podíamos esperar a poder poner un pie en esas tierras.

Del desembarco en Stornoway
Recogimos las cosas y bajamos a la bodega. El desembarco fue tan rápido como el embarque. Arrancamos el coche, seguimos la fila y, en cuanto se abrieron las puertas, avanzamos despacio hacia la salida. No teníamos ni idea de qué hacer así que simplemente seguimos a los demás y cruzamos los dedos para que la cobertura móvil nos permitiese poner rumbo hacia algún lado. Por el momento la cosa no pintaba bien, así que nos limitamos a seguir a la mayoría.

Cuando por fin tuvimos cobertura, decidimos ir al primero de los puntos de visita. Un restaurante donde comer.
La travesía en ferry desde Ullapool hasta Stornoway dura unas tres horas, más o menos, con el tiempo de desembarco incluido. Eran las 13:30 de la tarde, así que lo primero era comer. El desayuno quedaba ya muy lejos.
Buscando restaurante para comer en Stornoway
Habíamos visto una cafetería que nos quedaba bastante en línea con el trayecto que teníamos que seguir hacia el norte de la isla, pero cuando llegamos estaba todo completo. No queríamos irnos de Stornoway sin comer algo ya que en estas islas escasean los restaurantes donde poder comer.
Dimos un vistazo rápido a Google Maps buscando opciones, pero no encontramos nada que nos encajase, pero si vimos que justo en la parte norte de la isla había un restaurante, y decimos seguir el camino hacia allí. Eso sí, cruzamos los dedos para que, por un lado estuviese abierto, que todo indicaba que sí. Por otro lado para que no estuviese completo, y pudiésemos comer algo, porque si no lo hacíamos allí ya no había más opciones hasta llegar a nuestro apartamento por la tarde-noche.

Comiendo en The Breakwater en Port of Ness (Isla de Lewis)
Por suerte, cuando llegamos, después de recorrer hacia el norte parte de la isla, encontramos una mesa libre para comer. Tras mirar el menú con detenimiento yo acabé por probar unas salchichas como rebozadas, una cosa extraña, y como extra me pedí otra por 2 libras más. Sí, llegué con hambre hasta Port of Ness y creo que el hambre me pudo, porque finalmente no me las terminé. Y como aquí nada se tira, se la terminó mi hermano. Mi hermano y Rubén se comieron una hamburguesa con patatas que tenía muy buena pinta, y Paula un Sándwich.

Comimos muy bien y nada caro, aún más sabiendo donde estábamos, en Escocia y en un recóndito pueblo de una isla alejada donde todo debe llegar por barco o aire.
Port of Ness, su puerto y su playa.
Cuando terminamos de comer salimos a inspeccionar el paisaje. Estábamos al Norte de la Isla de Lewis, en un pueblo llamado Port of Ness, que como su nombre indica tiene un puerto, pero también una increíble playa. Ya sabíamos que una de las bellezas más increíbles de estas islas son sus playas.

No me atrevo a decir que es una lástima que el buen tiempo no acompañe la mayoría de las veces, porque estoy segura que si el tiempo no fuese así, típico escocés, estas playas estarían abarrotadas de gente y estas islas serían más estilo «Caribe Todo Incluido». Así que dejemos las playas, los pueblos, sus gentes y su entorno, tal y como está, con su clima lluvioso y frío.

Además, La Isla de Lewis nos había recibido sin lluvia, pero con un viento helador, con lo que no podíamos estar demasiado tiempo parados. Así que tras unos paseos por la zona del puerto y un rato contemplando la playa, decidimos regresar al coche y continuar el viaje, un poco más al norte.
Faro Butt of Lewis
Llegamos al Butt of Lewis todavía con el cuerpo frío después de haber estado un rato en la playa de Port of Ness, pero sin imaginar lo que nos esperaba allí arriba.Íbamos los cuatro en el coche, avanzando por esa carretera estrecha que parece no llevar a ningún sitio hasta que, de repente, aparece el faro al fondo. Precioso, la verdad. Ya desde dentro del coche se veía cómo el viento movía la hierba a lo loco, así que sabíamos que no iba a ser un paseo largo.

Aparcamos cerca del acantilado y, en cuanto abrimos las puertas, el viento nos golpeó de lleno. No era solo era por el viento: era ese tipo de frío que te atraviesa la ropa y te hace encogerte. Caminamos hacia el faro casi en fila, por instinto no porque lo hubiésemos pensado, intentando mantener el equilibrio mientras el aire nos empujaba de lado.
Estuvimos un rato, pero no mucho. Lo justo para mirar alrededor, hacer alguna foto rápida y sentir que habíamos llegado al punto más al norte de la isla. Intentamos volar el dron, lo hicimos, pero nos daba miedo porque el viento, a veces, era demasiado intenso. No había forma de quedarse más tiempo: el viento hacía que hablar fuera complicado y el frío se metía por todas partes. Nos miramos, medio riéndonos de lo incómodo que era todo, y volvimos al coche casi al mismo ritmo con el que habíamos salido.

Al cerrar las puertas, el silencio dentro del coche pareció otro mundo. Nos quedamos un momento quietos, recuperando el calor y la sensación en las manos.
Hicimos una pequeña parada en Port Stoth, una pequeñita playa del norte de Lewis, antes de continuar por la única carretera que lleva al Norte, pero esta vez, dirección sur. Y directamente nos fuimos a hacer uso de nuestra casa en la isla de Lewis, porque el día no acompañaba y además empezaba a caer el sol, rápidamente, con lo cual el frío era cada vez más intenso.



Steinacleit: una colina, unas piedras y un rebaño de vacas
Steinacleit es una pequeña elevación en la zona de Shader, cerca de Barvas, donde se conservan los restos de lo que se interpreta como un asentamiento o un monumento funerario de la Edad del Bronce. Cuando uno está al lado de ellas puede pensar más en que es un montón de piedras que de algo tan antiguo. Y es que nos llamaba mucho la atención que alguien hubiese podido encontrar esto e interpretar lo que es. A vista de pájaro la cosa cambia, lo que se ve son piedras dispuestas en círculo pero desde el terreno es difícil ver algo más allá que una colina con piedras.
Dejamos el coche aparcado en un lugar habilitado para ello, justo al lado de la zona de acceso al camino que lleva hasta los restos. Paula decidió quedarse en el coche mientras nosotros subíamos la colina, ya que el día era ventoso y frío, y apetecía poco pasear. Desde arriba, el paisaje abierto y la línea del mar al fondo daban una sensación de aislamiento muy particular. Aprovechamos para volar el dron y obtener una vista aérea del conjunto de piedras, que desde arriba se entiende mucho mejor.

Mientras revisábamos la pantalla del dron, algo llamó nuestra atención: el coche donde habíamos dejado a Paula estaba rodeado de vacas. No eran pocas. Parecía que el vehículo se había plantado justo en medio del camino habitual del rebaño, y las vacas dudaban si seguir avanzando o esperar a que aquel obstáculo desapareciera. A unos metros vimos también al pastor —o la persona que se encarga del ganado, porque no sabemos si “pastor” es la palabra exacta en este contexto o más bien sería «vaquero»— observando la escena con calma escocesa.
En ese momento decidimos que quizá era buena idea bajar. No tanto por las vacas, que parecían más confundidas que molestas, sino por la perspectiva de tener que explicar en inglés, con viento en la cara y un escocés delante, por qué habíamos dejado el coche justo donde no tocaba (o no sabíamos si se podía o no. Parecía que si, pero la cuestión es que a las vacas, les parecía que no).

La bajada fue rápida, y al llegar comprobamos que Paula estaba perfectamente, aunque un poco sorprendida por la cantidad de vacas que la habían estado mirando fijamente durante un buen rato. Allí, pocas palabras con el pastor que nos dijo que todo era correcto, pero que las vacas a veces hacían lo que les apetecía, y ese día no les apetecía seguir el camino. Aunque cuando él llegó a su altura, las vacas continuaron el camino y nosotros pudimos seguir con el nuestro.
La visita a Steinacleit terminó siendo más memorable por esa escena inesperada que por el propio yacimiento, pero quizá eso forma parte del encanto de viajar por las Hébridas: nunca sabes si lo más interesante será una piedra de hace cuatro mil años o un grupo de vacas que decide convertir tu coche en su punto de reunión.
No nos daba tiempo a más. Pero ya lo sabíamos, que nos íbamos a dejar muchas cosas por ver en el Norte de Lewis y en el camino hacia Carloway, donde íbamos a pasar la noche. Pero era el tiempo que teníamos, realmente, la tarde, y si tenéis más tiempo, en el mapa anterior os he dejado más puntos para ver en esa zona de la isla.
Donde alojarse en la Isla de Lewis.
Teníamos claro que queríamos alojarnos en dos zonas de las Híbridas exteriores, pero que la mayoría de las noches lo haríamos en la isla de Lewis. La última noche lo haríamos en Harris porque desde ahí es desde donde sale el ferry que debíamos tomar hacia la isla de Skye.

Aprovechamos que estábamos cerca para entrar en la pequeña casita que teníamos reservada para las dos de las 3 noches que pasaríamos en las Hébridas Exteriores.
Hay poco alojamiento en las Hébridas, así que hay que reservar con tiempo para no arriesgar a tener que, sobre todo, pagar más, o no tener opción ninguna sobre todo en temporada alta. Esto es en Julio y Agosto.


Nosotros escogimos una casita en Carloway, en la que estuvimos muy cómodos, muy a gusto y donde tuvimos claro que sería el sitio ideal para pasar unas vacaciones de relax, sin visitas, solo con un libro, y pasar los días contemplando el paisaje. Sin más. Pero no solo por la casa en sí, sino por la isla, por el ambiente, por todo.
Preparamos la cena con lo que llevábamos desde Ullapool, en nuestra casa de Carloway, ya que aquí no hay ningún restaurante donde hacerlo, vimos un poco la tele y nos fuimos a acostar. Eran las 11 de la noche y todavía no se había hecho de noche cuando me quedé totalmente dormida.

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