Himeji y las geishas de Gion

Publicado en: Asia, Japón | 0

Himeji en Hanami no se nos olvidará jamás. Era nuestro último día en la ciudad de Kioto y nuestro planing del día de hoy, en parte, fue forjado la noche anterior y en parte, lo decidimos esta misma mañana.

El día anterior, el terminar la visita a Fushimi Inari y Nara, tomamos la decisión final de no visitar Yoshino. Lo habíamos dejado hasta el último minuto para ver si las flores habían abierto lo suficiente. Estuvimos echando un ojo por las web cam del parque y vimos que no tenían el suficiente color como para utilizar un día entero en visitar el parque. Finalmente decidimos cambiarlo por la visita a Himeji. Himeji se había quedado fuera de nuestro planning final.

HIMEJI EN HANAMI PORTADA

Pese a que inicialmente era uno de los destinos imprescindibles de visita, tuvimos que eliminarlo dado que al meter la zona de Katsuura, algo teníamos que quitar ya que no nos daba tiempo, ni a visitarlo el día de la ida, ni el de la vuelta de Miyajima. Ahora, unos meses después de aquella decisión, y tras ver que, al contrario de lo que pasaba en Yoshino, Himeji se encontraba en la máxima floración del cerezo. Así que la decisión estaba clara: prescindíamos de Yoshino y metíamos, a última hora, Himeji en el planning.

Nos fuimos de visita a Himeji, sin saber absolutamente nada de lo que allí teníamos que ver. Una visita rápida a algunos de nuestros blogs de cabecera, como el de Mi Mundo en una Maleta, fueron toda la lectura que hicimos en aquel Shinkansen, el primero que tomamos en Japón, camino de Himeji.

 

Un despertar sobresaltado.

 

Aquella madrugada, antes de las 4 de la mañana, recibíamos un mensaje en nuestro móvil. Mientras estamos viajando, estamos trabajando, y es por ello por lo que para nosotros es inviable no tener conexión las 24 horas del día. En este mensaje de Whatsaap se nos informaba de que unos de nuestros clientes habían perdido un vuelo, y necesitaban ayuda.

Nos levantamos para hacer algunas gestiones y una vez que terminamos le digo a Rubén: “pues ya que estamos, nos preparamos y nos vamos. Así aprovechamos y nos vamos primero a Fushimi Inari, a despedirnos y a resarcirme de las fotos del día anterior”. Y así hicimos. Aprovechamos que Fushimi Inari no cierra para hacer nuestra primera visita aquí.

 

Fushimi Inari.

 

De nuevo nos encontramos, poco antes de las 7 de la mañana, en Fushimi Inari. Era la tercera vez que íbamos a este templo y os puedo asegurar que volvería una y mil veces más. Ayer, tras nuestro paso de mañana y de noche por aquí, ya me había dado cuenta de lo especial que era, de lo bonito y lo fotogénico y ya que teníamos que madrugar, no podía perderme visitarlo una vez más.

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Como ya sabíamos lo que había y teníamos la experiencia del día anterior, lo que hicimos fue ir rápidamente a uno de los dos canales de toris, la parte principal y la más turística del templo. Allí nos fuimos por el canal de la izquierda, ya que en teoría hay un cartel que indica que se debe subir por la derecha. Nosotros no íbamos a subir, solo a sacar unas fotos, así que nos metimos por ese carril y allí estuvimos. De vez en cuando pasaba alguien pero básicamente estábamos solos. Con toda la tranquilidad del mundo disfrutamos del momento y sí, lo he de decir, sacamos muchas muchas fotos. Y temprano, regresamos de nuevo a Kioto, para coger el Shinkansen, nuestro primer Shinkansen, con destino a Himeji.

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fushimi inari taisha kioto

Nos fuimos a Himeji en un Shinkansen sin asientos reservados. No sabíamos que este día íbamos a hacer esto ni siquiera sabíamos el día anterior, cuando tomamos la decisión, a que hora íbamos a coger el tren, así que decidimos arriesgarnos e ir en un tren sin asientos reservados. Pero no hubo problema y había sitio, así que nos dispusimos a  ir cómodamente sentados, los 45 minutos que tarda este tren en hacer los 130 kilómetros que separan una ciudad de la otra.

En esos 45 minutos de trayecto me preparé un poco la visita. Simplemente leí lo que habían hecho otros y como mucha gente visita Himeji antes de continuar hacia Hiroshima o Miyajima, sabía que tiempo iba a tener de sobra.

 

El castillo de Himeji.

 

Nada más bajarnos del tren y salir a la calle ya se divisa, allá a lo lejos, coronando un cerro, el Castillo de Himeji. De un banco nuclear que sorprende, el castillo es por ello conocido como “el castillo de la garza blanda”. Fue rehabilitado en 2015 y desde entonces el blanco de sus paredes, recubiertas con yeso, es aún más blanco.

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El castillo de Himeji es una de las estructuras más antiguas del Japón medieval, es además uno de los castillos más importantes de Japón junto con el de Matsumoto (que inicialmente habíamos metido en nuestra ruta pero que finalmente lo tuvimos que descartar) y el de Kumamoto, y además es Patrimonio de la humanidad y Tesoro nacional ¿alguien da más? Con este Curriculum casi uno no puede evitar tener que meterlo en el planning de viaje y es que es uno de los lugares imprescindibles de una primera visita a Japón.

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La estructura del Castillo tal y como la vemos en la actualidad, es originaria del periodo Edo, (aunque la estructura inicial data del año 1333). En el año 1601 se reconstruyó o construyó el castillo de la forma que vemos hoy y ha permanecido inalterado durante siglos, ya que no ha sido alterado ni por incendios, ni por guerras.

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Hicimos el camino hasta el castillo caminando. Un paseo por una calle recta que desemboca, en menos de 15 minutos, en la puerta al recinto del castillo Himeji. El acceso a esta parte es gratuito, pero si quieres acceder al interior del castillo o visitar los jardines, entonces hay que pasar por la taquilla. Nosotros compramos la entrada que daba acceso conjunto a los dos sitios, tanto al castillo como a los jardines. Precio: 1040 yenes por persona.

 

El interior del Castillo Himeji.

 

Pero lo mejor del castillo, sin duda alguna, son sus exteriores. El interior, vacío completamente, te da una idea clara de como fue construido y de las dimensiones de las vigas de madera que soportan el edificio. Lo más interesante del interior, es recorrer las estancias laberínticas, subiendo y bajando escaleras y perdiendo  la noción de por donde entramos o donde está la salida. Además, es un ejemplo claro, quizá se vea más claro aquí por estar vacío, de como se hace la construcción de este tipo de edificios.

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Vistas desde la torre.

 

Los exteriores del Castillo Himeji.

 

Para mi los exteriores del edifico son asombrosos. Las vistas desde cualquier punto de la torre principal son una maravilla y sobre todo, recordaros, que estábamos en Hanami y que en este momento Himeji, se encontraba en los máximos días de floración, por lo que estaba aún más bonito si cabe.

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Al salir del edificio principal nos dirigimos a la zona de Nishinomaru (Muro Oeste), donde se supone que era el lugar dormitorio de las doncellas. La parte de delante de este edificio, para mi, tiene las mejores vistas del torreón del castillo y si añadimos las flores del Hanami, la combinación es perfecta.

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El Jardin Kokoen.

 

Los jardines Kokoen se encuentran al lado del Castillo Himeji y merece mucho la pena visitarlos. Además la entrada conjunta con el castillo casi no tiene un incremento de precio, ya que creo recordar que eran como 40 yenes más.

El Jardin Kokoen está distribuido en zonas bien delimitadas y cada una de ellas con ambientes distintos.

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Antes de abandonar Himeji, dimos un paseo por el río y nos acercamos hasta este fotogénico lugar.

himeji en hanami desde kioto

Tras esta pequeña parada decidimos regresar a Kioto. No teníamos muy claro que hacer, si quedarnos a comer en Himeji, si bajarnos en Kobe y al menos, aunque no nos diese tiempo a visitarlo, por lo menos parar a comer, si parar a comer en Osaka o si regresar a Kioto. Finalmente y dado que aunque en Himeji hacía sol estaba muy frío, porque corría una brisa heladora. Así que finalmente decidimos regresar a Kioto, comer algo en la estación central, cambiarnos de ropa y terminar nuestro día, y nuestra estancia en Kioto paseando por Gion que aunque habíamos pasado aquel primer día en la ciudad cuando fuimos desde Ginkakuji a Gion, e incluso alguna vez más, no lo habíamos visitado en profundidad ni nos habíamos parado a disfrutarlo.

 

Comida coreana en Shijan, estación central de Kioto.

 

Al llegar a la estación central de Kioto, hacia las 3 de la tarde, buscamos un sitio donde comer. Vimos un restaurante llamado Shijan, de comida coreana y no lo pudimos evitar.

Escogimos la comida a ojo, y la verdad es que resultó estar de muerte. Comimos algo que se llama Jeon, que son una especie de panqueques hechos con harina de maíz. ¡Buenísimos!

comida coreana en kioto japon

Tras esto salimos y nos dirigimos al hotel. Nos cambiamos de ropa, y nos fuimos a Gion.

 

Las geishas y Maikos de Gion.

 

Paseamos sin rumbo por los entresijos de calles de esta tradicional zona de Kioto. Había mucha gente pero menos que el primer día que pasamos por aquí, pero el ambiente era muy bueno. Hacía mucho frío también, así que no podía dejar de moverme. Abandone la cámara y se la dejé a Rubén. Yo tenía que llevar las manos metidas en los bolsos porque estaba congelada. En uno de esos momentos, en los que Rubén me preguntaba como se podía distinguir a una geisha o una Maiko si había mucha gente vestida tradicionalmente por Kioto. Le contesté que no se preocupase, que cuando viésemos una lo sabría. Y en ese momento, levanté la vista, y allí estaba. Le dije… mira, una maiko. Y ahí acabó nuestra conversación de geishas y maikos. Ahora también él estaba seguro de poder distinguirlas.

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Nos fuimos a la calle principal de Gion. Allí me apoyé en uno de los laterales porque tenía mucho frío, intentando resguardarme del viento en un pequeño portal. Allí, mientras miraba hacia todos los lados fue cuando vimos pasar, casi una tras otra, 5 maikos más.

Estaba alucinada. No me lo podía creer. Es cierto que no era algo que llevase como fundamental en nuestra visita a la ciudad, ver una maiko o una geisha, pero es cierto que en ese momento si que me hizo mucha ilusión verlas.

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He de decir que eso que he leído del acoso que sufren nosotros no lo vimos. Es más, os puedo asegurar que la mayoría de la gente no se percataba de que estaban pasando. Yo, desde mi esquina, lo observaba todo. Pasaron prácticamente desapercibidas en su deambular por la concurrida calle de Gion.

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Cenando en Sushitetsu.

 

Esperamos a que se hiciese totalmente de noche y buscamos un restaurante que nos había recomendado para cenar: Sushitetsu. Aquí fue la vez en que tuvimos claro que en Japón es habitual que tengas que apuntar tu nombre en una lista (y estar pendientes porque no entienden nuestro alfabeto) y esperar a que te toque el turno. Estuvimos más de una hora esperando y menos mal que había sitio donde sentarse para que la espera fuese menos pesada.

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Pero he de decir que mereció la pena. Y es que había salido de casa pensando que me iba a comer todo el sushi de Japón y como pudisteis leer, a los que hayáis leído todos los relatos hasta ahora, era la primera vez, después de 6 días, que probaba semejante manjar.

En este restaurante, en nuestro caso que comimos en la barra, tienes asignado un cocinero al que le vas pidiendo lo que quieres y te lo va haciendo delante de ti. Así que ves todo el proceso.

Así regresamos al hotel, preparamos las maletas y nos fuimos a dormir. Al día siguiente empezaba nuestra ruta por Japón. Abandonábamos Kioto y nos íbamos en busca de otros destinos y otros paisajes.

 

Gastos del día:

  • Entradas al castillo Himeji: 1040 yenes (8.27 euros)
  • Helado: 155 yenes (1.23 euros)
  • Snacks: 240 yenes (1.91 euros)
  • Comida en la estación de Kioto: 715 yenes (5.69 euros)
  • Tarjeta de bus para todo el día: 600 yenes (4.77 euros)
  • Cena Sushitetsu: 1460 yenes (11.62 euros)
  • Compras para el desayuno: 457 yenes (3.64 euros)

Total gastos del día por persona: 37.13 euros. 

 

 

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