Nos vamos a Galápagos y entramos con San Cristóbal.
El viaje a San Cristóbal, en Galápagos, comienza con un vuelo desde Guayaquil que marca el cambio desde la parte continental, hasta un mundo de biodiversidad con el que nos encontraremos en las Islas Galápagos.

Dedicaremos el día a una primera toma de contacto con su historia y su naturaleza: visitamos el Centro de Interpretación, caminaremos hasta Cerro Tijeretas para disfrutar de sus miradores y su vida marina, y terminamos la jornada relajándonos en la tranquila Playa Mann, donde viviremos un momento único al ver tal cantidad de lobos marinos en una playa, conviviendo felizmente con los locales y los turistas. Un inicio perfecto para adentrarse en el espíritu único del archipiélago.
Viaje con Vosotros
Este «Viaje con Vosotros a Ecuador en 18 días» se desarrolló tal y como lo estáis leyendo durante el mes de Agosto de 2025, en uno de los viajes que realizamos bajo el concepto «Viaje con Vosotros». Desde hace años ofrecemos la posibilidad a nuestros lectores, seguidores de redes sociales y clientes de la agencia de viajes a acompañarnos. Y este fue nuestro Séptimo «Viaje con vosotros».
Si quieres realizar un viaje similar o parecido a este, consulta las fechas de salida regular o si lo prefieres, pídenos un presupuesto para un viaje en privado a un país que estoy segura que te sorprenderá.
Info@viajescallejeandoporelmundo.com

Somos agencia con licencia AV.240.AS
Aquella mañana nos despertamos muy temprano en el hotel Unipark de Guayaquil. Teníamos un vuelo programado para las 11:25 de la mañana, y aunque el aeropuerto está a tan solo 15 minutos del centro de Guayaquil, no queríamos arriesgarnos con el tráfico a llegar tarde. Además, hay varios trámites que hacer en el aeropuerto antes de subirse a un vuelo con destino Galápagos.
Nos vamos a Galápagos. Trámites previos
Los trámites de entrada en las Islas Galápagos ya habían comenzado días antes, o bueno, en realidad, meses antes. Había pedido a nuestra agencia en Quito poder llevar prepagadas las tasas de entrada en Galápagos (200 dólares por persona), la tarjeta de control de Tránsito (20 dólares por persona) y la tasa de entrada en Isabela (10 dólares por persona). De esta manera incluí estas tasas en el coste final del viaje, de forma que llevásemos un trámite menos y una preocupación menos. Hay que tener en cuenta que los pagos con tarjeta en Galápagos de las tasas de entrada a veces dan muchos problemas.
Pero para entrar en Galápagos, además de estos trámites con coste, hay uno más, que es gratuito pero que debemos hacer: se trata de el Formulario de Declaración Jurada que se debe cumplimentar antes de volar. Si no se lleva cubierta de forma digital también os la darán en papel en el avión. O al menos eso nos pasó a nosotros con Avianca.

Cuando estábamos en Cuenca, ya recibimos por parte de nuestra agencia en Quito las tarjetas de Control de Tránsito, que debíamos llevar con nosotros en el móvil. No hacía falta imprimirlas. Y fue aquí, en Cuenca, donde también recibimos las instrucciones para cumplimentar el formulario de declaración Jurada para Galápagos.
De las tasas de entrada en Galápagos no necesitamos nada ya que van vinculadas al número de pasaporte. No obstante, me enviaron un recibo de pago por si acaso había algún problema al entrar.
Así que una parte de los trámites a realizar en el aeropuerto, ya lo teníamos hecho.
Dejando parte del equipaje en Guayaquil
Como este viaje tenía un componente de altura y frío (Cotopaxi, El Cajas) y un componente de agua (las islas Galápagos) decidí dejar parte de mi equipaje en el hotel de Guayaquil para la vuelta. Al fin y al cabo regresaría al mismo hotel después del viaje por Galápagos, unos 9 días después. Además, recordemos que llevábamos con nosotros, al menos la mayoría, una enorme caja con los sombreros comprados en Cuenca. Y esas también se quedaron en Guayaquil.


Dejé parte del equipaje en conserjería del hotel y recibí a cambio un papel amarillo, que me recomendaron fotografiar por si acaso lo perdía. Buena idea, porque después de 9 días dando vueltas por Galápagos quizá el papel amarillo desaparecía. Aunque no fue así.
La llegada al aeropuerto y la despedida
Nos subimos al autobús, ese que nos había acompañado desde que habíamos salido de Quito, con Rosendo (en el primer grupo) y Santiago (en el segundo) a los mandos. Durante todos estos días que estuvimos por los Andes Ecuatorianos, habíamos establecido mucho contacto y mucha conexión, creando una relación fluida y cercana. Nos daba muchísima pena despedirnos de ellos, y claro, también de Raúl (primer grupo) y Rodrigo (segundo grupo) nuestros guías. Pero de ellos es algo normal pero haber establecido esta conexión con los chóferes del autobús era algo que no nos esperábamos.
En la despedida de ellos con el primer grupo, en mi caso, fue aún, si cabe, más dura, porque a estas alturas ya sabía que no repetiría con ellos en el segundo grupo y me daba una pena tremenda. Pena que se me pasó cuando conocí a Rodrigo en el aeropuerto de Quito o a Santiago un poco después.

Después de aquel incidente que hubo con el segundo grupo en el Cotopaxi, en el que varios del grupo, junto con el guía estuvieron desaparecidos casi una hora, sin saber si les había pasado algo, con mucha gracia le dije al guía que había perdido dos puntos de los 10 con los que partía, y que a ver con cuantos llegaba a Guayaquil. Estuvimos todo el viaje con esta broma de los puntos, y no hice más que ir quitándole puntos durante el camino, lo que nos hacía reírnos mucho. Ahora, allí, en el aeropuerto, le dije que le devolvía los 10 puntos y que había sido un guía increíble, tanto como guía cómo como persona.
Cuando llegamos al aeropuerto, como ya habíamos hecho el trámite y la gestión de la tarjeta de Tránsito fue un paso que nos ahorramos, y no tuvimos que ir al mostrador habilitado para ello a sacarla, y pagarla.
Nos fuimos directamente a las máquinas que tienen para sacar la tarjeta de embarque y las tarjetas para la facturación de las maletas. Una vez con ellas en la mano y como ya teníamos la tarjeta de control de tránsito nos vamos al control del equipaje. Pasan el equipaje por el escáner, controlan que todo es correcto y te ponen un candado en la maleta. A partir de este momento ya no se puede abrir.

Con esto ya listo, vamos a los mostradores de Avianca a dejar las maletas facturadas. Y con las manos ya vacías, directamente pasamos el control del aeropuerto por la zona de vuelos internos y listo. En nada estaríamos volando a Galápagos.
Ahora sí, nos veíamos ya con un pie puesto en el archipiélago y la emoción crecía por momentos.
Dejamos a Nacho y Ana en el hospital de Guayaquil (Grupo 2)
Ya os había contado en el capítulo anterior, De Cuenca a Guayaquil pasando por El Cajas, que habíamos tenido que dejar ingresado a Nacho en el hospital de Guayaquil.
Me levanto aquella mañana después de haber dormido apenas unas horas y me reúno con el resto del grupo donde les informo que lamentablemente, Ana y Nacho no pueden continuar con el viaje.

También recibo un Whatsapp de Ana desde el hospital que me informa que no me preocupe de nada que ha conseguido que le den red wifi en el hospital y que por lo menos ya está conectada hasta que consiga una tarjeta de datos.
Me quedo más tranquila.
Ya en el aeropuerto y después de despedirme de Rodrigo y Santiago, pasando ya los controles, empiezo a sentir una tremenda angustia. Creo que todo lo que llevaba acumulado estos días estaba empezando a salir. Llamo a Rubén por teléfono para avisarle que ya habíamos pasado los controles del aeropuerto y que por el momento todo bien. Él ya sabía que Ana estaba conectada y había estado hablando con ella, también para tranquilizarnos a todos. En este momento, en el que llevaba un café en la mano, porque creía que necesitaba despertar un poco más, me pongo a llorar y no podía parar.
Sabía que todo esta tensión tenía que sacarla de alguna manera. Como no quería preocupar a mis compañeros de viaje, me fui hacia el ventanal del aeropuerto, café en una mano y el móvil en la otra, y ahí descargué toda esta tensión. Cuando me sentí recuperada, conseguí colgar el teléfono y regresar con el grupo. Ya estaba preparada para poner rumbo a Galápagos (por segunda vez).
Volando hacia Galápagos con Avianca.
Embarcamos, nos subimos al avión y en nada el avión empezó a coger velocidad. Siempre intento dormir en los vuelos, pero en esta ocasión quería esta muy despierta. No quería perderme nada, y sobre todo no quería perderme la llegada a Galápagos.

Si en el viaje con el primer grupo el día estaba muy nublado y además me tocó justo en el ala, en el segundo grupo el día era mucho más soleado y tenía la ventanilla más despejada lo que me permitió tener una panorámica completa de Guayaquil.
Sin embargo, esta primer vez si me tocó en la parte izquierda del avión lo que me permitió localiza la roca de León Dormido y sentir una gran emoción. ¡Habíamos llegado a Galápagos!

Según el avión se va acercando a la isla, las sensaciones se van incrementando. No paro de mirar por la ventana: todo tan verde, tan despejado, y de golpe, el pequeño pueblo de Puerto Baquerizo Moreno, que me imaginaba mucho más grande de lo que resultó.

Nuestra llegada a San Cristóbal.
Aterrizamos en el aeropuerto de San Cristóbal.
El Aeropuerto de San Cristóbal, ubicado a pocos minutos de Puerto Baquerizo Moreno es un de las dos puertas de entrada a las Islas Galápagos. Su diseño es funcional y de dimensiones reducidas, con una sola terminal, pensado para gestionar los vuelos domésticos que conectan la isla con Guayaquil y Quito. Es un aeropuerto cómodo, práctico y muy manejable, pero sobre todo, con controles ágiles.

Nos acercamos a la puerta que daba entrada a la zona de control. Allí, esperamos, pacientemente la cola. Era el momento de entregar el Formulario de Declaración Jurada, y pagar, si no lo llevas pagado, las tasas de entrada a Galápagos. En nuestro caso solo les tuvimos que decir que teníamos ya pagada la tasa. Lo comprueban con el número de pasaporte y no hubo ningún problema. Aunque yo espere por el paso de cada uno para comprobar que ninguno tenía problema.

Mientras tanto, a nuestras espaldas, estaban todas las maletas perfectamente colocadas, mientras un perro iba a pasando y olisqueando todo el equipaje. Ana en el primer grupo y Magdalena en el segundo, sufrieron la apertura de la maleta. Pero no llevaban nada no permitido, así que continuamos el camino.
María Fernanda, que se presenta como Mafer, sería nuestra guía en Galápagos, con la que íbamos a pasar los siguientes días. Ya nos esperaba en la puerta. Tras las presentaciones pertinentes, nos dirigimos al bus con el que iríamos a Puerto Baquerizo Moreno. Allí pasaríamos las siguientes dos noches.
Dónde dormir en Puerto Baquerizo Moreno (San Cristóbal).
En el trayecto desde el aeropuerto hasta nuestro alojamiento en Puerto Baquerizo Moreno, Mafer, nuestra guía, nos fue explicando ya un poco sobre las Islas Galápagos y sobre lo que nos íbamos a encontrar en San Cristóbal. No obstante, tendríamos tiempo de profundizar en el tema, ya que una de las primeras visitas que haríamos en las Islas es al Centro de Interpretación, donde conoceríamos en profundidad todo sobre la evolución de las Galápagos.
En Puerto Baquerizo Moreno nos alojamos en un hotel llamado GRAND SUN’S HOUSE, que resultó ser el peor del viaje. No obstante, en un principio teníamos pensado alojarnos en el Pimampiro, un hotel que está mucho mejor, pero al ser tantos, cuando formalizamos la reserva, no había habitaciones suficientes para todos. Y es que es un hotel, que salvo por ubicación, está un poco más alejado de todo que los demás, tiene una reseñas y una relación calidad/precio muy buena. Así que buscando opciones para 6 habitaciones disponibles, nos quedamos con el Grand Sus´s House.

Es un hotel sencillo, pero muy bien ubicado. Utilizamos este hotel las dos veces que estuve en San Cristóbal y mi percepción del hotel es muy distinta de la primera a la segunda. No se si es porque la primera vez, lo vi todo muy regular y presenté una queja sobre la marcha. La segunda vez lo vi todo mucho mejor. ¿Y a qué se debe? sobre todo al trato. Creo que cuando el trato es distante, seco, y poco amable, las cosas se ven de una manera muy distinta a cuando el trato es cercano y agradable. Esto último fue lo que me pasó en la segunda visita.

Y si, tienen fallos. Una de ellas es poner una sola toalla por persona. Esto hace que se complique mucho la cosa y más porque no tienes donde apoyar los pies cuando sales de la ducha, por ejemplo. Tampoco fueron muy amables ni predispuestos a servirnos un desayuno para llevar. En el primer viaje, salimos muy temprano, en mi caso, los dos días, y el picnic que nos pusieron para el desayuno no llevaba ni una mísera pieza de fruta.
En el segundo viaje esto cambió mucho, porque incluso se levantaron antes para servirnos un desayuno antes de partir, en la mesa. Fue el único desayuno que yo hice en este hotel de los 4 que pude hacer.
Por lo demás, las habitaciones son sencillas. En mi caso, tenía una habitación twin con uso individual. En este caso, al tener dos camas en la habitación, dejan una inhabilitada y eso hace que la habitación parezca peor de lo que es. En mi segunda visita me dieron una habitación doble, y este efecto de habitación desangelada, no la tenía y el aspecto era mucho mejor.
No es que sea el mejor hotel, pero para pasar dos noches fue suficiente. Es cierto que en el resto de los viajes que he preparado para mis clientes, no he vuelto a poner este hotel. También es cierto que encontrar una habitación para dos o 6 personas en un hotel no es lo mismo que encontrar 6 habitaciones disponibles en un único hotel. Los hoteles en Galápagos no son muy grandes y no tienen mucha capacidad.

Escogiendo equipos para León Dormido.
Tras hacer uso de las habitaciones, sin perder demasiado tiempo porque no lo teníamos, nos fuimos caminando hacia el centro de buceo donde teníamos que escoger y probar el traje de neopreno y el equipo completo que utilizaríamos al día siguiente para nuestra excursión a León Dormido. Y no, no es que fuésemos a hacer buceo, es que León Dormido, es una roca en medio del mar abierto, donde la temperatura del agua puede ser muy baja. Así que para hacer snorkel, que es lo que íbamos a hacer nosotros, necesitábamos llevar un traje de neopreno para evitar el frío del mar.
También necesitábamos escoger aletas, gafas y tubo. Y allí estuvimos un rato largo, hasta que todos tuvimos nuestro equipo completo escogido.

Comiendo en el puerto: Cris Burguer.
Como teníamos muy poco tiempo para comer algo, ya que queríamos aprovechar mucho la tarde, escogimos una hamburguesería del puerto para comer algo rápido. Es cierto que éramos muchos para el poco movimiento que se daban en la cocina, así que fuimos comiendo por fases.

Este restaurante lo escogimos en los dos viajes, por estar muy bien ubicado, al lado del centro donde estuvimos escogiendo la ropa y al lado del puerto donde nos pasaría a recoger la furgoneta para irnos a Cerro Tijeretas. Y no, no es que necesitásemos un medio de transporte para llegar, está muy cerca, pero así perdíamos menos tiempo, un tiempo que es oro y que no teníamos.
Tras comer, nos reunimos con Mafer en el puerto. Eran las 3 y media de la tarde y no había tiempo que perder. En esta parte del mundo, en el ecuador continental, atardece sobre las 6.
Un paseo por el puerto. Grupo 2
Al ser mi segunda vez en Galápagos, tenía muy claro cómo se distribuía la isla y qué se podía ver en cada sitio. Así que una vez que cada uno fue terminando de comer y sabiendo exactamente dónde nos iba a recoger el autobús, les aconsejé, sin separarse demasiado acercarse al muelle y tan solo observar.



Fue una de las más bonitas entradas en una isla de Galápagos, ya que con solo acercarnos al muelle vimos un resumen de lo que nos íbamos a encontrar estos días: leones marinos, cangrejos rojos, iguanas, pájaros de distintos tipos…. La cara de satisfacción que tenían mis compañeros de aventura lo decía todo. Y es que siempre me pasa así, cuando hago un viaje que para mi es la segunda vez, o por ejemplo cuando voy a África, siempre me gusta observar las reacciones de la gente ante su primera vez ante vida salvaje de cualquier tipo. Me encanta y lo disfruto mucho, tanto o más, como ver la propia fauna.



Cerro Tijeretas y Punta Carola.
Esta es la primera actividad que teníamos planificada en las Islas Galápagos. Creíamos que debíamos empezar por aquí, introduciéndonos poco a poco en el significado e importancia de estas islas. Para ello, nada mejor que, por un lado acudir al centro de interpretación con una buena guía que te explique todo lo que allí puedes ver. Pero además subir al punto más alto de la isla, y tener una imagen global de lo que representan, de lo que es, de su formación y de su erosión.

Además, este pequeño paseo introductorio por Galápagos, estaba segura que nos iba a dejar con muchas imágenes, muchos conocimientos y nos iba a sorprender de muchas maneras, por paisaje y por fauna.
Centro de interpretación de la isla de San Cristóbal.
Lo primero que nos llama la atención, como españoles, es que nada más llegar al Centro vemos una placa llamativa.

España tiene una relación directa y muy visible con el Centro de Interpretación de San Cristóbal ya fue uno de los principales impulsores y financiadores para su creación.
El Centro de Interpretación forma parte del Plan de Interpretación y Educación Ambiental para las Islas Galápagos, un proyecto financiado por el Gobierno de España a través de la AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo). Esta colaboración se realizó en coordinación con el Parque Nacional Galápagos y con apoyo de la Fundación Charles Darwin.

La construcción del centro se completó en 1998 y se convirtió en el primer gran proyecto de cooperación española en el archipiélago.
La inauguración del centro fue un evento de alto nivel donde asistieron el entonces presidente de Ecuador, Jamil Mahuad, y el Príncipe de Asturias, Felipe de Borbón, actual Rey de España, lo que subrayó la importancia del proyecto dentro de las relaciones bilaterales entre España y Ecuador.

Conociendo un poco más sobre Las Islas Galápagos
El Centro de Interpretación de Galápagos, en San Cristóbal, es uno de esos lugares que ayudan a entender por qué este archipiélago tiene tanta importancia. Su recorrido te lleva a conocer mucho más sobre la historia natural, la evolución, la presencia humana y la conservación, y ofrece una visión completa del pasado y presente de las islas.

El centro explica el origen volcánico de Galápagos y su aislamiento extremo, dos factores por los que se ha generado su biodiversidad. Las salas muestran cómo las corrientes marinas, el clima y la distancia al continente crearon un laboratorio natural donde la vida tuvo que adaptarse desde cero. Es una introducción perfecta para entender por qué aquí surgieron especies que no existen en ningún otro lugar del planeta.

En la primera parte del recorrido, Mafer nos explica, a grandes rasgos, la geografía de las Islas y nos habla un poco sobre el recorrido que vamos a hacer en ellas. Pasaremos por San Cristóbal, la más antigua y erosionada de las islas; por Santa Cruz y por Isabela, la más joven de todas y la que aún conserva actividad volcánica.
También aquí entendemos que las islas Galápagos están en constante movimiento y cambio. La Isla de San Cristóbal, con volcanes extintos desde hace miles de años, es una isla que cada año se acerca más al continente y se prevé que llegue a desaparecer. Esta isla, es la más antigua y erosionada, alcanzando en este momento, una máxima altura de unos 730 metros sobre el nivel del mar.

La evolución de las Islas Galápagos
Una de las partes más interesantes del recorrido es la dedicada a la evolución. El centro detalla cómo plantas, aves, reptiles e insectos llegaron a las islas por azar —flotando, volando o arrastrados por corrientes— y cómo, una vez aislados, desarrollaron características propias para sobrevivir. Este contexto es el que inspiró a Darwin en su teoría de la selección natural, y el centro lo presenta de forma accesible y visual.

Los primeros asentamientos humanos y su claro efecto sobre las islas
El museo también aborda la historia humana de Galápagos: desde los primeros navegantes y piratas hasta los asentamientos modernos. Se muestra cómo la presencia humana ha transformado el entorno, introduciendo especies invasoras y generando tensiones entre desarrollo y conservación. Es un recordatorio de que la fragilidad del ecosistema no es solo un concepto científico, sino una realidad cotidiana para quienes viven allí.
Hay una parte muy interesante sobre la primera presencia humana en la isla de Floreana, que se puede ver en una película muy reciente, del 2024, llamada Edén, que está basada en hechos reales. Os recomiendo verla, ya que además de contar esta historia real de muertes y asesinatos, se muestra una imagen real de cómo las islas se vieron afectadas por los asentamientos humanos.

Conservación de las Islas Galápagos
La última parte del recorrido está dedicada a los esfuerzos de conservación. Se explican los programas para controlar especies invasoras, regular el turismo y restaurar hábitats dañados. También se destaca el trabajo conjunto entre el Parque Nacional Galápagos, organizaciones científicas y la comunidad local. Es una mirada honesta a los retos actuales y a las iniciativas que buscan asegurar que las islas sigan siendo un refugio para la vida silvestre.
Visitar el Centro de Interpretación antes de recorrer las islas te permite entender mejor lo que verás después: por qué un pinzón es más que un pájaro pequeño, o por qué una iguana marina es un milagro evolutivo. Es una puerta de entrada perfecta para apreciar Galápagos con otros ojos.

Subiendo al Cerro Tijeretas
Tras salir del centro de interpretación comienza nuestra corta caminata hacia el Cerro Tijeretas, uno de los miradores más importantes de la isla.

Cerro Tijeretas se encuentra al norte de Puerto Baquerizo Moreno y forma parte del sendero que une el Centro de Interpretación con Punta Carola. Es, además, uno de los primeros lugares donde desembarcó Charles Darwin durante su visita al archipiélago, lo que le da un valor histórico especial. Desde sus miradores se obtienen panorámicas amplias del noroeste de la isla, con vistas hacia León Dormido, Isla Lobos, Cerro Brujo, Bahía Naufragio y la propia Punta Carola.


El nombre “Tijeretas” proviene de las fragatas, aves marinas de cola ahorquillada que sobrevuelan la zona de forma casi constante.


La ruta hacia el cerro es corta, bien señalizada y parte prácticamente desde el pueblo. A lo largo del camino aparecen varios miradores desde los que contemplar el paisaje costero y la vegetación árida típica de San Cristóbal. La elevación máxima ronda los 200 metros, lo que la convierte en una caminata apta para casi cualquier viajero.

Uno de los miradores más llamativos es el que se encuentra junto a la gran estatua de Darwin. Desde allí se ve gran parte de la costa y gran parte de San Cristóbal. Incluso en días despejados se ve León Dormido. Pasar un rato en el mirador, además de contemplando las vistas, te permite observar aves, insectos y si te fijas bien, incluso delfines, y muchos, muchos leones marinos.

A partir de este punto empezamos a bajar, justo hasta el embarcadero.
Al pie del cerro se encuentra una pequeña bahía de aguas claras donde es posible hacer snorkel. Es un lugar seguro y protegido, ideal para ver tortugas marinas, peces tropicales e incluso leones marinos curiosos que se acercan a los visitantes. También aquí se observan iguanas y si te fijas, muchos pájaros sobre los árboles y los famosos pinzones de Darwin.



¿Sabías qué….? los pinzones de Darwin.
En nuestro paseo por el Cerro Tijeretas nos encontramos con un ave significativa en estas islas, un pinzón. Y aquí, Mafer, nos dio una información ampliada sobre ellos a la que ya nos había introducido en Centro de Interpretación.
Los pinzones de Darwin son uno de los símbolos más importantes de Galápagos porque muestran, de forma muy significativa, cómo funciona la evolución.

Un grupo de aves que cambió la historia de la ciencia
Los pinzones de Darwin son un conjunto de trece especies endémicas de las Islas Galápagos, más una especie adicional en la Isla del Coco. Aunque a simple vista parecen pájaros muy normales, su diversidad llamó la atención de Charles Darwin durante su viaje en el Beagle en 1835. Lo que más le sorprendió fue que, siendo tan parecidos entre sí, cada isla albergaba pinzones con picos distintos, adaptados a diferentes formas de alimentarse.
La clave está en el pico: adaptación y supervivencia
El pico es el rasgo que mejor cuenta su historia evolutiva.
- Algunos tienen picos gruesos y fuertes para romper semillas duras.
- Otros poseen picos largos y finos para extraer insectos o néctar.
- Incluso hay especies que usan herramientas, como pequeñas espinas, para sacar larvas de la madera.
Estas variaciones no son casuales: cada forma de pico está adaptada al alimento disponible en su entorno, un ejemplo directo de selección natural.
Investigaciones recientes han identificado incluso genes específicos relacionados con la forma del pico, lo que refuerza la idea de que estos cambios surgieron como respuesta a las condiciones ambientales de cada isla.

Por qué fueron tan importantes para Darwin
Cuando Darwin comparó los pinzones entre islas, comprendió que todos descendían de un ancestro común que llegó a Galápagos hace miles de años. A partir de ahí, cada población se adaptó a su propio ecosistema, cambiando, evolucionando hasta convertirse en especies distintas. Este patrón —un mismo origen, múltiples adaptaciones— se convirtió en una de las piezas clave que lo llevó a formular su teoría de la evolución por selección natural.
Un laboratorio en vivo que sigue evolucionando
Lo fascinante es que los pinzones no son solo algo del pasado: siguen evolucionando. Cambios en el clima, disponibilidad de alimento o competencia entre especies continúan moldeando sus características.
Para los científicos, Galápagos es un laboratorio natural donde se puede observar la evolución en tiempo real.

En nuestra caminata por el Cerro Tijeretas empezamos a observar la primera fauna de la Isla. Por un lado un pinzón, pero además aparecen las iguanas, vemos los primeros leones marinos y además Mafer nos pide que observemos, sobre todo, las lagartijas y que si podemos saquemos fotos, porque es muy llamativo ver lo distintas que son en cada una de las islas. Yo esto no me lo pierdo, y por supuesto saco la primera foto de una de ellas.

El problema de las especias invasoras de Galápagos
En uno de nuestros paseos por la zona también vimos un Garrapatero (con el segundo grupo) y Mafer aprovechó para hablarnos un poco más de esta especie invasiva.
El garrapatero común, un ave introducida en Galápagos, se ha convertido en una de las especies invasoras más problemáticas del archipiélago. Su presencia altera el equilibrio natural al competir por alimento con aves endémicas y nativas, depredar huevos y crías, y dispersar plantas invasoras como la mora, lo que agrava la presión sobre ecosistemas únicos. Las autoridades ambientales trabajan activamente en su control, llegando a retirar cientos de ejemplares en zonas sensibles para proteger especies emblemáticas como los pinzones de Darwin y frenar la degradación del hábitat.

El Cucuve de Galápagos.
El sinsonte de Galápagos, o cucuve, es una de las aves más emblemáticas del archipiélago: un pájaro curioso y endémico que se puede ver en muchas de las islas. Presente en casi todo Galápagos, destaca por su comportamiento inquisitivo y su capacidad para adaptarse a distintos hábitats, desde zonas áridas hasta matorrales costeros. En mi segunda visita al cerro, lo vimos justo en los matorrales que había en el mirador de Darwin.

Playa Carola en Puerto Baquerizo Moreno
Uno de los puntos de parada obligatoria en este pequeño paseo por Cerro Tijeretas, es la playa de Punta Carola, una de las experiencias más sorprendentes que he tenido como primera toma de contacto con la fauna de una localidad.



Y lo vas intuyendo antes incluso de llegar: Vamos todos juntos, caminando lentos, por el sendero de acceso. Un camino de arena, mucha vegetación y como sonido de fondo, un coro de gruñidos, bufidos y chillidos que llega desde la orilla. Cuando finalmente aparece la playa, la imagen es inolvidable: decenas de leones marinos tumbados en la arena, ocupando rocas y cualquier rincón soleado. Será una imagen y un cúmulo de sensaciones que jamás olvidaré.



Punta Carola se trata de una extensa playa de arena blanca, con aguas claras y tranquilas, donde a las colonias de leones marinos les encantar ir a pasar el día. Dice Mafer que esta isla se caracteriza por tener más población de leones marinos que de personas. Ellos, son en realidad los principales habitantes de la isla.



Además de los leones marinos es habitual ver iguanas que se mezclan con ellos y personas, porque allí conviven todos sin ningún problema.
Punta Carola con el Grupo 2.
Cuando llegué a Punta Carola con el segundo grupo me pasó un poco parecido a lo que me pasó en el muelle. Sabía lo que venía, así que me adelanté como pude, llegué antes que ninguno de forma que me di la vuelta y empecé a observar las reacciones de mis compañeros según iban entrando, uno a uno, en la playa. La cara de felicidad y asombro que se les quedó fue para mi, inolvidable.
Además, en este caso, nos encontramos, el medio del camino con un león marino que impedía el paso directo. Así que me senté al otro lado y empecé a sacarles fotos de la cara de admiración, de incredulidad, de asombro… todo una mezcla de sentimientos que seguramente cada uno llevó a su manera. Pero todos sonreían.



Playa Mann en Puerto Baquerizo Moreno
La playa está orientada al oeste, lo que la convierte en uno de los mejores lugares de San Cristóbal para ver el atardecer. También lo es Playa Mann, que te la encuentras de frente si sigues la ruta en dirección a Puerto Baquerizo Moreno. Decidimos hacernos con unas sillas al lado de un pequeño puesto de zumos de fruta fresca. Pedimos unos zumos y allí, nos despedimos de Mafer. Teníamos intención de quedarnos allí y ya volveríamos al hotel a pie, aunque nos habían preparado una furgoneta para llevarnos de vuelta.



Mientras el sol iba cayendo, con aquel zumo recién exprimido y todo el espectáculo de cientos de leones marinos en la playa, fue una de las experiencias más gratificantes de este viaje.

Dejando la ropa para lavar.
En el camino de vuelta de playa Mann al hotel fuimos tomando algunas decisiones. A mi me tocaba lavar ropa ya, con lo cual buscamos un lugar donde nos hiciesen la colada de un día para otro. En realidad todas las lavanderías lo hacen en pocas horas. Hablamos con una de ella y decidimos dejarles la ropa antes de salir hacia la excursión de León Dormido y recogerla a la vuelta. Me costó unos 2 euros en las dos ocasiones que hice la colada en San Cristóbal.
La verdad es que algo que llama mucho la atención de Galápagos y que nos pareció muy llamativo es que, por un yogur llegamos a pagar casi 2 dólares, mientras que por hacer la colada también nos cobraban dos dólares, más o menos, porque dependía del peso, pero siempre fue en ese entorno (entre 2 y 3 dólares). No podía entender cómo por lavarme la ropa, esta familia no tenían ni para comprar un yogur.
Al preguntarle por este tema a Mafer nos comentó que en realidad la vida en Galápagos es cara para ellos, mucho más cara que vivir en el continente, pero que también tienen sueldos más altos. Eso si, como en todos los lugares, algunos ganan más que otros y hay servicios de todo tipo. Igual que hay personas que no se pueden permitir algunos lujos como comprar un yogur.

También nos comentó que los precios de la mayoría de las cosas que tienen en las tiendas fluctúan mucho, porque dependen de la vía por la que han llegado a Galápagos. Si llegan por mar son más baratos que si llegan por aire. Eso sí, también nos decía que habían intentado que se regularizasen los precios, porque por mucho que te digan que los yogures son más caros porque estos han llegado por aire, no es fácil saber qué eso es cierto y que muchas veces los precios suben pero nunca bajan.
Vaya, esto nos vino a recordar que al final los problemas son más o menos parecidos, con matices, en todos los lados.
Cenando en el Rincón de Sebas
Con el primer grupo, en mi caso, no cené nada. Estaba un poco saturada de comida, y decidimos, algunos del grupo, comprar algo de fruta, yogur y cenar en el descansillo del hotel donde había unos sofás con unas mesas. El resto se fueron de cena.

Con el grupo 2, sin embargo, salimos a picar algo. En estos momentos yo me encontraba igual que hacía 15 días, cuando había llegado a San Cristóbal con el grupo 1, y no tenía ninguna gana de comer. Así que nos sentamos en un restaurante donde servían empanadillas llamado Rincón de Sebas, y allí pedimos. Quien tenía hambre se pidió 2, y quien no, como es mi caso, se pidieron una. Aunque en la foto se perciba pequeña, tenía el tamaño de más de una mano.

Allí estuvimos de conversación, cena y cervezas hasta que llegó la hora de irnos a dormir. Al día siguiente tocaba madrugar mucho, ya que nos íbamos de excursión a una de las salidas más increíbles que tiene la isla: León Dormido.

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