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Día 10
Diario Uganda en 14 días

De Ishasha a Bwindi NP pasando por Kihihi

El día anterior habíamos buscado, sin ningún éxito, los leones trepadores de Ishasha. En el día de hoy, teníamos un cometido, llegar a dormir a los pies del Parque Nacional del Bosque Impenetrable Bwindi, porque se acercaba el día más importante del viaje.

Como el día anterior no habíamos tenido éxito con los leones, nuestros guías y nuestra agencia receptiva en Uganda, tomaron la decisión de volver a intentarlo antes de poner rumbo a Bwindi. Esa es la diferencia entre escoger una agencia u otra en Uganda. Nosotros sabíamos que íbamos con los mejores y no nos lo dejaron de demostrar.

Nuestro guía Gilbert nos invitó a levantarnos muy temprano, tomar un café rápido y salir sin desayunar en medio de la noche, para intentar al amanecer ver los leones trepadores. Y así fue como esta mañana, tras el madrugón y un café rápido que los chicos del Ishasha Jungle Lodge nos tenían preparados, pusimos rumbo a la entrada de sector Ishasha del parque Nacional Queen Elisabeth.

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En busca de los leones trepadores: parte II

Accedimos al sector Ishasha del parque Queen Elisabeth cuando aún no se veía del todo. Vimos un precioso amanecer en el parque, de esos que Uganda todavía no nos había mostrado. Parecía que hoy el día estaba un poco más despejado y eso hacía que el sol se viese aparecer en todo su esplendor.

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Nada más entrar en Ishasha vemos una solitaria hiena, paseando tranquilamente por el campo. Estuvimos un rato siguiéndola en la distancia, y viéndola pasar. Ahí la dejamos porque nuestro principal interés era poder ver a los leones trepadores.

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Nos dirigimos primero a la zona por donde habíamos estado el día anterior, pero no hubo suerte. Después nos dirigimos hacia la zona de grandes acacias a donde habitualmente se suelen subir. Dimos varias pasadas, pero tampoco hubo suerte.

Así, nos despedimos de Ishasha con la pena de no haber podido ver un león trepador. A veces los safaris nos dan muchos momentos y otras veces la naturaleza no se quiere mostrar.

Ese mismo día supimos que hacía 3 días que los leones no se veían en Ishasha, y nos contaron que se habían visto fuera de la zona del parque visitable, ya en terrenos de El Congo. No me había equivocado mucho cuando el día anterior viendo el estado en el que se encontraba el parque, me había dado por pensar que los leones habrían cruzado a El Congo.

De Ishasha a Kihihi (Uganda)

Tras nuestra infructuosa visita a Ishasha, regresamos al lodge, desayunamos copiosamente, y pusimos rumbo a nuestro siguiente destino. Nos íbamos al Bosque Impenetrable Bwindi, a dormir en el entorno del parque, ya que estábamos a un día de visitar los Gorilas de la Montaña. La ilusión era ya muy palpable en el grupo. Estábamos deseando que llegase ese momento, pero ahora nos tocaba volver a la carretera y hacer una parada que tampoco teníamos prevista. Visitar el pueblo de Kihihi.

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Nos quedaban más de 2 horas de viaje, pero por el camino, aunque no lo sabíamos aún, teníamos una parada imprevista. Pararíamos en el pueblo de Kihihi.

Pasamos por pueblos y volvemos a divisar ese día a día de la gente en Uganda. Imágenes que son una experiencia en sí. Para mi ver como viven la gente, y además tener la opción de establecer conversación con ellos, es uno de los motivos principales de haber hecho el viaje con esta agencia y haberlo hecho así. Por que un safari debe ser algo más que visitar parques Nacionales y rastrear animales. Debe haber un tiempo para todo.

Un paseo por Kihihi (Uganda)

Llevábamos algo más de una hora de viaje cuando hicimos una parada en un pequeño pueblo en el borde sur del Parque Nacional Queen Elisabeth, todavía a la altura del Lago Edward y muy cerca de la frontera con El Congo. Allí fuimos la principal atracción de su día. Si para nosotros estar allí era una auténtica experiencia, para ellos fue también tenernos a nosotros allí.

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Empezamos a pasear por el pueblo, sin mucho rumbo. Ana quería hacer algunas compras en el mercado. Compras del tipo: Caña de azúcar, tomates, aguacates, algunas legumbres (éstas para traerse a España)… y en eso invertimos casi todo el tiempo que estuvimos en Kihihi.

Cuando llegamos a la plaza principal del pueblo, había un mercado mucho mayor. Allí, algunas mujeres y niños se nos acercaron y estuvimos un largo rato hablando con ellos. Nos hablaban de sus planes de futuro, de lo que les encantaría poder visitar Europa, querían saber cómo vivimos, cómo es el lugar del que veníamos. Y así pasamos uno de los momentos más agradables de nuestro viaje a Uganda.

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Estuvimos en total una hora y media y nos pareció que, aunque no estaba previsto en el viaje, había sido una buena forma de darle un buen contenido al día.

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Volvíamos a la carretera. Nos dirigíamos al sur del país, y según vamos más hacia el sur, el paisaje se hace cada vez más verde, más montañoso y más frondoso. La temperatura desciende, se nota que estamos ganando altura.

La historia de alguien llamado John Rowlands.

Dejábamos atrás las tierras de los grandes lagos Ugandeses para poco a poco dirigirnos al Sur, a las “tierras altas”, lugar habitado por el conocido como Gorila de la Montaña. Un terreno más montañoso si cabe, más verde, repleto de vegetación impenetrable y lleno de vida salvaje. Atrás quedaba el Lago George y el Lago Edward, y un poco más allá el Lago Alberto (que nos había dejado tan buenos momentos cuando paseamos por sus pueblos). Hacía ya muchos días que habíamos abandonado la rivera del Lago Victoria y ahora tocaba cambiar de paisaje.

Si en el entorno del Lago Victoria os hablamos de Burton y Speke, en nuestro paso por el Lago Alberto os hablamos de Baker, ahora toca hablaros de la increíble biografía de un explorador sin igual, Henry Morton Stanley, con tan buen curriculum de explorador como mala reputación como persona.

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¿Quién es John Rowlands y porqué hablamos de él?

En 1841 nace en Gales en una familia muy humilde y desestructurada, John Rowlands. Pasó parte de su niñez en un orfanato, ya que su madre, soltera, no podía cuidar de él y del resto de sus hermanos. A los 17 años se embarcó hacia América, donde, por motivos un poco turbios (no se sabe muy bien porqué ya que el propio John Rowlands se contradijo en muchas ocasiones) tomó el nombre de Henry Morton Stanley, con el que se quedaría hasta el final de sus días y se nacionalizó estadounidense.

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En su aventura americana hizo muchas cosas. Tuvo una vida de lo más intensa desde ya muy joven, y además de buscar oro, combatió en la guerra civil americana (en ambos bandos), intentó dar la vuelta al mundo sin éxito pero acabó trabajando en el New York Herald como periodista.

Stanley en África y el encuentro con Livingston

La biografía de Henry Morton Stanley no deja indiferente a nadie. Una vida repleta de aventuras, las verdaderas y las inventadas, ya que además de aventurero era un gran escritor y ponía mucha literatura a sus diarios de viaje y a su propia vida.

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Quizá para aquellos no aficionados a la literatura de viajes y a las exploraciones africanas, estos nombres no resulten muy conocidos. Ni el de Baker, ni el de Burton, ni siquiera el de Speke, al que se le atribuye el descubrimiento del nacimiento del Nilo. Tampoco se conoce mucho el nombre de Stanley pero sí conocemos el de Livingston. Pero lo que seguro todos conocemos es la épica frase en la que se describe como se encontró a Livingston en Ujiji.

Doctor Livingston, supongo

Henry Morton Stanley, 1871

Esta frase fue pronunciada en Ujiji, el 10 de noviembre de 1871, cuando un joven Stanley, le encontró tras un viaje de más de un año. A Stanley, el New York Herald le había financiado una un viaje sin igual en busca del Doctor Livingston del que no se sabía nada desde hacía dos años, y aquel día, quizá, esta frase ni siquiera se produjese.

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Entre toda la literatura que hay en su vida, Stanley buscó la manera de dar un cierto dramatismo a su encuentro con Livingston, de ahí que en sus libros utilizase esta frase cuando lo más probable es que nunca la llegase a pronunciar. El diario de viaje de Stanley tiene justo esta hoja arrancada, lo cual ya crea una cierta sospecha.

No pudo convencer a un ya muy demacrado Livingston para que regresase con él a Inglaterra. Livingston falleció un año después sin haber cumplido su sueño de demostrar que el Lualaba era el río que daba nacimiento al río Nilo.

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La gran hazaña de Stanley, la resolución del Mito de El Nilo

Dos años después de su regreso a Inglaterra, el Daily Telegraph y el New York Herald, financiaron conjuntamente una nueva expedición de Stanley. El objetivo era solucionar el gran misterio que escondía el Nilo, su nacimiento. Speke había fallecido sin que se reconociese que él había puesto en un mapa el lugar donde el Nilo nace, las Ripol Falls, ya que no había conseguido demostrar que esa era el único punto de salida de agua del Lago Victoria.

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En uno de los viajes de exploración más intensos y apasionados de cuantos se hayan realizado en África, Stanley circunnavegó el Lago Victoria, demostró que Speke tenía razón y que el Nilo tenía su nacimiento aquí. No contento con esto, circunnavegó el lago Tanganika, demostrando que Baker no tenía razón y que de este lago no nacía ningún río que fuese a dar al Nilo. También quiso saber si Livingston llevaba razón en afirmar que el Lualaba era el nacimiento del río Nilo, así que decidió seguir su curso, en terrenos del Congo. Aunque mucho antes de llegar a la costa africana, Stanley ya tenía claro que el Lualaba no llegaba al Nilo porque giraba antes y se dirigía hacia otra dirección, no dejó en su empeño y 1000 días después de empezar su viaje llegó a la costa.

El viaje fue el más complicado y épico de cuantos hayan existido en terrenos africanos: las altas temperaturas, la malaria, la hostilidad de las tribus y la propia selva, hicieron que de los algo más de 350 personas que empezaron el viaje, solo llegasen de vuelta a Zanzibar 114.

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Así Stanley se convirtió en uno de los mejores exploradores de todos los tiempos y aún así no es gran reconocido. Esto no se debe más que a la mala reputación que alcanzó en Inglaterra, al conocerse los excesos que hacía con los indígenas, reputación que empeoró cuando aceptó un trabajo bajo el mando de Leopoldo II de Bélgica para establecer las colonias en El Congo.

Bosque Impenetrable Bwindi. La llegada.

Aquella mañana del mes de Septiembre, ascendíamos lentamente por las serpenteantes carreteras que nos acercaban a Bwindi. El nerviosismo se respiraba en el ambiente. Las conversaciones se centraban en el trekking de los Gorilas que haríamos a la mañana siguiente, de la complejidad del mismo, y del estado físico (el mío no muy bueno este año) en el que nos encontrábamos cada uno de nosotros.

El paisaje había cambiado totalmente. Nos encontrábamos en un terreno montañoso, muy montañoso, y lleno de vegetación. En las laderas de las montañas, para poder cultivar, el terreno estaba hecho en forma de plataformas, del tipo de los arrozales en Vietnam. Se ve que Uganda es un país rico en muchas cosas, sobre todo en recursos. A diferencia de otros países africanos, aquí hay agua y eso mejora las condiciones de la gente, que pueden cultivar y siempre hay algo que llevarse a la boca.

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Cuando llegamos a nuestro alojamiento para el día de hoy, el cielo estaba negro, empezaba a llover y la cosa no pintaba nada bien.

Alojamiento en el Gift of Nature Lodge (Bosque Impenetrable Bwindi)

Esta noche la pasaríamos en el Gift of Nature Lodge, una casa rural en medio del parque Nacional del Bosque Impenetrable Bwindi. El alojamiento es regentado por una familia y es el edificio «más lujoso» que hay en todo el pequeño pueblo.

Llegamos a la hora de la comida, así que lo primero que hicimos fue sentarnos a la mesa. Eramos los únicos inquilinos del hotel, así que estábamos como en casa.

Hicimos uso de las habitaciones, todas distintas y cada una con lo suyo. La nuestra, situada al fondo de un pasillo alrededor del cual se situaban las habitaciones del resto de nuestros compañeros, tenía 3 camas. La mía muy cómoda. La de Rubén no tanto. La habitación es amplia y con un baño, sencillo, pero limpio y cómodo.

Tras la comida y como llovía copiosamente, nos reunimos en el salón de la casa. Allí nos sentamos y estuvimos hablando hasta que pareció escampar un poco.

Un paseo por el entorno del Bosque Impenetrable Bwindi.

Ya no llovía pero el cielo estaba oscuro y no nos daba mucha tranquilidad para el día siguiente. Tal y como nos había pasado en Kibale con los chimpancés, creíamos que si llovía más, además de complicarnos el trekking del día siguiente, puede que eso tampoco fuese bueno para el avistamiento de los Gorilas. El color del cielo no transmitía mucha tranquilidad.

Salimos de la casa y nos fuimos a dar un paseo por el pueblo y por la carretera que bordea el Parque Nacional del Bosque Impenetrable Bwindi. Vimos un montón de primates, sobre todo colobos. Cuando vimos que un pastor bajaba con sus cabras por la carretera dimos la vuelta. No queríamos separarnos mucho del pueblo.

En el pueblo, de muy pocas y humildes casas, dimos un pequeño paseo, observamos el juego de unos niños, y nos fuimos a hablar con un señor que tiene una de las tan habituales en esta zona, fábricas de ladrillo. Allí estuvimos un rato conversando con él y enterándonos de cómo era el sistema de fabricación.

Regresamos a la casa. Empezaba a oscurecer y el cielo parecía que se iba a poner a descargar agua de un momento a otro.

La decisión en la cena.

Durante la cena, hablamos mucho sobre el trekking del día siguiente. Nuestro guía Gilbert nos preguntó que tipo de trekking preferíamos: si fácil, medio o complicado. Aquí hubo quien quería un treking complicado, y yo soy de las que piensa que si el fin es el mismo, es decir, ver Gorilas de montaña, no es necesario hacer un trekking duro. Si todavía fuese por ver el paisaje, pues bien, pero en un bosque donde no se ve más que un palmo por delante, no había necesidad de hacerlo más duro de lo necesario. Si la suerte nos deparaba eso, pues no hay problema, pero si podemos elegir, mejor hacerlo lo más sencillo posible, e invertir el resto del día en pasear.

Gilbert predijo que por la mañana no iba a llover, pero sí lo haría por la tarde, así que cuanto antes terminásemos el treking mucho mejor. Quedamos en que, de darnos a elegir, elegiríamos el treking medio.

Así, nos fuimos a dormir. Con la oscuridad de la noche me sobresalté al escuchar como caía el agua en ese momento. Era ensordecedor y muy muy preocupante. Ya veremos en que queda el trekking de mañana.

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