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Día 12
Diario Norte de Tanzania en 15 días

El lago Manyara y los leones trepadores

El Parque Nacional del Lago Manyara, ocupa una franja de 648 metros cuadrados, situada en la base de la escarpada ladera del Valle del Rift. La mayor parte de la extensión del parque, está ocupada por el gran lago, así que queda una extensión de terreno, entre el lago y la ladera, que fácilmente puede ser recorrida entre unas 2 o 4 horas.

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La accesibilidad al parque, justo desde la misma carretera que va al Ngorongoro o al Serengeti, hace de este parque uno de los más habituales cuando no tenemos mucho tiempo para disfrutar de un safari.

Uno de los mayores atractivos del parque, además de disfrutar del entorno de vida en el lago, es la presencia de leones trepadores. Hay muy pocos lugares del mundo donde los leones han adquirido la habilidad de subirse a los árboles. Esto suele ocurrir en zonas pantanosas o con una humedad en el terreno elevada. Se da aquí, en el Lago Manyara y en Ishasha, en Uganda. Además, recientemente se han encontrado leones trepadores en algunos otros parques, como el Serengeti Central.

Ya os lo comentaba en uno de los primeros artículos del blog, que los tres objetivos que me había planteado en este viaje eran: ver las huellas de homínidos en el lago Natrón, ver este lago rosa y ver un león trepador. Una de ellas no se había cumplido ya, pero me quedaban aún unas horas en Manyara para que la segunda se pudiese cumplir. Hoy mi objetivo en Manyara era ver un león subido a un árbol. ¿Lo habremos conseguido?

Viaja con nosotros

Este viaje «Gran Ruta Norte de Tanzania» se desarrolló tal y como lo estáis leyendo durante el mes de Septiembre del año 2021, en uno de los viajes que realizamos bajo el concepto «Viaja con nosotros». Desde hace años ofrecemos la posibilidad a nuestros lectores, seguidores de redes sociales y clientes de la agencia de viajes a acompañarnos. Y este fue nuestro tercer «Viaje con vosotros».

Si quieres realizar un viaje similar o parecido a este, consulta las fechas de salida regular o si lo prefieres, pídenos un presupuesto para un viaje en privado a un país que estoy segura que te sorprenderá. 

Info@viajescallejeandoporelmundo.com

Amanecer en Karatu

Aquella mañana del 12 de Septiembre de 2021 nos despertamos en un precioso hotel en Karatu: El Marera Lodge. Se notaba en el grupo que hoy era nuestro último día de safari, aunque no nuestro último día de viaje, pero empezaba a notarse en todos, que esto estaba llegando a su fin. No nos hacíamos a la idea de que esto se estaba acabando, y que pese a todo, no podíamos evitar pensar en la cantidad de cosas que habíamos visto durante estos días, y que en realidad parecía que hacía mucho más que habíamos comenzado el viaje.

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Hoy viviríamos nuestro último día de safari en el Lago Manyara, pero podríamos rumbo hacia el Lago Eyasi, a donde deberíamos llegar a tiempo para ver el atardecer sobre el lago.

En el día de hoy salimos del hotel sin desayunar, todavía no había ni amanecido cuando dejamos las mochilas preparadas y listas en las habitaciones, porque volveríamos a por ellas y salimos del hotel. En la cena del día anterior ya Said nos había informado de que saldríamos muy temprano, sin desayunar, porque hoy lo haríamos en un lugar con vistas. Empezaba a amanecer cuando paramos en un mirador sobre el lago, desde donde pudimos comprobar que tenía mucha más agua que nuestra vez anterior, y que había poco parque, o al menos así parecía, por donde pudiésemos movernos con el coche.

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Entrando en el Parque Nacional del Lago Manyara

La entrada al parque nacional del Lago Manyara se encuentra sobre la misma carretera que va hacia Serengeti, pasando la población de Mto Wa Mbu.

¿Sabes lo que significa Mto Wa Mbu en lengua suajili? «Río de mosquitos». Miedo me da solo de pensarlo.

Otra de las características de este parque es la cantidad de babuinos que hay. Ya en nuestra primera entrada al Lago Manyara en el año 2016 habíamos pasado un largo rato contemplándolos. Y es que hay familias muy numerosas, que pueden rodear el coche y que si no tienes cuidado con las ventanillas, se te pueden meter dentro. Cuidado con ellos.

Desayuno con vistas al lago Manyara

Tras esta parada de observación de la vida de los babuinos, que nos dio para muchas risas (algo que no mermó en todo el viaje, las risas) continuamos el trayecto sin detenernos. Y llegamos a un área de picnic, donde años atrás también habíamos parado pero esa vez para comer.

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Os podéis imaginar que aunque solo fuese un café, disfrutado en este entorno, con vistas al Lago Manyara no tiene precio. Pero si acompañamos el café con un buen desayuno completo, entonces ya la situación se vuelve maravillosamente mágica.

Después de ir ayudar a Said a recogerlo todo, de ir al baño ya que hay que aprovechar siempre que se puede, pusimos rumbo al safari en el Lago Manyara.

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Un paseo por el parque

El parque Nacional del Lago Manyara es uno de los parques más fáciles de visitar pero no el parque en el que más fácil es ver animales, y es que aunque hay una gran población de leones y leopardos, verles entre tanta vegetación no es fácil.

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El parque es algo así como una franja de terreno situada entre el propio lago y la escarpada ladera del Valle del Rift, que en esta zona alcanza su mayor desnivel y altura. Cuando visitamos este parque la primera vez, la imagen era muy distinta a cómo lo estábamos viendo hoy. Si ya nos había llamado la atención lo distinto que vimos Tarangire o el Ngorongoro, en el Lago Manyara esta diferencia era aún más notable.

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Ahora el nivel del agua del lago era mucho mayor, de forma que no quedaba nada de pradera. Todo aquel terreno llano y sin árboles, por el que habíamos estado viendo jirafas y hasta un hipopótamo que salió del agua y se nos cruzó mientras estábamos en un mirador, situados sobre una plataforma de madera, habían desaparecido bajo el agua.

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Said nos cuenta que hace un par de años, la época de lluvias fue tan intensa, que el nivel del agua subió tanto, que dejó la parte del parque por la que pueden pasar los coches muy reducido. Todas las plataformas de madera quedaron sumergidas bajo el agua, y a día de hoy ahí siguen. Así que todo lo que podíamos ver del parque iba poco más allá que una carretera paralela a los bordes del rift, y alguna que otra salida para acercarse al límite con el agua o para meternos en el frondoso bosque de Manyara.

Es cierto, el parque ha cambiado y es quizá más pequeño, pero desde luego igual de bonito. Parecía que estábamos en otro parque, y que aquí no habíamos estado en la vida.

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El rastreo de los leones

Cuando llevábamos un rato ya por las naranjas carreteras del parque, que tanto contrastan con la vegetación, Rubén hace parar a Said. Ya os he contado en más de una ocasión que en un safari como este, la colaboración del grupo es fundamental. El guía sabe mucho y ve más de lo que podremos ver nosotros aún yendo de safari toda la vida, pero siempre debemos estar atentos. Si algo nos llama la atención, debemos decirlo, porque nunca se sabe. Lo más probable es que sea un manojo de hierbas, un impala escondido y cualquier otra cosa sin importancia, pero otras veces, puede que hayamos visto algo importante.

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Huella de leon

Esto fue lo que pasó en este momento. Rubén alerta de que le ha parecido ver algo. Said para el coche. Mira hacia atrás. Rubén le dice que le parece haber visto en el suelo una huella de león. En estos momentos mi cara debía ser todo un poema ¿Rubén viendo una huella de león el suelo desde su posición en la parte de atrás del coche? Lo dudo. ¿Por qué lo dudo? Pues porque es cierto que este es el primer safari que hace Rubén después de haber sido operado de la vista, pero aún así, después de sus múltiples operaciones, sigue sin ver gran cosa y ni mucho menos como para ver una huella de león en el suelo desde el coche en movimiento.

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Said, da para atrás al coche. Lentamente. Nos vamos hacia la posición en la que Rubén afirmaba ver una huella de león. Como Said está en el lado opuesto del coche se baja. Efectivamente Rubén sigue insistiendo en que ahí hay una huella de león. El resto de los integrantes del grupo que estaban en la misma posición, empiezan a darle la razón. Said sale del coche, y se va en esa dirección. Yo estoy que no me lo creo. Primero porque Rubén haya visto una huella de león y segundo porque Said se baje del coche tan alegremente.

Said lo confirma. Son huellas de león. Se sube al coche y muy lentamente vamos siguiendo las huellas… Ahora todos estamos expectantes. Vamos poco a poco mirando sobre el suelo donde aparecen las huellas. Por allí hay más…. vamos señalando con nuestros dedos. Y seguimos avanzando. Said confirma que es un grupo grande. Son al menos 7, y que hay crías. Aquí comienza nuestro rastreo.

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Llegamos a un punto donde las huellas se pierden. No hay más. ¿Y ahora? ¿A donde han ido? Said hace girar el coche, tomamos un rumbo distinto. Nosotros no sabemos a donde han ido, pero un buen guía sabe por donde y cómo se mueven los animales, así que al cabo de un rato, giramos en una curva y… ahí estaban. Una manada de unos 8 leones, algunos muy pequeños, tumbados a la sombra de un árbol, en un pequeño claro en el medio de tanta vegetación.

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Si ya era increíble que Rubén hubiese visto la huella, más increíble aún resultaba que tras seguirlas, y rastrearlas, hubiésemos dado con ellos, pero más aún era el que los hubiésemos encontrado en un claro de terreno, en un parque donde esto no abunda.

Jirafas, búfalos y un paisaje diferente

Estuvimos un rato contemplando la manada de leones hasta que decidimos continuar. Nos metemos por ciertos tramos de camino que van a dar directamente al lago y allí se pierden. Vemos búfalos, jirafas, hipopótamos y muchos pájaros de distintos tipos. No es de extrañar, este es un parque que se caracteriza, además de por los leones trepadores, por la cantidad de aves que podemos ver.

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Vimos un paisaje tan distinto a todo lo que habíamos podido ver hasta ahora, que estamos alucinados y maravillados y de repente….

De repente, pasando tranquilamente por un camino dirección norte le vemos a él. Un gran elefante. Said intuye a la primera que está cabreado, así que para el coche y esperamos. Lo que ocurre a continuación es totalmente inquietante.

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El diario de Luis: El elefante del Lago Manyara

Llevábamos varias horas recorriendo el Parque de Lago Manyara por pequeños caminos de tierra entre la vegetación. Es un entorno diferente a otros días en los que las grandes explanadas te permiten estirar la vista hasta horizontes inalcanzables. Aquí, la densa vegetación te rodea y al mismo tiempo ofrece sorpresas inesperadas. El paisaje me recuerda a las películas de Tarzán que veía de pequeño en el cine del barrio.

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Entre la espesura vemos asomar todo tipo de fauna: búfalos, jirafas, antílopes, babuinos, monos azules… por no hablar de la gran variedad de aves. Pero la primera experiencia emocional del día nos la ofrece un elefante, un enorme macho viejo de largos y afilados colmillos.

Lo encontramos a un lado del camino y Said, nuestro conductor, detiene el coche frente a él. De entrada no parece sentirse muy cómodo con nuestra presencia. Puede que lo que más le moleste sea nuestra posición, que nos hayamos atravesado en el punto exacto por donde pretendía cruzar. Sacude la trompa de un lado a otro mientras emite un sonido ronco y áspero. Golpea la tierra con su pata delantera como un toro a punto de embestir.

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No hace falta ser un etólogo para determinar que no está contento. Rubén, que con sus comentarios siempre nos alegra el día, sugiere que no le ha gustado el peinado de una de nuestras compañeras. Nos reímos. De momento estamos relajados y aprovechamos para admirar de cerca este ejemplar tan grande y poderoso hasta que…

Algo provoca que el elefante se agite. Han llegado varios coches que se quedan detrás de nosotros. Uno de ellos trata de adelantarnos, pero Said le hace una señal para que se quede quieto. El elefante sigue al acecho. Hay que evitar cualquier maniobra que le asuste o le enfade aún más.

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Lo tenemos a tres metros escasos de distancia. Se está echando tierra por encima con la trompa sin dejar de barruntar y moviendo las orejas hacia atrás y hacia delante como si quisiera amedrentarnos. Dentro del coche nadie habla. Lo observamos con prudencia y respeto. Hace varios amagos de retirada, yendo hacia atrás, pero se detiene y nos observa como si estuviera calculando un posible ataque.

Veo que Said tiene la mano puesta en la marcha por si, llegado el momento, tuviera que arrancar para salir huyendo. Está claro que si nos embiste, con esa envergadura, volcaría el coche.

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Va de un lado a otro sin perdernos de vista y sin dejar de echarse tierra por encima, formando una polvareda roja alrededor de él. El polvo en suspensión lo envuelve como una neblina, dándole un aspecto casi fantasmal.

Poco a poco, los coches que estaban detrás se van retirando para tomar otro camino y nuestro elefante cambia de posición. Parecía que iba a cruzar al otro lado, pero se queda delante de nosotros, cortándonos el paso y sin dejar de vigilarnos.

Los minutos se hacen muy largos mientras sigue con sus gestos y sonidos amenazantes. Si trata de intimidarnos, lo está consiguiendo. Es posible que esté esperando alguna reacción por nuestra parte, pero en el coche nadie se mueve. Nadie habla.

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No sabemos cual será su próximo movimiento. Él tampoco parece tenerlo claro. Nos da la espalda y empieza a caminar por la orilla del camino alejándose. Todo parece indicar que se está retirando, hasta que se da la vuelta.

Empieza a venir directo hacia nosotros. Acercándose con paso decisivo. Pasa casi rozando la parte delantera del coche y al llegar al costado, se gira para contemplarnos de nuevo. Ahora sí que está cerca. Tengo la sensación de que si estiro el brazo tocaré su trompa. No lo haré, por supuesto y tampoco podría porque he cerrado el cristal de la ventana. Sentado en mi puesto, veo ese enorme animal frente a mí y me siento pequeño, casi ridículo. No es miedo lo que me provoca, sino respeto y asombro.

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Cuando finalmente se gira para perderse entre la vegetación, el interior del coche se llena de resoplidos y expresiones de alivio. Hay que liberar la tensión de estos últimos minutos en los que apenas hemos respirado. Y lo que permanece es la sensación de haber experimentado de cerca una demostración de fuerza y dominio.

Una vez más, la interacción con el medio nos ha atravesado. No hemos sido unos observadores pasivos. Es imposible serlo en este continente. Su energía y grandeza te impregna hasta hacerte parte de él. Es un vínculo que cuando te ha atrapado nunca te va a soltar. Por eso los viajeros que visitan África, quieren y necesitan volver una y otra vez allí. Es como si te arrancara de cuajo todos los prejuicios y manías de personita del primer mundo para ponerte en el lugar que te corresponde. Y eso es algo que difícilmente se olvida.

Luis, 12 de Septiembre de 2021

Momentos tras el encuentro con el elefante

Dejamos atrás la zona del elefante cabreado y el grupo está totalmente impactado. Nadie sabe que decir. Pero todos tenemos en mente lo mismo. Jamás hemos estado en una situación de un peligro inminente, que se palpa en el ambiente, tan grande como esto. Hemos tenido al elefante a escasos centímetros de nosotros. Paralizados. Con la vista baja. No sabíamos ni qué hacer. Los últimos instantes antes de que decidiese retirarse, fueron tan tensos, que la adrenalina la teníamos en niveles que jamás habíamos experimentado.

El móvil de Carmen muestra, tan solo piel de elefante, porque estaba tan tan cerca que era imposible que mostrase algo más. Tras este momento de infarto, continuamos el camino, aunque era difícil desprenderse de la imagen del elefante, intentamos recomponernos y seguir el camino.

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Said para de nuevo el coche. Me mira y directamente me dice: «Vamos a dar por concluida la visita a Lago Manyara ¿Estáis listos?» Yo le miro muy seria y le digo que si, que estamos listos para terminar el safari, pero que yo me voy con pena. Vuelve a mirarme, muy serio, y me dice: «¿No has visto todo lo que querías?». Aquí ya me río. Creo que me río por no llorar. Le digo con una amplia sonrisa en la boca, que sabe perfectamente que me queda por ver un león trepador, que era el objetivo del safari.

Ahora él se ríe también y me suelta: «Bueno, aún no hemos terminado el safari».

Arranca el coche y sin detenerse ni un minuto continua por aquel camino anaranjado. No paramos. Vamos contemplando el paisaje a buen ritmo. Llegamos a lo que parece el final del camino. No parece que continúe hacia ningún lado. Said para el coche. Señala a un árbol y…

La sorpresa del día: los leones trepadores

Efectivamente, ahí estaba. Una leona dormitando sobre la gran rama de un árbol. Ahora sí que no me lo podía creer. Íbamos a dar por concluido el safari, pero no solo en el Lago Manyara, sino el safari en sí del viaje, ya que aunque nos quedaban todavía días en Tanzania, este sería nuestro último día de contacto con animales salvajes. Y así, en aquel último momento, Said tenía preparado esto para mi. No hubo un mejor final para un viaje, para un safari, que este.

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Estaba tremendamente emocionada. Para mi, esto era muy importante aunque al lector le pueda parecer una tontería. Habíamos invertido un día entero en el Lago Manyara hace unos años para ver un león trepador y nada. Habíamos invertido algo más de un día en Ishasha, en Uganda, y nada. Y hoy aquí, con nuestro maravilloso guía Said, habíamos conseguido lo que parecía que ya no llegaría.

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Maji Moto Hot Spring

Estaba tan contenta con lo que acababa de ocurrir que yo podría haberme ido a casa, sin continuar el viaje. Pero el viaje continuaba pero ya me daba igual por dónde, o qué ver o hacer. En nuestro camino de regreso a la entrada del parque Said detiene el coche y nos dice: «Podéis bajar». Este es otro momento mágico de viajes de safari. Porque no te puedes bajar salvo en contadas ocasiones. Estábamos allí, en medio de una carretera del Lago Manyara y ¿Nos podíamos bajar del coche? No hay nada como estos pequeños momentos.

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Estábamos en Maji Moto Hot Spring. Hay que recordar que estamos en una zona volcánica y de elevada actividad sísmica. Estamos en la depresión del Valle del rift. Y aquí podemos ver algunos de los efectos, como estas fuentes de aguas termales.

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Una señal indica lo siguiente: «Las fuentes termales se forman cuando las lluvias caen en las tierras altas circundantes y se filtran en las rocas sedimentarias más bien porosas. A medida que el agua de lluvia desciende por las rocas, recoge una gran variedad de materiales, desde el radio hasta el azufre. Además, a medida que se adentra en la superficie, se calienta por el calor primitivo de la tierra y acaba encontrando una gran falla de empuje y una grieta. A medida que el agua desciende detrás de ella, obliga al agua calentada a ascender a lo largo de la falla hasta la superficie como agua caliente o tibia.»

Estuvimos un rato en esta zona, metiendo las manos en el agua caliente, asombrándonos de la elevada temperatura de esta y dando unos paseos por esta singular playa del Lago Manyara.

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Said en la playa de Manyara

Comiendo en Marera Valley

Después de un montón de días sin comer en un lodge o restaurante, hoy teníamos tiempo para hacerlo. El parque Nacional del Lago Manyara es pequeño, se recorre rápido y además en esa mañana habíamos visto más de lo que esperábamos ver. Así que hoy íbamos a disfrutar de una tranquila comida en Marera Valley.

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Tras la comida, metimos las mochilas en el coche y pusimos rumbo al Lago Eyasi. Antes de llegar, pasamos por una pequeña población donde recogimos al que sería nuestro guía local y nuestro intérprete, ya que en el Lago Eyasi,, entre otras cosas iríamos a visitar un poblado de la tribu Hadzabe, que tienen una peculiar forma de comunicarse.

La llegada al Lago Eyasi.

Recogimos a nuestro guía y continuamos hacia el que sería nuestro alojamiento para esta noche: el Lake Eyasi Safari Lodge situado en un entorno que desde el primer momento me enamoró.

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Antes de hacer uso de nuestras habitaciones, nuestro intérprete nos enseñó algunas palabras y frases en el idioma Hadzabe. Bueno, enseñar lo que se dice enseñar, no. Lo intentó. En un grupo como el nuestro donde todo eran risas y buen rollo, intentar aprender palabras en un idioma que se basa en chasquidos y ruidos raros, no hizo más que hacer que las carcajadas se escuchasen en la otra punta del planeta.

Lo intentamos, pero la verdad que la mayoría, no lo conseguíamos. Eso sí, que no sea por intentarlo. A partir de este momento, iríamos repitiendo los saludos hasta el final del día.

El hotel era precioso y en un entorno ideal. Con vistas a la puesta de sol, con una piscina pegada al lago y con unas vistas del lago maravillosas. Por no decir que todo el complejo me pareció muy bonito. Las habitaciones y el baño muy amplio, pero ya sabéis que cuanto más espacio tengamos, más ocupamos. En nada, teníamos toda la habitación llena de ropa y trastos. Yo aproveché para rehacer la mochila que ya empezaba a notarla muy desordenada, así que lo primero que hice fue sacarlo todo.

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Atardecer en el paraíso. El Diario de Rosa.

Si me dicen que en África me voy a encontrar con un paisaje más parecido a lo que tenemos en mente de lo que es El Caribe, no lo creo.
Pues después de pasar por una zona muy rural, de casitas muy humildes, una carretera que tenía unos baches enormes, que si llueve no podemos pasar ni con el todoterreno, llegamos al Paraíso.

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Íbamos riendo porque nuestro nuevo guía nos estaba enseñando a saludar en el idioma Hadzabe, y teníamos que hacer un ruido con la boca mientras hablábamos. Esto nos provocaba carcajadas, y le contagiábamos a el también. Y de repente, paran el coche y llegamos a este lugar impresionante y además íbamos a ver la puesta de sol.

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¿Qué veíamos?. Un lago salado donde las Palmeras, se reflejaban dentro de un agua quieta, y provocaba una imagen, totalmente hermosa y calmada. Es un lugar donde los pescadores, en la orilla, colocan y arreglan sus redes para salir a faenar en sus barquitas. Sólo pescan, no es navegable.

Cuando el sol empezó a bajar ya era el no va más. Que fotos más bonitas y sobre todo, que imagen en nuestra retina.
No podemos imaginar cuánta magia se puede encontrar cuando viajas. Puedes preparar, imaginar cómo va a ser , pero siempre habrá algo que te va a demostrar, lo inmenso que es el mundo. Eso nos pasó a nosotros, nada se parecía a lo visto, cada vez era algo diferente, hermoso, incluso nosotros estábamos diferentes, dicharacheros, felices.

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Y seguimos riendo y entrenando para saludar a nuestros amigos al día siguiente. No sé si pasaremos el examen pero siempre nos queda gesticular (idioma mundial). Cosa que descubrimos que ellos hacían de maravilla. Se hacían entender muy bien, pero eso es otro capítulo y otro día.

Rosa, 12 de Septiembre de 2021

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Haciendo balance.

Tras ese maravilloso atardecer vivido en la orilla del Lago Eyasi, regresamos al hotel, donde entre otras cosas, decidimos relajarnos tomando una cerveza. No había mucha gente alojada. Es más, nos comentaba Said que no es un destino habitual y por tanto no llegan muchos turistas. El hotel no es que fuese grande, pero estábamos nosotros y un grupo de 4 más. Así que teníamos espacio de sobra para disfrutar.

Nos sentamos en unos butacones, en una especie de salón y allí disfrutamos de nuestras cervezas tranquilamente. Y llegó la cena y como cada día tocaba hacer balance, recordando, no solo lo que había sido este día en el Lago Manyara, con el elefante enfadado y el león trepador, sino para hacer recuento de lo que estaba siendo, y había sido, este gran viaje.

En el día de hoy, en el lago Manyara, habíamos visto un grupo de 8 leones más el león trepador, lo que hacían un número total de 9. El total del safari quedaba por tanto en 44 leones, 9 guepardos, un leopardo y un rinoceronte ¿se podía pedir más?

Nos fuimos a acostar. Tocaba volver a madrugar mucho. Salir sin desayunar una vez más, porque tocaba visitar, al amanecer a la primera de las tribus del día: Los Hadzabe.

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