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Diario de viaje Ecuador y Galápagos en 18 días

Excursión de un día a León Dormido, en San Cristóbal (Galápagos)

Comenzaba el día en el que, sin saberlo del todo, o quizá sí, estaba a punto de vivir una de esas experiencias más gratificantes que haya vivido en un viaje.

León Dormido, con su imponente silueta de roca emergiendo del océano, es uno de esos lugares sorprenderán incluso al que no le guste el mar. Allí te espera un mundo submarino de película, donde es posible nadar entre tiburones martillo, tortugas marinas, rayas, leones marinos y bancos de peces de mil colores. En la superficie, el entorno también impresiona: aves que sobrevuelan las cimas, aguas de un azul casi irreal y una sensación de aislamiento con el que parece que te encuentras en otro mundo.

leon dormido snorkel galapagos

Eso sí, mi experiencia fue totalmente distinta las dos veces que hice esta actividad, y es que, al final, se trata de un entorno natural, de un entorno salvaje y libre, donde lo que verás solo va a depender de lo que la naturaleza quiera que veas este día. Así que el componente de suerte, en este caso, es una parte muy importante de la ecuación. Pero lo que está claro, es que la visita a León Dormido debe ser una actividad imprescindible en tu visita a las Islas Galápagos.

Viaje con Vosotros

Este «Viaje con Vosotros a Ecuador en 18 días» se desarrolló tal y como lo estáis leyendo durante el mes de Agosto de 2025, en uno de los viajes que realizamos bajo el concepto «Viaje con Vosotros». Desde hace años ofrecemos la posibilidad a nuestros lectores, seguidores de redes sociales y clientes de la agencia de viajes a acompañarnos. Y este fue nuestro Séptimo «Viaje con vosotros».

Si quieres realizar un viaje similar o parecido a este, consulta las fechas de salida regular o si lo prefieres, pídenos un presupuesto para un viaje en privado a un país que estoy segura que te sorprenderá. 

Info@viajescallejeandoporelmundo.com

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Somos agencia con licencia AV.240.AS

Mis dos experiencias en León Dormido.

Si como digo hay una parte muy importante que depende de la naturaleza y lo que ese día decida mostrar, hay otros factores que hicieron que mi experiencia fuese muy distinta las dos veces. Repetí esta excursión tan solo 15 días después de hacer la primera, y ya, de base, partimos de que mi experiencia primera nada tuvo que ver con la segunda, y mucha «culpa» de esto la tienen también los compañeros.

san cristobal galapagos

Recordemos que este viaje forma parte de uno de estos «Viajes con vosotros» que realizo cada año, y que este año, el 2025, decidí hacer dos viajes seguidos al mismo destino: Ecuador con Galápagos, dado el éxito del primero. En el primer grupo éramos 14 personas y en el segundo éramos 16.

Hay que partir de la base de que las visitas que se hacen dentro del Parque Nacional Galápagos tienen varias cosas a tener en cuenta, y todo es por la protección del medio:

  • Por un lado, no es posible hacer visitas «a tu aire» de ninguna parte del parque. Solo es posible hacerlas con guías autorizados.
  • Además, estas visitas, en muchos casos, deben ser compartidas, ya que como máximo, cada barco para determinadas excursiones solo pueden ser de un máximo de 16 personas. De forma que además esté organizado para que todo el mundo no esté en el mismo sitio a la misma hora. Esto significa, que sobre todo para grupos, no puedes escoger algunas de las excursiones que quieres hacer en tus escasos días en Galápagos. Depende de lo que el Parque Nacional te diga qué debes hacer este día.
  • Unido a todo esto, la excursión a León Dormido, uno de los «acuarios» más espectaculares de la isla de San Cristóbal tiene normas más restrictivas aún. En lugar de grupos de 16 solo pueden acceder grupos de 12 personas. Y esto en nuestro caso, supuso que el primer grupo se tuviese que partir en dos.
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Y digo el primero porque siendo 14, había dos personas que debían de ir en otro grupo. Y claro, en un grupo como éste en el que ya todos somos amigos, separar a dos personas era un auténtico drama. Al final, para que la cosa no fuese más complicada de lo que ya era, yo decidí ser una de las dos personas que se separaban del grupo. Y conmigo, Ana, que lleva viajando conmigo y los grupos de «viaje con vosotros» desde el año 2018. Es decir, es la persona más veterana viajando en estos grupos. Así que ella y yo nos separamos y compartiríamos con 10 personas desconocidas nuestra primera visita a León Dormido.

Por lo que ya no vivimos con el resto de nuestro grupo esta aventura, y por tanto todo lo que voy a contar en este artículo, forma parte de una experiencia compartida con tan solo Ana. La parte del grupo, fue distinta, además, a la nuestra. ¿Por qué?

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Las excursiones a León Dormido, además de tener un número de personas máximo que pueden ir en cada barco, ni se hace la visita a las mismas horas, ni se hace la misma excursión en sí. Lo único común a todas las que se hacen ese día es que visitarás León Dormido. La hora, solo depende de cuando el Parque Nacional decida que tu grupo va a entrar. De esta manera evitan que todo el mundo vaya a las mismas horas y hace que te sientas casi solo durante toda la experiencia.

Por otro lado, además de ir a León Dormido, durante esta actividad se visitan otras zonas y esas otras zonas tampoco son las mismas. Depende mucho de tu grupo la visita será a unas playas o a otras. Esto significa que Ana y yo no coincidimos en todo el día con nuestro grupo, salvo un rato en León Dormido porque cuando nosotros llegábamos ellos se iban.

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Pero tampoco visitamos las mismas playas en los lugares que yo llamo «de espera». Lugares a los que te llevan antes o después de León dormido mientras esperas a qué sea tu turno, o esperas a que llegue la hora de comer si has hecho la actividad a primera hora de la mañana.

Experiencia con los buzos.

En León Dormido se pueden hacer dos tipos de actividades: hacer snorkel (el que ibas a hacer todos en el primer grupo y la mayoría del segundo) o hacer buceo.

En el segundo grupo, Myriam y Chema, iban a hacer esta actividad de buceo por lo que de los 16 que éramos en el grupo aún quedábamos 14 para hacer la excursión a León Dormido. Como la excursión es de máximo 12 personas, aún había dos personas que tenían quedar fuera. Es cierto que en este segundo grupo no sería tan dramático porque habíamos empezado el viaje sin conocernos. Pero finalmente, como Ana y Nacho se tuvieron que quedar en el Hospital de Guayaquil, el grupo se había reducido y finalmente compartimos todos la experiencia en León Dormido, juntos.

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Ballena jorobada

En el primer grupo, Ana y yo, que quedamos fuera de nuestro grupo, haríamos la excursión a León Dormido con un grupo de buceo. Es decir, nuestra actividad iba a ser totalmente distinta a la de los que hacen solo snorkel.

  • Primero porque en la actividad con los buzos, éstos hacen dos inmersiones en León Dormido de unos 45 minutos cada una. Hacen una, bajan, descansan, se cambian las botellas y se vuelven a sumergir. Esto significa que los que hacemos snorkel, también haremos lo mismo, haremos dos veces snorkel, en un total de 1 hora y media.
  • En el caso de los que solo hacen snorkel todo el barco, esto se reduce a una hora.
  • Además, hay que tener en cuenta que si se va a estar mucho más tiempo en la zona de León Dormido, 1 hora y media de inmersión, más el tiempo de descanso en el medio, significa que todo este tiempo se reduce del tiempo de playa. En la zona de playa, por ejemplo, la gente que hacía buceo prácticamente no se bajó del barco, porque estaban haciendo las pruebas del equipo. Y este tiempo que nos dejaron el la playa fue mucho menor que el que les tocó a nuestros otros compañeros de aventura o lo que yo hice en mis segunda visita a León Dormido, 15 días después.

Mi segunda vez en León Dormido, la experiencia de excursión fue la misma que vivieron el resto de nuestros compañeros de aventura en el primer grupo.

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Nos despertamos en San Cristóbal.

Nos despertamos cuando aún no había amanecido en Puerto Baquerizo Moreno. Habíamos quedado en el puerto a las 7 de la mañana con el chico del centro donde habíamos ido a escoger los trajes de neopreno y el equipo de snorkel el día anterior.

Salimos con un desayuno básico en una bolsa de plástico. Ana y yo, fuimos las primeras en salir y dejamos atrás al resto del grupo que tenían que madrugar menos, ya que ellos salían más de una hora después que nosotras y podían desayunar sin problema en el hotel.

En nuestro paseo hasta el puerto, aproveché para dejar una bolsa con ropa sucia para lavar, prometiendo volver a por ella al terminar la excursión de León Dormido. Calculábamos que a eso de las 3 de la tarde. Me costó unos dos dólares y medio hacer esta colada.

Nos dio tiempo a dar unos paseos por el puerto, y a sacar una foto de la maqueta de la isla donde divisábamos la situación de la gran roca de León Dormido. Nuestro acompañante hasta el barco nos llevaba también unas galletitas de chocolate para hacer más amena la espera, aunque Ana y yo empezamos a comer algo de lo que llevábamos para el desayuno.

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Empieza la aventura. Nos vamos a León Dormido.

Nos subimos al barco. Un barco de dimensiones mucho más grande de lo que yo me esperaba. Claro está, teníamos que llevar no solo a las 12 personas qué íbamos a hacer la actividad, sino todo el equipo de buceo de 9 personas que iban a bucear. Allí conocimos al que sería nuestro guía de snorkel, Osvaldo, al resto de la tripulación (4 personas más) y al resto de nuestro equipo de aventura.

Poco después de partir, nos dieron unos zumos y un poco de café o té. Lo que vino bien para despejar y para meter algo de líquido en el cuerpo. Sobre todo el café. Era muy temprano, todavía no había salido el sol con potencia suficiente para calentar el ambiente y hacía algo de frío.

Desde que partimos del puerto, hasta que llegamos a la primera playa donde pudimos desembarcar, pasaron alrededor de dos horas navegando. Dos horas que se hicieron cortas ya que íbamos viendo el paisaje y emocionados con la posibilidad de que pudiésemos ver delfines o mejor aún, ballenas.

Playa del Cerro Brujo

En la Playa del Cerro Brujo desembarcamos muy poquitas personas. El resto se quedaron en el barco preparando y probando el equipo de buceo. Nuestro barco, como era grande, no podía acceder a la playa y lo hicimos en una barca un poco más pequeña que nos tenía que volver a recoger pasados no muchos minutos. Creo que no estuvimos allí ni una hora.

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Era muy temprano y no apetecía ni meterse al agua, ya que aún no hacía calor, y el agua no es que estuviese caliente. Así que Ana y yo decidimos dar unos paseos por la playa, una playa con una arena finísima y de color blanco coral.

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Ana en la playa del Cerro Brujo

Realmente no nos importó mucho no poder meternos al agua, ya que desde la misma playa, todo lo que se podía observar nos llamaba mucho la atención. Sobre todo los pájaros, que a aquellas horas debían estar desayunando porque se metían a gran velocidad en el agua.

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Nos fuimos hasta unas rocas, porque las rocas siempre suelen guardar secretos, y allí vimos iguanas, cangrejos, y muchos leones marinos. Decidimos sentarnos un rato, contemplando, sin más, todo lo que teníamos delante, con León Dormido al fondo, dominando todo el paisaje.

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En la punta de las olas, una guía oficial del parque, paseaba mientras un león marino quería jugar con ella. No paraba de acercarse, tocarle una pierna, y salir nadando rápido. Una situación un tanto cómica y sobre todo llamativa.

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El tiempo que estuvimos allí se hizo muy corto y cuando nos subimos al barco, nos preguntábamos donde estarían el resto de nuestro grupo en aquel momento, si nos echarían de menos, si se acordarían de nosotros, y si estarían ya en León Dormido, aunque lo dudábamos ya que aunque habían salido más tarde que nosotros podrían haber ido primero ellos allí. Lo que no sabía en este momento, es que la experiencia de ellos se había parecido mucho más a lo que yo viví en mi segundo viaje a León Dormido.

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León Dormido con el Segundo Grupo.

Como decía, la experiencia con el segundo grupo fue muy distinta a la del primero y tiene que ver también que la viví con el propio grupo.

En esta ocasión desayunamos en el hotel, porque no teníamos que madrugar tanto y fue la única vez, de las 4 noches que pasé en él, que conseguí probar su desayuno. No es que fuese nada del otro mundo, pero al menos era más abundante que el box para llevar y sobre todo, había café caliente.

Maialen y Jose contemplando los animalitos del puerto

Como teníamos que madrugar menos, nos dio tiempo a dar un paseo mucho más largo por el puerto y seguir recreándonos con lo todo lo que se puede ver con solo acercarte al mar y observar.

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Como una garza nocturna coroninegra que vimos plácidamente descansando sobre una roca en el puerto.

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Nos subimos al barco y aquí ya me sorprendió que el tamaño era más pequeño que el que habíamos utilizado en mi visita anterior. Claro, ahora no había que llevar equipos de buceo, así que se veía todo más estrecho. Pero por contra, me encontré con un barco tipo yate en el que pudimos salir al exterior y disfrutar un poco más del aire en la cara.

Durante el trayecto, las caras e mis compañeros, lo decían todo.

Antes de llegar a la primera de las paradas, hicimos un intento de pesca. Bueno, para ser sincera, lo hizo la tripulación. Los demás, solo esperábamos y contemplábamos la punta de la caña, esperando ver si esta se movía o no. No hubo suerte. Lo único que conseguimos fue una bonita foto de la caña con León Dormido al fondo.

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Tuvimos una travesía tranquila. Esta vez el trayecto fue más corto hasta la primera parada, aunque hicimos más. Y la primera parada la hicimos en la Playa el Manglecito.

Playa El Manglecito

No es una playa tan espectacular como lo era la del Cerro Brujo, aunque he de decir que parece una piscina, sin embargo lo que había bajo el agua en esta playa me dejó sin palabras. El barco se acercó lo suficiente para que nos pudiésemos bajar del barco sin más. Según nos íbamos bajando ya empezamos a percibir lo que nos esperaba. ¡Tortugas! pero muchas tortugas.

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Aunque el agua estaba muy turbia, porque el mar estaba bastante más agitado aquí y levantaba mucha arena, se percibían las tortugas a simple vista, desde arriba, sin nada más que mirar. No hacía falta hacer snorkel para verlas. De cuando en cuando asomaban las cabecitas y se volvían a meter en el agua. Cubría muy poco, lo que facilitaba enormemente verlas.

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Ainara y Amalia con las tortugas

Aquí, incluso la cámara del móvil sacaba fotos bastante decentes. Dentro de que es lo que es y no hay mucho de donde rascar con un móvil. Pero se ve perfectamente lo que os cuento. Tortugas por todos lados, e incluso había veces que tenías que quedarte muy quito para no tocarlas porque te pasaban muy muy cerca. Había muchas tortugas, así que el tiempo en esta playa se pasó volando.

Cuando nos subimos al barco, era el momento de tomar un aperitivo, porque aún nos quedaba mucho día por delante.

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Antes de seguir en dirección a León Dormido, tuvimos la oportunidad de seguir navegando en dirección a Cerro Brujo, una zona de acantilados con cara de Brujo, en la que en mi primer viaje solo había pisado la playa.

acantilados cerro brujo galapagos

En esta ocasión no pisamos la playa pero nos dirigimos hasta esta zona para ver algo que no habíamos visto en aquella ocasión: los acantilados de Cerro Brujo y sobre todo la que se considera una de las imágenes más conocidas de León Dormido.

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Desde aquí pusimos rumbo, directamente hacia León Dormido. Tocaba hacer snorkel en una de las zonas más impactantes de Galápagos. ¿Conseguiríamos ver algo? Eso solo la naturaleza lo podría responder.

Snorkel en León Dormido.

El barco se acerca lentamente hacia la roca partida de León Dormido. El corazón se acelera y tengo tanta expectación puesta en lo que va a pasar aquí que tengo miedo que me decepcione. Porque la naturaleza es así, puede mostrarse o no mostrarse, pero por alguna razón estaba segura que la experiencia me iba a encantar.

Cuando llegamos en nuestro barco para buceadores a la zona de León Dormido no paraba de sonreír. Tenía unas tremendas ganas de tirarme al agua y descubrir que se esconde tras esas aguas tan negras.

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León dormido es una enorme roca, partida en dos, en medio de alta mar, donde por alguna razón, muchos peces han decidido de esta zona hacer su casa. Así que se le considera un auténtico acuario marino, y una zona única del mundo.

Antes de llegar a León Dormido ya nos habíamos puesto toda la ropa, el traje de neopreno y con las aletas y máscara para hacer snorkel preparada. No podíamos perder ni un solo minuto ya que el tiempo corre rápido y no podemos excedernos. Eso sí, nosotras, al ir con el grupo de buceo teníamos dos intentos para ver algo bajo el agua. El primero de 45 minutos. Creía que se me iba a hacer largo, pero no fue así.

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Cuando ya todo el equipo de buceo estaba en el agua (eran los primeros en partir) las 3 únicas personas del grupo que no íbamos a bucear nos tiramos al agua. Ana, una chica más y yo. Ana era la encargada de llevar el flotador de emergencia. Recordad que estamos en alta mar, en una zona donde la profundidad es muy elevada y donde las corrientes pueden ser un auténtico peligro. Unido a esto, el mar puede estar más o menos agitado, y la roca está partida en dos, por donde la corriente puede ser aún mayor. Así que hay que ir con cuidado.

Si haces por primera vez snorkel aquí, ten por seguro que saldrás siendo un profesional.

Cuando me tiré al agua, ajusté bien mi máscara y metí la cabeza bajo el agua quise llorar de la emoción. No me podía creer lo que estaba viendo en este momento. Si León Dormido nos había recibido así no sabía qué más nos podía ofrecer. Justo debajo de mi y no a mucha distancia tenía dos mantarrayas.

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Aquello solo podía ir a mejor. Y lo fue.

No tengo grandes fotos, porque las fotos que saqué de mi móvil no es que sean las mejores, es lo que hay, y las el resto de las fotos son capturas de pantalla de algunos videos sacados por nuestro guía-instructor de snorkel. Así que no es que sean las mejores fotos del mundo pero para mi son las más especiales.

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Poco después de empezar con el snorkel vienen las tortugas, estaban por todos lados. Allá donde mirabas había peces de colores, rojos, amarillos, pero sobre todo había muchas tortugas.

La instrucción que nos habían dado era no separarse del grupo, estar pendientes de tus compañeros y seguir la roca sin separarse mucho de ella. En este momento yo ya estaba a lo mío, porque había perdido la noción del espacio, del tiempo y del momento. Lo que tenía ante mi era lo más increíble que había visto bajo el agua. Miraba de reojo de cuando en cuando hacia Ana, que al llevar el flotador salvavidas se le veía bastante bien, y nuestra otra compañera llevaba las aletas de color fucsia así que también se le veía bien. Al ser tan pocos costaba más no perderse del grupo.

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Justo en uno de esos momentos en los que levanté la cabeza escucho voces desde afuera, desde algún punto del mar. Miro hacia todos los lados y veo un barco de color blanco (el nuestro era rojo) desde donde provienen las voces y manos agitándose. ¡Son ellos! Nuestros compañeros de grupo que ya habían acabado su snorkel y volvían de regreso, suponíamos a puerto, a comer o no sabíamos a donde, mientras a nosotras dos aún nos quedaba mucha sesión bajo el agua.

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Dos tiburón martillo y una tortuga, además de peces rojos

Y llegaron ellos. Una bancada enorme de tiburones martillo. En estos momentos yo no lo sabía, pero parece ser que es uno de los avistamientos más preciados de todos aquellos que bucean. Y lo supimos porque al terminar nuestros primeros 45 minutos de snorkel y subir al barco, el resto del grupo que había estado buceando se sorprendió y lamentó porque ellos no habían visto ni un solo tiburón martillo y era precisamente a lo que venían, a verlos.

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La experiencia del grupo mientras nosotras estábamos en León Dormido.

Rosa en León Dormido

ROSA ecuador

«Hacia tanto tiempo que no hacía snorkel y más en altamar que estaba nerviosa, pero muy emocionada. Creo que era una sensación que teníamos todos. De camino, no hacíamos más que mirar a todos lados, para no perder cualquier animal que estuviera cerca, tanto en el mar como en la costa. Y gritábamos…..una tortuga, allí, allí,….una manta…..una fragata …

De repente y delante, El León Dormido, una gran roca que ya habíamos visto de lejos, en varias posiciones, y ahora casi lo tocábamos . 

Pararon el motor, nos colocamos los neoprenos, las mascaras, las gafas, el tubo y empezamos a bajar al agua y guiados por Mafer fuimos descubriendo lo que nos esperaba aquel fondo tan claro y especial. 

Reconozco que eran tal las ganas de ver, que a veces perdía de ver. Tengo una sensación tan intensa que me cuesta hasta recordar. 

No sé cuánto tiempo estuvimos en el agua, pero me supo a poco. No tenía ni cansancio, ni frío, NADA……. solo FELICIDAD».

Rosa (Quinto viaje con nosotros)

Ana en León Dormido

ANA ecuador

«¡Hoy era el día!  Uno de los más esperados por mí en este viaje…

Aunque ya había vivido momentos muy especiales en viajes anteriores, sabía que este sería un día imborrable en mi memoria y estaba deseosa.

Ya había practicado snorkel en alguna que otra ocasión,  pero esto,  era otra cosa muy distinta, por todo, por el lugar, por el grupo, por la experiencia….

Enfundarnos en los trajes de neopreno, colocarnos las gafas,  el tubo y al agua…

Y ahí, frente al León Dormido sumergirnos, con nuestra guía Marfer  y dejarnos llevar para  observar cualquier vida animal que el mar quisiera regalarnos y grabar en nuestras retina. No recuerdo exactamente cuánto tiempo permanecimos en el agua, no había frío ni cansancio, solo había que flotar y  mirar a todos lados en esa inmensidad de mar.

Y al subir a cubierta, compartir con todos la experiencia, que en mi caso, ¡me quedé con ganas de más!»

Ana, tercer viaje con nosotros

Iker en León Dormido

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De todo el viaje este era el día que más expectativas había generado en nosotros. Desde primera hora estábamos nerviosos por la increíble excursión que íbamos a vivir. Partiendo del puerto nos dirigimos navegando rumbo a León Dormido. Su figura vertical nos acompañó durante todo el trayecto. Al llegar a la isla los nervios aumentaron porque sabíamos lo que íbamos a presenciar.

Nos preparamos poniéndonos el neopreno, las gafas y las aletas y saltamos al agua. Siguiendo las indicaciones de nuestra guía Mafer todo el grupo nos mantuvimos juntos observando y disfrutando todas las maravillas que encontramos bajo el mar. En esa inmersión pudimos ver como diferentes peces de colores nos rodeaban, varios tiburones martillo daban vueltas al fondo del mar, como leones marinos intentaban jugar con nosotros y las increíbles tortugas nadaban tranquilamente y nos saludaban cada vez que salían a la superficie a respirar.

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Salva no se atrevió a tirarse al agua y nos vigiló desde el barco, eso me trasmitió mucha tranquilidad. Antes he puesto que estábamos todo el grupo, pero en realidad no fue así. Ana y María tuvieron que separarse de nosotros ya que no entrábamos los 14 en el barco y tuvieron que hacer la excursión con otro grupo. La experiencia es increíble, en cualquier caso, pero no es lo mismo hacer la excursión con nosotros o con otra gente.

Iker, tercer viaje con nosotros

Salva en León Dormido

Salva ecuador

El miedo me pudo en León Dormido y me quedé en el barco. Le presté mi mascara a Jose porque la suya se rompió y el tubo de respiración se perdió en las aguas. La tarea de la tripulación era vigilar al grupo de snorkel y yo tampoco los perdí de vista.

A Iker le dio tranquilidad que yo también estuviese atento, pero lo cierto es que, durante una media hora, todos los que quedamos en el barco vivimos nuestra propia hazaña. Maniobrando, conseguimos rescatar el tubo de la máscara de Jose, pero a costa de no haber estado del todo pendientes. En fin, es momento de confesar que no estuve precisamente atento todo el tiempo, aunque allí mentí como un bellaco.

Salva, segundo viaje con nosotros

El segundo snorkel en León Dormido.

Subimos al barco y llegó la hora de comer algo ligero, fruta, y beber, beber mucho para no deshidratarnos. Al fin y al cabo hacer snorkel en estas condiciones desgasta mucho y aún nos quedaban otros 45 minutos más.

Cuando nos tiramos por segunda vez al mar, Ana decidió quedarse en el barco. Con sus primeros 45 minutos había tenido suficiente. Es cierto que el agua está muy fría y aún con el traje de neopreno puedes sentir frío. A mi me daba igual, quería seguir viendo lo que el fondo del mar me ofrecía.

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Tiburones, eso fue lo siguiente que vimos. Y peces, miles de peces y un color de coral increíble. Y sobre todo ellas, las tortugas. Estaban por todos lados. Era una auténtica maravilla verles.

Ahora éramos solo 3 personas en el agua haciendo snorkel. El instructor, la otra chica y yo.

Me quedo sola en León Dormido

Hace muchos años, cuando yo sí buceaba, tuve un problema bajo el agua. Después de aquello me costó mucho volver a poder hacer snorkel, me generaba mucha ansiedad y tardé años en volver a poder hacerlo de forma un poco más natural, sin estrés. Estas condiciones no son las mejores para hacer snorkel por lo que a veces llegaba a sentir algo de inseguridad, pero me conseguía regular sola. Aún así, cuando vi que Ana no se metía al agua, le pedí que me vigilase, que no perdiese de vista.

Y cuento esto por dos razones. Una por lo que pasó a continuación y otra por lo que pasó en mi snorkel con el segundo grupo que contaré más adelante.

En esta ocasiones fuimos los del snorkel los que nos bajamos antes. Parece ser que los del buceo los iban a llevar a otra zona, pero yo en este momento no lo sabía.

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Tiburones, una tortuga y muchos peces

Nos dejaron en una zona donde debíamos cruzar el canal de entre las rocas, sin meternos porque había mucha corriente. Y por entre las dos rocas la corriente era muy fuerte. Me encontraba con la cabeza bajo el agua, sumergida, supongo que mirando alguna tortuga, calmada, serena, qué tranquilidad dan cuando las ves pasar con su nadar lento. Cuando levanto la cabeza para ver donde estaba el instructor y la otra chica me llevo la sorpresa de mi vida. ¡No les veo!. Pero no les veo ni a ellos ni al barco. El barco se había ido a llevar a los buzos a otra zona. Yo no lo sabía. Y mis dos compañeros de snorkel no sabía donde estaban. Miré hacia todos los lados. No veía a nadie. Estaba yo, León Dormido y bajo el agua miles de peces y especies marinas. Pero no veía a ningún ser humano.

Mi momento estrés en el agua

De repente, al otro lado del canal, veo un tuvo naranja. ¡Son ellos!. Tengo que alcanzarles. Y aquí fue mi otro error. Intentar hacerlo lo más rápidamente posible, nadando con fuerza, moviendo las aletas con todo el impulso que podía, luchando contra la corriente. Avanzaba lento, muy lento, pero vi que ellos estaban parados. Al menos parece que me estaban esperando.

Seguí nadando todo lo que pude y cuando llegué a su altura, me dio un tirón en una pierna. No podía moverla, me dolía horrores. Me quité la mascara como pude y grité, hasta que llamé la atención del guía. Vino hacia mi y le dije que me había dado un tirón en una pierna y que se me estaba subiendo un gemelo. Me ayudó. Me estiró la pierna y poco a poco me fue calmando el dolor. Seguí haciendo snorkel, pero ya con algo de miedo a que me fuese a pasar de nuevo y moviendo las piernas lo mínimo posible.

Ya al final del tiempo de snorkel, nos dejamos sorprender y dejamos que jugasen a nuestro alrededor unos leones marinos. Se acercan tanto que parece que te van a tocar, pero justo en ese momento dan media vuelta y se van a gran velocidad. Estuvimos así un rato largo y ya decidimos salir del agua.

Al salir del agua y subirme al barco, si el dolor de la pierna no era ya suficiente, me encuentro con un olor a gasolina muy fuerte. Y es un olor que no soporto. Empezó a revolvérseme el estómago. Estaba mareada. Cada vez más. Le quise echar la bronca a Ana por no haberme estado vigilando mientras estaba en el agua y no haber visto que me perdía del grupo, pero solo pude decirles tres palabras en plan de broma, reírnos un rato y a continuación me tuve que sentar. Estaba realmente mal. Me dieron una lima para que fuese mordiéndola. Dicen que es mano de santo para el mareo. No fue así.

Lo siguiente que recuerdo fue formular la pregunta ¿por la borda o en barco? Me señalaron hacia la borda, y ahí fue todo lo que tenía dentro. No pude volver a probar nada más. Es decir, no comí, que era lo siguiente que tocaba hacer antes de poner rumbo de vuelta a Puerto Baquerizo Moreno.

Mi experiencia en León Dormido con el segundo grupo.

Ya lo comenté al inicio del artículo, que nunca las experiencias son iguales, que mi experiencia con el segundo grupo fue muy distinta a la primera y que la naturaleza es lo que es, y unas veces se muestra y otras no tanto.

Cuando llegamos esta segunda vez a León Dormido era mucho más tarde que la primera. El mar estaba bastante levantado. El barco se movía bastante y al llegar a León Dormido ya notamos, sin ni siquiera bajarnos del barco, que las corrientes eran mucho mayores. Si os voy a ser sincera, y pese a lo que viví la primera vez, sentí ganas de no meterme al agua. Además, el sol no calentaba, y por si fuese poco, estábamos bajo sombra con lo cual se notaba algo de frío. Condiciones poco ideales para meterse al mar en una zona donde además no se ve el fondo, ni mucho menos.

Playa El Manglecito galapagos (2)

Pero, empecé a pensar en todo lo que había vivido hacía apenas 15 días, y no pude resistirme. Me preparé y me tiré al agua. Me tiré al agua con tal mala suerte que no había ajustado bien la máscara de snorkel y me entraba agua.

Por si esto fuese poco el mar estaba muy agitado, tanto que no podía ni sujetarme al cabo de seguridad porque cuando el barco iba hacia arriba, yo iba hacia abajo y era peor atarse al cabo que no hacerlo. Me quité la máscara porque no conseguía ajustarla.

Vi que ya habían tirado el flotador salvavidas, así que decidí nadar hacia él, agarrarme bien y ajustar la máscara. El problema es que, como comentaba más arriba, tengo un problema con el agua, con el snorkel, con el buceo y si es cierto que lo hago y lo llevo bien hasta que me pasa algo así.

leon dormido

Ahora mismo solo recuerdo de aquel momento no escuchar nada, ni recuerdo a mis compañeros en el agua, nada. Solo recuerdo sentirme con mucha angustia, con una presión en el pecho, con no poder respirar, y finalmente con estar hiperventilando. Me agarré al salvavidas. Le intenté contar al instructor de buceo lo que me pasaba pero no me hizo mucho caso, la verdad. Así que decidí que tenía que gestionarlo yo sola a mi manera. Y allí, agarrada al salvavidas, con tremendo oleaje que había, en el medio del mar, con León Dormido ahí al lado, y viendo bajo mis pies solo oscuridad, amarré la máscara lo más fuerte que pude y sin soltarme del salvavidas comprobé que no me entraba ya agua.

Ahí, empecé a hablar conmigo mismo. Intentando calmar la ansiedad que sentía en ese momento. Animándome a seguir. Pensando en todo lo que había vivido hacía tan solo 15 días allí. Sin soltarme del salvavidas metí la cabeza, respiré, despacio, e intenté respirar con tranquilidad, con calma. Y poco a poco me fui autoconvenciendo de que no pasaba nada, que podía respirar, que flotaba en el mar, que estaba todo bien y me solté.

Playa El Manglecito galapagos (1)

Y si, no fue el mejor día de snorkel. Y toda nuestra experiencia en León Dormido se resume en un pulpo, muchas tortugas y un león marino que se puso a jugar conmigo y con Silvia cuando la mayoría del grupo ya había decidido salir del agua: por frío, por mar agitado, por dificultad y por no ser el día en el que el mar se había mostrado ante nosotros.

La experiencia de los buceadores.

Myriam y Chema había ido a bucear. En estos momentos yo solo esperaba que su experiencia fuese mejor que la nuestra, pero realmente no fue así. Les pasó un poco lo mismo, mucha corriente, poca visibilidad y un mar que no se quería mostrar. Eso sí, se llevan la experiencia de haber escuchado el canto de una ballena muy muy cerca.

La experiencia de Ximo en León Dormido

Después de leerte, y ver que no escondes nada en tus relatos, solo pienso en que no sé como hubiera actuado yo en tu primera inmersión en el León Dormido.
A mi en cierto modo me ha recordado lo que yo sentí, me cansé intentando llegar al grupo (me lance de los últimos), luego bajo el agua no veía nada, el mar estaba movido lo que hizo agobiarme y aunque intenté relajarme, respirar, no me sentía a gusto así que abandone la experiencia. Lo que más mal me sabe es que era la que esperaba con más ganas.

leon dormido grupo 2 san cristobal ecuador (3)

Me sentí mal aunque interiormente sabía que no me podía hundir (ahogar) pero no podía gestionar el agobio (antes de meterme en el agua pensaba que lo tenía superado) y el mar me puso en mi sitio, pero como tú dices, aunque no salió bien siempre me quedará que estuve allí y por un corto momento lo disfruté.

Ximo, primer viaje con nosotros

El regreso a Puerto Baquerizo Moreno.

El regreso a Puerto Baquerizo Moreno fue lento y calmado. Ya habían comido, menos yo que no podía meter nada en el cuerpo después del mareo que llevaba. Bueno, mareo que se me pasó en el mismo momento en el que el barco se puso en marca y dejó de oler a gasolina. Pero no podía comer nada, así que lo pasamos el resto del viaje de vuelta contemplando el mar y charlando entre nosotras. Al frente del barco iban dos chicas mirando fijamente al mar. El resto, hacían lo que podían o querían. Unos leían, otros contemplaban el mar sin más. Pero me había fijado especialmente en estas dos chicas porque se les veía muy emocionadas con la posibilidad de ver delfines o, quien sabe, una ballena.

En esto estábamos cuando una de ellas dice: ¡Ahí enfrente! ¡Hay algo! ¡No se qué es pero se mueve y salta!

ballena jorobada galapagos ecuador (3)

Los guías se ponen a mirar fijamente. «Puede que sean delfines», nos dicen. Y el capitán del barco pone rumbo hacia esa zona. Vamos a ver qué es.

Y no os podéis imaginar lo que supuso este momento. ¡Son ballenas! Dos ballenas jorobadas, una madre con su hija. En el barco no se escuchaba ni un susurro, todo el mundo mirando, observando y esperando a ver por donde salían. Fue un momento único e inolvidable para un día que solo podía catalogar como INCREIBLE.

ballena jorobada galapagos ecuador (1)

Antes de llegar a puerto, deciden poner algo de música en el barco y brindar con champán por un día inolvidable en León Dormido.

Al bajarnos en el puerto, nos despedimos del resto de la tripulación, del equipo de buceo y del resto de nuestros compañeros, recogemos la ropa en la lavandería y miramos en el grupo de Whatsapp a ver donde estaba el resto del grupo para reencontrarnos e ir a cenar. Eso sí, después de una larga y reconfortarle ducha.

Cenando en Midori Sushi Pub

Para cenar escogimos un restaurante que ya habíamos ojeado el día anterior. Decidimos darnos un homenaje aquí porque ya habíamos visto que los precios se parecían más a los de España que a los de Ecuador pero no importaba. Se veían platos únicos y de buena calidad y las valoraciones eran muy buenas.

Hicimos una reserva rápida y a las 8 de la tarde estábamos allí listos para cenar como reyes.

Y lo hicimos. En mi caso compartí con Ana y Cris unas vieiras que estaban de muerte. Y como plato principal pedí un tartar de atún por 14.5 dólares, que estaba exquisito. Tanto que quise volver 15 días después pero al final escogimos otro restaurante para probar la langosta ecuatoriana.

Cenando en langosta en The Pier Restaurant

Cuando nos bajamos del barco en Puerto Baquerizo Moreno, teníamos un mensaje en el grupo de Myriam. Ellos ya habían llegado de su tour de buceo y habían estado mirando restaurantes para cenar. Se habían fijado en un restaurante del puerto llamado The Pier en el que, entre otras cosas, servían langosta. Nos preguntaban si alguien le apetecía cenar aquí, ya que había que reservar. Casi todos dijimos que si.

Después de recoger la ropa de la lavandería y de una buena ducha, salimos a cenar. En mi caso tenía claro que probaría la langosta. Ya que estamos, qué menos. Y era también una buena forma de celebrar el día que habíamos tenido, y qué estábamos ya en Galápagos.

The Pier Restaurant puerto baquerizo moreno galapagos

La langosta, en mi caso, estaba buena, pero ni punto de comparación con las langostas del cantábrico. En mi opinión más seca y con menos sabor. Pero aún así la comí con gusto acompañada de una buena cerveza local, la Endémica de Galápagos

Mientras cenábamos, un león marino se le ocurrió sentarse en el medio de la calle. Y ¿Qué pasa cuando esto ocurre? pues quien quiera pasar tiene que esperar. Es cierto que no tardó mucho en moverse, pasar a nuestro lado y cuando terminamos de cenar aquí nos lo encontramos, tumbado en un banco dispuesto a pasar la noche.

leon marino dormido san cristobal galapagos

Y así fue como terminó este increíble día, un día más, en Las Islas Galápagos.

Al día siguiente tocaba un madrugón de los buenos, ya que cogíamos el ferry hacia Santa Cruz a las 6 de la mañana, por lo que nos dejarían preparado una caja de desayuno en el hotel para llevar y así desayunar en el barco. Aproveché también para comprar café en brik para llevar porque sin un café a estas horas no soy persona.



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