Los leopardos de Savuti

Publicado en: Africa, Botswana | 0

Siempre he creído que ver un leopardo en libertad, era algo muy complicado. Así lo vivimos en Kenia, donde tuvimos que invertir horas y horas de safari y búsqueda intensa para dar con uno. Llevábamos 3 días en Botswana y uno solo de safari completo y ya se nos había mostrado. Aquel día en el Parque Nacional Chobe fui inmensamente feliz. Un leopardo nos miró, no se inmutó y cuando le pareció bajó, lentamente, del árbol y nos brindo un pase por delante del coche que nos dejó con la boca abierto. Esto que para mi no era habitual, aquí, en Botswana iba a convertirse en algo frecuente. Nos tocaba buscar los leopardos de Savuti.

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Empezaba un nuevo día en el interior de los parques de Botswana, el primer día completo que pasaríamos en Savuti y el primer día completo tras dormir en el interior del parque. Nos encontrábamos en Savuti, al norte del país, y me levantaba sin saber que el día me iba a traer momentos muy agrios, tan agrios que casi se convierte en mi último día de viaje.

 

La noche y el despertar en Savuti.

 

¡Good Morning! ¡Good Morning! Primeras palabras que oímos, a lo lejos, a las 5 de la mañana en punto. Estas palabras, poco a poco se van acercando hasta que llega nuestro momento. Contestamos: ¡Good Morning! Esa era la señal de que lo habíamos escuchado y nos poníamos en marcha.

Tocaba relatar lo que había ocurrido durante la noche y comentarlo con nuestros vecinos de tienda y en el desayuno con el resto de los compañeros.

Cuando la noche anterior las cremalleras de las tiendas se cerraron, nos quedamos solos, aparentemente solos, ante la oscuridad de la noche en la sabana. Cuando todas las lámparas se apagan, cuando todo el mundo se queda cayado, cuando te quedas solo, bajo las sábanas de tu cama, es el momento de escuchar. Yo no lo podía evitar y pese a estar a escuras notaba que tenía los ojos como platos. Parece que si uno abre más los ojos escuchará mejor, o eso es lo que mi cabeza debía estar pensando en ese momento, porque cada vez abría más los ojos, sin ver nada. Y es que es evidente, ahora sí, que nos encontramos en un entorno de vida salvaje. Creo que todavía hoy, durante el día, no eramos del todo conscientes de donde estábamos. ¿Vemos animales? Si. ¿Animales salvajes? Si. Estás frente a un león pero no eres consciente realmente de donde te encuentras. Pero allí, en la noche, sin luz, escuchando solo el ruido del exterior es donde te das cuenta de que los animales están ahí, muy cerca, tan cerca que no puedes dejar de pensar si se acercarán, si pasarán por las tiendas, si nos harán algo… pero nada nos pueden hacer mientras nosotros no les hagamos nada a ellos.

Y escuchamos: en el exterior hay algo, no sabemos exactamente qué, pero está muy cerca. Se escuchan ruidos de animales… hienas, son hienas. Sí, está claro que son hienas. Y así, entre el ruido de las hienas, me voy quedando dormida.

A las 3 de la mañana algo me hace despertar. Necesito ir al baño. Todo está muy oscuro y se oyen pájaros y cosas que no se muy bien que son. Tenemos baño en la habitación y aún así no me atrevo a moverme. Estoy bajo las mantas, paralizada. No quiero salir. Pero necesito ir al baño. Me niego a hacerlo. ¿Y si aviso a Rubén para que venga conmigo? Creo que se reirá, ¿porque qué va a hacer? ¿Abrirme la cremallera del baño? Bueno pues espero. Me cuesta pero espero. Los minutos pasan lentamente pero no quiero salir. Y finalmente dan las 4 de la mañana. A esta hora el personal de nuestro staff empieza a levantarse, a moverse, a preparar cosas. Nosotros nos levantamos a las 5 pero para que todo esté listo para nosotros, ellos se levantan a las 4. Cuando les oí en el exterior decidí que era hora de levantarse al baño. Larga hora se me hizo.

Todas estas cosas, cada uno a su manera, son el principal tema de conversación durante el desayuno, un copioso desayuno con todo lo que os podáis imaginar. ¡Hasta huevos con bacon! ¿Cómo puede ser que podamos desayunar huevos con bacon en un recóndito lugar, que no puedo situar en el mapa, del interior de un parque nacional Botswano? Pues eso no es lo mejor ¡Tenemos pan recién hecho! Es increíble, aún no se como pueden conseguir hacer todo esto en un entorno como aquel.

 

Las jirafas en Savuti.

 

A las 6 de la mañana estábamos todos subidos en los jeep dispuestos a dejar que Botswana nos sorprendiese. Bueno, más bien el buen hacer de nuestros guías, Moshé y Elliot. Nada más salir del campamento observamos las huellas. Esta es la mejor hora para seguirles, porque todavía las huellas no han sido tapadas y son evidentes. Toca seguir el rastro. Mientras vamos siguiendo las huellas otras increíbles imágenes nos van acompañando. Son ellas, las más elegantes de la sabana, las jirafas.

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Hay cosas que nos llaman mucho la atención de lo que Moshé nos va contando. Las jirafas dan a luz de pie, y lo primero que reciben sus crías son el impacto contra el suelo, desde una altura aproximada de dos metros. Ese es lo primero que reciben de este mundo. Las jirafas son de los animales que menos riesgo tienen de la sabana. Sobretodo porque los leones, que matan por asfixia la mayoría de las veces, les resulta muy complicado llegar a tirar al suelo a una jirafa, así que no suelen ni intentarlo. El momento más crítico para una jirafa es cuando beben, por la posición que tienen que poner para beber, con las piernas delanteras abiertas (más adelante os lo mostraré).

Estuvimos un rato mirándolas. Era un grupo bastante grande y era muy relajante verlas. Allí, tan tranquilas, comiendo, sin inmutarse por nuestra presencia. Preciosas y elegantes como ellas solas pueden ser.

 

Los leopardos de Savuti.

 

No había pasado ni una hora desde que salimos del campamento, y siguiendo huellas dimos con él. Ahí estaba, tranquilo, paseando, sin mirarnos. El leopardo de Savuti, el primero de ellos.

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Aquí ya me encontraba alucinada. La única vez que nosotros habíamos visto un leopardo, antes de llegar a Botswana, había sido en Kenia. Lo vimos en la lejanía y además en cuanto se percató de nuestra presencia no tardó ni dos segundos en desaparecer. Ahora nos encontrábamos, por segunda vez en el viaje, ante un tranquilo leopardo, paseando por la sabana, sin inmutarse ante nuestra presencia y tan tranquilo y calmado que aún siendo un animal salvaje de esta categoría, inspiraba tranquilidad. En el coche no se oía ni la respiración. Todos observábamos, sacábamos fotos y no se oía nada más que el ruido de la sabana. Estos momentos son mágicos, inolvidables, estos momentos son por los que una y otra vez quiero regresar a África.

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Estuvimos un rato allí, en silencio, observando como el leopardo se iba moviendo lentamente. Si se alejaba mucho, cambiábamos la posición del coche y allí seguimos observando. Increíble la tranquilad que trasmitía. Yo no me lo podía creer y cuando aquel momento paso, decidí compartirlo con mis compañeros de jeep. Silvia y Bea, que era su primer viaje, no podían creer lo que les contaba, que era muy difícil ver un leopardo en libertad, pero Ana, que ya había estado en Kenia y Namibia, corroboró lo que yo les estaba contando. Estábamos los 5 alucinados.

 

El zorro y el chacal.

 

Pero continuamos el viaje, todavía Savuti tenía mucho más que ofrecernos.

Mientras el coche se ponía en marcha, y la brisa fría de la mañana hacía que volviésemos a la realidad, observé el entorno de Savuti. Este parque, por momentos se asemejaba a la sabana de Masai Mara, solo que en este caso hay mucha más vegetación, pero sí que se le da un cierto aire a las extensas llanuras de Masai Mara donde pastan los herbívoros siempre alerta.

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Zorro con orejas de murciélago

Al poco de continuar nuestro camino, Moshé para el coche. ¿Porqué? Nosotros no veíamos nada. Y señala. Y allí, entre unos arbustos está el Zorro con orejas de murciélago (Bat-eared fox, en inglés) Pero lo más extraño es que si mirábamos dirección opuesta, allí,en la sabana había un chacal.

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Aquí sacamos el libro de animales que llevaba Moshé. Aunque estaba en inglés fuimos leyendo partes del libro. Libro que nos iba a acompañar ya en gran parte del viaje. Incluso le sacamos fotos de algunas páginas porque nos parecía muy completo e ilustrativo.

 

La parada del café y un accidente en Botswana.

 

¿Quién me iba a decir a mi, cuando me bajé del coche, al lado de un gran árbol y con unos elefantes al fondo, que en aquel paraje iba a ocurrir algo que cambiaría el viaje por completo? Y lo cambiaría aunque pudo haberlo cambiado aún más, así que dentro de lo malo, tuve muchísima suerte.

Eran las 10 de la mañana cuando nos bajamos del jeep en un entorno ideal para tomar el café. Un gran árbol que nos daba sombra, un camino que iba directo a un pequeño charco de agua. En el charco un grupo de elefantes. En aquel maravilloso entorno tomamos el café aquel día.

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Cuando estábamos disfrutando de aquella estampa, con un café en la mano, y hablando de animales, de vida salvaje… Moshé nos pregunta por el libro para mirar unas cosas (muchas veces lo usaba para mostrarnos fotografías de animales que íbamos a ver o que habíamos visto, para darnos una explicación más extensa con el libro y la foto en la mano). Me subí al jeep y les acerqué el libro. Y me bajé del coche. Al bajarme no me di cuenta de que había un pequeño desnivel del terreno y mi pie se torció y sonó “crack”, de una forma tan evidente que todo el mundo me miró y se quedaron mudos. Yo más. Empecé a palidecer. Un enorme dolor me invadió. Creí que me iba a desmayar. Con la ayuda de mis compañeros me tumbé en el suelo.

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Silvia
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Ana
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Bea

Allí, aunque muy acompañada, me encontré de repente sola. Sola con mis pensamientos. Estaba claro, no había solución. Allí mismo dí gracias por tener un buen seguro de viajes, porque allí, en aquel momento y aquel día, el primer día completo de safari, sentía que era el fin de mi viaje. Un tobillo con esguince, o fracturado, o sin saberlo… porque en aquel entorno no se podía saber. Lo cierto es que el dolor que sentía era tan enorme que me vi teniendo que ser evacuada (llevábamos seguro de evacuación, que lo incluye el viaje contratado) y teniendo que ir a un hospital, momento en el cual ya me iba a ser imposible regresar al viaje (por poco que fuese, la logística del mismo iba a impedir mi regreso) y tendría que regresar a casa.

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Os puedo asegurar que nunca, jamás, me hubiese imaginado que algo así me pudiese pasar. Creo que nunca pensamos que algo nos pueda pasar en un viaje, motivo por el que mucha gente viaja sin seguro y ya veis, para mi es una locura hacerlo. En aquel momento, en aquel recóndito lugar de la Reserva de Savuti, en el parque Chobe, te tuerces un tobillo y tienes que abandonar un viaje. Y lo tienes que hacer por que allí, en el medio de la sabana, no hay medios y no te queda otra que ir en busca de ellos.

¿Porqué finalmente no tuve que abandonar? Tengo que decir que cualquiera en mi situación hubiese tenido que dejar el viaje, no se puede continuar con un esguince o una fractura en un tobillo, sin tratar. La buena suerte que me acompañó en el viaje hizo que, en nuestro grupo de 12 personas, 7 fuesen de la rama sanitaria: Había 2 médicos de familia (Carmen y María), un psiquiatra (Rosi), dos enfermeras (Nerea y Vero) y dos auxiliares de enfermería (Mari Carmen y Mina).Y esta fue mi gran suerte. Y entre todas consiguieron hacer, con lo que teníamos, que mi viaje no tuviese que terminar allí.

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Aún así me recuperé y pude sacar alguna foto de aquel paraje

De forma inmediata me pusieron, con cintas para el pelo y pañuelos para sujetar (en ese momento no había otra cosa) el poco hielo que nos quedaba del día anterior. Si hubiese ocurrido cualquier otro día, ni hielo podríamos tener. Pero la suerte hizo que al ser el primer día aún lo conservásemos. Eso, una pastilla para el dolor (yo soy alérgica al ibuprofeno y los antiinflamatorios comunes, pero siempre llevo conmigo los que puedo tomar) y una ubicación privilegiada en el coche, con la pierna estirada y lista para continuar el viaje. Ahora ya, mucho más tranquila.

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Al mirarme el pie (María y Carmen) tuvieron la sensación de que se trataba de un esguince, un buen esguince, pero no de fractura, ya que aunque ligeramente, podía apoyar el pie. Otra noticia buena, y yo que me negaba, a que usasen el teléfono vía satélite que llevábamos para avisar a Ana (En Mopane). No quería que se enterase por si se preocupaba demasiado o por si hacía que un doctor viniese a verme. Al final, teníamos a las nuestras in situ. 

Pese a todo aquello todavía me dio tiempo a disfrutar de unas fotos pre-accidente y de un momento único viendo pasar los elefantes.

Continuamos el viaje. Habíamos perdido tiempo por mi culpa y ya no quería hacer perder más al resto del equipo. Nos subimos al Jeep, me acomodé en los asientos del medio, y con mi pierna estirada, con el hielo puesto, emprendimos el camino.

 

Los elefantes de la charca de Savuti.

 

Al emprender la marcha nos acercamos hasta la charca donde estaban los elefantes, a observar un rato como bebían y como se nos acercaban. Creo que los elefantes de Botswana son más agresivos que los que habíamos visto en Kenia, quizá porque no estén tan acostumbrados a los coches, o a tanto coche como en Kenia, pero los notamos mucho más irascibles y agresivos.

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Los leones de Savuti.

 

Y llegaron ellos de nuevo. Otra gran sorpresa del viaje, porque hemos visto manadas de leones cada día y eso tampoco nos dejaba de sorprender.

Relajados, dormitando al lado de unos matorrales, allí estaban ellos, los leones de Savuti. Una manada en la que había de todo, hembras, machos y cachorros. Una estampa de lo más ideal.

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El encuentro de los licaones.

 

Pero la gran sorpresa de la mañana, después del leopardo, fue encontrar una manada de licaones. Los licaones son una especie de perros salvajes endémicos de África que están en peligro de extinción. El último dato conocido es que en 2007 (supongo que haya un dato más actual pero este es del que dispongo) quedaban en el mundo 6000 individuos de licaones, todos ellos localizados en el África Subsahariana y está en la lista Roja de especies amenazas. Es por ese motivo, por la escasez de ellos, por lo que es muy complicado verles en libertad.

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Los licaones se mueven en manadas muy grandes y se considera un depredador letal, ya que tiene un porcentaje de éxito en sus cacerías de entre el 70 y el 90%. Los licaones,a diferencia de los leones, atacan en manadas pero empiezan a comer con la presa viva, por ello se les considera mucho más agresivos.

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Encontrarlos allí, en aquel momento, después de haber visto el leopardo de la mañana y los leones hacía escasos minutos, fue algo único. Ciertamente no llevaba muy claro que pudiésemos ver licaones, por la dificultad que conlleva verles, pero allí estaban, frente a nosotros. Y tan cerca que pudimos percibir incluso la cara de agresividad y la expresión de ferocidad que tienen. Nada que ver con los leones que apetece pasarles la mano y acariciarlos.

 

El safari de la tarde, tarde de sobresaltos.

 

Tras la comida volvimos a arrancar en dirección al interior de Savuti. Y en esta ocasión las visualizaciones, siempre constantes, fueron las mismas la la mañana pero en dirección contraria. Además de algunos otros animales nuevos como las avestruces o el steenbok, el antílope rojo, que para nosotros también era la primera vez que lo veíamos.

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Volvimos a ver los licaones, en este caso fue más fácil porque ya sabíamos la zona por la que estaban así que decidimos volver a ver si se les veía un poco más activos, y sí, estaban más activos. Al menos les pudimos ver levantados.

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Volvimos a ver los elefantes y por supuesto los leones. Pero la escena de la tarde vendría marcada por un león, por un único león.

Nos entrábamos con el coche parado y un león durmiendo a escasos metros.

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En la parte del coche que daba contra el león se encontraban Bea en la posición delantera, Silvia en la posición trasera, y yo (con mi pierna estirada en el medio). Hay que recordar en este momento que para Bea y Silvia, este era su primer safari, y este día estaba siendo muy intenso. Llevábamos unos minutos observando el león cuando este levanta la cabeza. Bosteza, se mueve y se levanta.

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El león comienza a caminar, directamente hacia Bea. Iba directo y sin intención de cambiar de dirección, así que cuando se encontraba a centímetros del coche, la cara de Bea era increíble. Yo no podía sacar fotos, no dejaba de mirar a Bea y su cara, pálida, observando al león. Oigo como Moshé le susurra: “Bea, Foto, Bea, Foto”, pero Bea estaba totalmente paralizada. Con la cámara en la mano, inmóvil, y la vista fija en el león. Cuando el león llegó a la altura del coche, giró, y fue pasando su cuerpo pegado al coche, desde la altura de Bea, pasando por mi lado y después por el de Silvia. Yo sigo observando las reacciones de ellas, y ahora me tocaba pararme en Silvia, que tenía la vista al frente y solo miraba al león de reojo. Aquello supuso un momento de felicidad para mi, porque pese a que no lo estaban pasando bien, se notaba en sus caras la angustia de tener un león tan cerca, pegado a ellas, sabía que eso lo recordarían de por vida. Y así será, estoy segura. El león pasó por detrás del coche y siguió su camino. En ese momento llegaron las risas, risas por la situación, risas nerviosas, risas por el “Bea Foto…” y Bea sin sacar la foto… y la siguiente frase de Moshé: “Bea frozen”. Seguro, estoy segura de ello, que este momento será uno de los grandes momentos de este viaje debido a las emociones que generó. Pero os adelanto que hubo muchos más y más intensos.

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El atardecer en Savuti.

 

Empezaba a atardecer, y con la caída del sol llega un momento increíble. La puesta de sol.

Buscamos un sitio fotogénico donde ver ese momento y este fue el resultado.

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Pero el día no terminaba aquí, todavía había más sorpresas en el camino de vuelta.

 

Los leopardos de Savuti.

 

Comenzábamos el relato de hoy hablando de los leopardos de Savuti y todavía el día nos traería otro momento de esos inolvidables. Íbamos ya camino del campamento, de vuelta a casa. El sol había caido y había ya muy poca luz. Recuerdo perfectamente cómo, pasando por aquel camino lleno de arena, rodeados de una hierva color ocre, alta, muy alta, de repente Moshe gira el coche  y se mete de lleno entre la hierva. Sigo sin comprender como hacen para ver animales en estas situaciones, pero lo cierto es que allí estaba, caminado por la sabana, el segundo leopardo del día.

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El leopardo caminaba lentamente por la sabana, entre la alta hierva cobriza, y es inscribe como vienen a nuestras cabezas imágenes de lo que conocemos, imágenes de la película del rey León, porque la situación que vivimos fue tal cual se cuenta allí. El leopardo iba caminando, mientras que los pájaros revoloteaban a su paso, hacían ruidos y avisaban a otros de su paso. Se notaba como los pájaros graznaban, y un poco más lejos se oía a otro pájaro hacer ruido y al rato otro más lejos. Se estaban avisando. Y aquí mi mente se fue a la película, y como allí reflejan perfectamente como los animales se iban avisando unos a los otros. Increíble, pero cierto. Allí, estábamos, pasadas las 6 y media de la tarde y viendo nuestro  segundo leopardo del día, tan tranquilo como el resto de los que vimos este día.

Se hacía de noche, y no puede hacerse de noche estando en ruta, así que teníamos que apurar. Condujimos a gran velocidad por los caminos de Botswana y … nos detenemos de nuevo.

 

La hiena amamantando.

 

Nos paramos al borde de la carretera. Había una hiena amamantando y nos paramos justo al lado. Le digo a Rubén que saque una foto con el móvil porque la cámara ya la tenía guardada. Bueno, pues no se dio cuenta, porque nunca está puesto, que mi móvil tenía el flash activado. Fue a sacar la foto, salió el fogonazo de luz y ¿qué creéis que pasó entonces? Pues que casi infarto. La hiena se levanta, bruscamente hacia hacia mí, da un salto y por un momento creí que se metía dentro del coche. Os puedo asegurar que vi su boca, sus dientes, justo al lado de mi cara.

El día de hoy había sido muy intenso, mucho más intenso de lo que creíamos y todavía antes de llegar al campamento, una parada para sacar unas fotos a las últimas horas del día y una parada para dejar pasar a un elefante.

 

La noche en Savuti.

 

Si el día había sido intenso la noche no iba a ser para menos. Cuando nos vamos a sentar a comer, vemos como Elliot, que iba en sandalias (no se nos ocurrió más andar por el campamento en chanclas), da patadas contra el suelo, empieza a pisar fuertemente y cuando vamos hacia allí, vemos que tenía un escorpión, ya en ese momento reducido. Se le había subido a un pie. ¡Yo me muero! Si me pasa a mi no se como hubiese reaccionado.

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Agradecimientos.

 

Quiero volver a mostrar mi enorme agradecimiento a todos los miembros de este equipo, los viajeros (Nerea, Vero, Carmen, María, Rosi, Mari Carmen) que sin su ayuda no hubiese conseguido continuar el viaje, a Vero, por haberme puesto cada día una vendaje compresivo que me ayudó a continuar el viaje, a Maria y Carmen, por su continua preocupación y por tener disponible una tobillera que me sirvió en los últimos días del viaje, a Rosi por sus largas charlas tranquilizadoras, a mis chicas (Bea, Silvia y Ana) por su enorme paciencia y comprensión y como no, a Rubén, por haberme porteado por la sabana africana. Además, a todo el staff, que estuvieron pendientes de mi, de mi recuperación de que estuviese cómoda y bien cada día. ¡Gracias de corazón a todos y cada uno de ellos!

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