Navidad en Nueva York- Día 3: 4 de Diciembre

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Empezaba un nuevo día en la Gran Manzana y empezaba notándose ya los efectos de la gran caminata que habíamos realizado el día anterior, pero no importaba demasiado porque hoy teníamos una mañana descansada ya que teníamos contratada la excursión de Contrastes con Gerardo Giraldo. Habíamos quedado con él en el Hotel Mildford y aunque no quedaba muy lejos del hotel preferimos no madrugar tanto y cogimos el metro (ya que teníamos la metrocard).

 

Eran las 7 de la mañana y ya se dejaba sentir la fría brisa que corría por las calles de Nueva York. Cuando llegamos a las cercanías del Milford y ya teníamos localizado donde habíamos quedado con Gerardo nos fuimos a desayunar. Entramos en un Europan. Y repetimos desayuno, Rubén un muffin y chocolate, y yo mi bagel con mantequilla y mi café. Esta vez el bagel si estaba bueno, muy bueno, el café en su línea, vamos sin sabor y el chocolate pues como el ColaCao. Después del desayuno ya eran las 8 así que nos vamos a la puerta del Milford y enseguida aparece Gerardo. Nos vamos con él hacia el autobús y nos situamos tal y como ya había hecho la otra vez, justo en la parte contraria del conductor porque ya sabía que desde ahí se sacan mejores fotos y es en la posición en la que está casi todo lo que tienes que ver sin bajarte del autobús.

Decidimos hacer la excursión de contrastes, porque por un lado Rubén no la había hecho y le apetecía mucho y por otro lado yo no había disfrutado mucho de la que había hecho en su día. De todas formas esta excursión no tubo nada que ver con la que hice unos años antes y desde mi punto de vista es mucho más completa que la que hace El Corte Inglés.

Partimos desde la 8ª Avenida y vamos dirigiéndonos hacia el Oeste, hasta llegar al Hudson y de ahí hacia el Norte. Pasamos por la zona del Intrepid y quedamos en que pasaríamos a verlo de cerca otro día (día que no llegó, jeje). Seguimos subiendo hasta el Riverside Park, donde no paramos pero que visitaríamos al día siguiente. Nos dirigimos a la zona de The Cloisters. Que actualmente pertenece al museo Metropolitano de Nueva York.

Seguimos el trayecto y nos vamos acercando poco a poco al Bronx, por donde dimos paseos, tanto en autobús, mirando todas las pintadas  que les hacen a las personas que fallecen, generalmente asesinadas, en la zona en la que lo pintan, como andando. Nos bajamos también en la comisaría que aparece en la película                 Distrito Apache. Aquí estuvimos un rato fotografiando a los coches de policía y demás.

 

Seguía haciendo frío y empezaba a dolerme la rodilla, pero este pequeño dolorcillo no iba a impedirme seguir disfrutando de la ciudad. Así que ni me quejé.

 

 

 

Nos vamos a la zona del Estadio de los Yankies, y “OH! Sorpresa! Ya han derribado el antiguo estadio, y en su lugar hay unas pistas de atletismo y siguen reconstruyendo la zona. La verdad es que se ve todo muy distinto a la otra vez.

 

 

Seguimos paseando por el Bronx y al rato nos vamos dirección: Queens, al area residencial de Queens.

 

 

 Paramos en un área de servicio donde entramos en un Starbucks para reponer fuerzas (increíblemente fue el único en el que entré en todo el viaje, con lo que me gustan a mi los frapuccinos, pero claro con el frío que hacía no apetecían mucho)

 

De aquí nos fuimos a Flushing Meadows Corona Park, que fue la sede de una antigua Exposición Universal. Entramos en el museo solo para ver la gran maqueta que tienen del Nueva York. La verdad es que es chulisima y con todos los detalles. Dimos un paseo por el parque y de vuelta nos vamos al autobús.

 

 

Una vez terminado con esto nos vamos al barrio Judio.  Pasando antes por la zona en la que tenemos estas vistas:
Era sábado, con lo que el barrio estaba en pleno apogeo. Todo el mundo por la calle. No te dejan que les fotografíes y aunque les hicimos fotos no voy a colgar ninguna por respeto a ellos.
La excursión terminó en China Town, donde nos bajamos. Dimos un paseo por China Town y Little Italy, bajamos hasta City Hall y cogemos el metro.

Nos vamos al Prospect Park. Nos bajamos en la parada del metro próxima y al salir a la calle primero nos tuvimos que ubicar un poco, ya que no se divisaba el parque por ningún lado. Hasta que nos orientamos y entonces emprendemos la caminata hacia la Biblioteca Pública de Brooklyn, que está justo en un extremo del Prospect Park.

 

Entramos dentro, entre otras cosas porque necesitaba ir al servicio. Así que aprovechamos y comimos aquí una quesadilla que estaba buenísima. Salimos de nuevo y mi rodilla ya no dejaba de quejarse. Me dolía mucho y cada vez más, pero seguí el camino sin protestar. Accedimos al parque y … estaba bajando ya el sol. Hay que tener en cuenta que por esta fecha empezaba a oscurecer ya sobre las 4 de la tarde, así que muchas de las visitas nos tocaron de noche.

Dimos unos paseos por el Parque y cuando ya nos parecía que la luz estaba muy baja emprendimos el camino de vuelta.

 

 

Decidimos ir caminando hasta la playita de Brooklyn, que parece que está ahí al lado, pero no menuda pateada que nos pegamos, y a esta altura mi pierna ya no respondía. Creo que en parte era por el frio que hacía, un viento gélido y cortante.

 

 

Pasamos por el Flea Market pero no entramos, y por la Universidad de Brooklyn, llegamos al Columbus Park y de ahí nos vamos a la playita. Que bonito!!! Que imágenes. Que frío, y yo arrastrando la pierna porque caminar no caminaba. Estuve un rato sentada en los muros de la playa, pero el frío no se soportaba, así que al rato me levanto. No tenía ni fuerzas, ni ganas para sacar fotos, solo contemplaba las vistas. A estas alturas del viaje (dos días) ya me había dado cuenta que perdía el tiempo sacando fotos, porque Rubén, que estrenaba cámara no hacía más que pruebas y pruebas y pruebas, y ¿para que iba a sacar fotos yo con la cantidad de fotos que estaba sacando él? Pues nada, cámara guardada y a disfrutar. Encima con el frío que hacía no apetecía nada quitarse el guante para sacar fotos.

Estuvimos un rato allí, hasta que ya no aguantábamos el frió y nos dirigimos al metro. Era hora de visitar Dyker Heights. Menuda explosión de luz, de adornos y de espíritu navideño. Llegas a preguntarte por donde entran en la casa. No hay un hueco más para poner adornos.

 

Aquí nos encontramos por casualidad con Gerardo y su hijo,  que estaba haciendo una visita a la zona para ver si merecía la pena programar una excursión a aquí. Estuvimos un rato hablando con él y la verdad es que le sorprendió vernos por la zona. No debe ser muy habitual que alguien se aventure al otro extremo de Brooklyn para ver esto, pero realmente merece la pena.
A estas alturas ya me dolía menos la rodilla. No se si porque la tenía congelada y eso hacía que no sintiera el dolor o porque no había tanta brisa. El caso es que no dejaba de pensar en que si la cosa seguía en aumento y no podía caminar se me iban a fastidiar las vacaciones y eso no podía ser, estando en Nueva York, eso no podía ocurrir. Así que había que medicarse.

Cogimos de nuevo el metro y como todavía nos quedaban ganas de más nos bajamos en Grand Central. Estuvimos un rato paseando por el mercadillo navideño, y accedemos a la parte central. Aquí nos quedamos un rato, descansando y cuando ya teníamos suficiente salimos a la calle y ahí estaba, el Chrysler. Que bonito es!!! Ay, que bonita forma de acabar el día.

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Brooklyn de Viajar Code, Verónica.

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2 Comentarios

  1. Nueva York
    | Responder

    Increíble lo de los judíos verdad?
    Y también el contraste al pasar del Bronx a Queens

    • Maria Garcia
      | Responder

      Pues si, la verdad es que merece la pena hacer la excursión en sábado solo por verlos de festivo. Los contrastes… increíbles.

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