Old Man of Storr: la silueta más icónica de Skye
Nuestro segundo día en la Isla de Skye lo dedicamos a recorrer algunos de los puntos más emblemáticos de la isla. Comenzamos con la subida al Old Man of Storr a primera hora de la mañana y lo complementamos con la visita al castillo de Dunvegan y terminamos en Neist Point realizando así una jornada de lo más completa en la Isla de Skye.

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¡Feliz viaje!
Nos despertamos en los Pods de Skye
Habíamos pasado la noche en unos preciosos, coquetos y muy cómodos Pods del interior de la isla de Skye. Están tan bien ubicados que están en el medio de todo, y tanto si vamos hacia el Norte de la isla como hacia el sur, nos queda todo a medio camino.
Los Pods tienen una pequeña cocina, en la que no se puede calentar nada que no sea en microondas. Nosotros, al igual que el año pasado en Canadá, llevamos una cafetera «italiana» de las que se enchufan a la corriente. En algunos sitios le ha costado alcanzar la temperatura de ebullición pero como lo teníamos en cuenta, solo teníamos que ponerlo más tiempo y tener paciencia. Para destinos como este, donde en la mayoría de los sitios hay un hervidor de agua, creemos que es más eficiente lleva una cafetera de presión manual.

Preparamos café y con algunas de las cosas que nos habían dejado los dueños de los Pods para desayunar, y algunas cosas que habíamos comprado el día anterior nos pegamos un buen festín de desayuno (unos más que otros, yo apenas pude comer), que íbamos a necesitar ya que hoy tocaba subir al Old Man of Storr.
A las 7 y cuarto de la mañana salíamos con el coche en dirección al parking del Old Man of Storr. Habíamos leído que si llegábamos después de las ocho de la mañana es posible que no tuviésemos donde aparcar. No nos queríamos quedar sin parking y sin opción así que salimos a esta hora. Nuestro alojamiento se encuentra a veinte cinco minutos del parking.
Mis mapas de Escocia
Como cada año, cuando planifico el viaje, hago un mapa de Google maps con todos los puntos interesantes que hay en la ruta. A veces incluso fuera de ruta que con el tiempo pasarán a ser «lo que me he dejado sin ver», y es para la próxima. Pues esta vez el mapa ha quedado muy muy grande, porque no solo íbamos a hacer muchos días en el país, sino que además teníamos mucho que ver/hacer, muchos restaurantes que poder probar y muchos puntos por si acaso.
El mapa está distribuido en capas y ya os digo que hay muchos puntos. La mayoría los hemos visto, pero otros muchos no. Este tipo de mapas son de muchísima utilidad tanto durante la preparación del viaje como una vez en destino.
Mi video de Escocia.
Si eres más de los que te gustan verlo que leerlo, y aunque en el video cuento menos detalles, sí que te puede servir para hacerte una idea, más visual, de cómo lo vivimos. Aquí te dejo el video que publiqué en mi canal de youtube.
Por un problema con el disco duro donde tenía la segunda parte del contenido este viaje, que corresponde con las Hébridas, no he podido editar el video de esa parte. Espero y cruzo los dedos para que se pueda recuperar y lo pueda colgar. Por el momento os dejo solo lo relativo a la primera parte del viaje.
El tiempo no acompaña. Tomando decisiones
Cuando estábamos llegando ya percibimos lo que ocurría a estas horas. El Old Man of Storr no se veía. Ni siquiera se percibía donde se encontraba. Una masa de nubes lo cubría todo. Había coches aparcados ya pero había plazas de sobra. Claro, mucha gente hizo lo mismo que decidimos hacer nosotros. Seguir de largo.
Teníamos claro que de subir, lo haríamos cuando las condiciones fuesen un poco favorables. El día anterior, desde el ferry, habíamos visto que la situación era similar a lo que estábamos viendo hoy aquí. Pero con el paso de las horas despejó y por la tarde pudimos ver el The Quiraing despejado y bien. Así que decidimos esperar un poco a ver cómo evolucionaba el día. Al fin y al cabo el The Quiraing se encuentra muy cerca del punto en el que estábamos y suponíamos que el tiempo sería similar.
Viendo las previsiones del tiempo para el día de hoy, la verdad es que no eran nada alentadoras ya que daba que a partir de las diez de la mañana llovería.
Visita a Kilt Rock Waterfall
Decidimos esperar igualmente y como el día anterior no habíamos podido ver bien la cascada, Kilt Rock Waterfall, ya que hacía mucho viento, tenía poca agua y además había mucha gente nos fuimos hacia allí a ver si ahora había un poco más de suerte.

No había nadie, tanto que ni pagamos el parking ya que íbamos a estar escasos minutos, como así fue. Nos asomamos a ver la cascada, volamos un poco el dron, con precaución ya que por un lado no está permitido hacerlo y por otro lado hacía muchísimo viento. Nos fuimos al poco rato.
En este momento tomamos la decisión de continuar con el planning del día de hoy y seguir con las visitas previstas. Si esta tarde mejoraba el tiempo volveríamos para hacer The Old Man of Storr.

El parking del Old Man Of Storr
Pero cuando pasábamos de nuevo por el parking lo vimos un poco más despejado, incluso parecía que iba a salir el sol por momentos. Así que le dimos una oportunidad y a las ocho y media de la mañana empezábamos la ruta. Tuvimos suerte porque justo cuando habíamos aparcado el coche, una pareja se nos acercó y nos preguntó si ya habíamos pagado el parking. Cómo no lo habíamos hecho nos dieron el ticket del suyo ya que no habían utilizado todo el tiempo que habían pagado. Teníamos hasta la 1 de la tarde para hacer uso de él.

Nos vino de lujo porque ahorramos las cinco libras que les costó, y en lo que llevábamos de viaje y lo que aún nos quedaba ya habíamos dejado un buen importe en aparcar el coche.
Ruta del Old Man Of Storr
Empezamos a caminar y lo hicimos siguiendo una ruta casi circular. La subida la hicimos por el tramo más largo pero menos empinado y la vuelta la haríamos por el más corto y con más pendiente.

En total son unos 5 kilómetros, aproximadamente de ruta empinada, pero cómoda.
La verdad es que costaba no pararse al subir porque a cada paso que dábamos las vistas eran cada vez mejor. Por un lado los lagos, por otro lado los escarpados riscos del Old Man of Storr.
Cuanto más arriba subíamos, menos temperatura hacía y más viento soplaba. Empezamos la ruta con unos escasos doce grados pero con un viento intenso que hacía que la sensación térmica fuese mucho más baja. Realmente el día era helador. Subimos bien abrigados y en mi caso con una banda para tapar las orejas. Aún así mis oídos se resentían y me empezaban a doler. Estábamos a finales de julio y no me quería ni imaginar como podría ser el clima aquí en pleno febrero.

Algo menos de una hora es lo que nos llevó llegar al mirador del Old Man of Storr. Y cuando llegamos tuvimos momentos de que se despejaba lo suficiente como para que se dejase ver pero no por completo. Aún así la imagen era de lo más dramática, con toda la niebla que iba y venía, que se cerraba y que se despejaba. Estando ya en este punto empezó a llover.

No intensamente, pero si lo suficiente como para que con el viento fuerte que hacía fuese muy molesto. Aún así esperamos un poco a a ver qué ocurría y efectivamente a los 2 minutos, paró. Seguimos un rato allí arriba pero la situación estaba lejos de mejorar. El viento cambió de dirección y empezó a traer todas aquellas nubes que desde principio de la mañana se habían ido alejando. Así que decidimos bajar.

2 horas completas nos llevó subir, bajar y sacar fotos y videos.
Entregando nuestro ticket de parking
Como eran las 10.30 de la mañana y aún nos quedaban muchas horas de ticket de parking hicimos lo mismo que nos habían hecho a nosotros. Nos acercamos a una chica que estaba al lado del máquina para pagar y le dimos nuestro ticket. Se fue muy agradecida con el gesto.
Desde aquí regresamos de nuevo a nuestro Pod. Nos quedaba de camino para el siguiente destino del día, el castillo de Dunvegan y necesitábamos cambiarnos de ropa. Camiseta, sudadera y en mi caso me cambié por completo. Estábamos empapados.
Hicimos una pequeña parada en un lugar marcado como «fotogénico» en uno de los extremos del lago Fada (punto marcado en el mapa anterior en amarillo), y desde allí sacamos estas increíbles fotos. Lástima que el Old Man Of Storr estuviese tan oculto bajo las nubes.

Después de esto el día empezó a mejorar. No como para haber lamentado hacer el trekking más tarde, pero lo suficiente como para que la vista al castillo de Dunvegan fuese muy muy cómoda.

El Castillo de Dunvegan
Durante nuestra visita al castillo el tiempo fue típicamente escocés. Empezamos con el día muy nublado, nos llovió y hasta salió el sol como no lo habíamos visto en Escocia.

La visita al castillo nos llevó unas 2 horas. Mucho más de lo que pensábamos ya que no solo el castillo tiene mucho que ver, los jardines son espectaculares y la playa nos deja una imagen del castillo única. Aquí en ocasiones se pueden ver focas, pero lamentablemente no vimos ninguna.

Un poco de información: El castillo de Dunvegan.
El Castillo de Dunvegan se encuentra en la costa noroeste de la Isla de Skye, en lo alto de un promontorio rocoso que domina el Loch Dunvegan, un lago marino que históricamente ofrecía acceso directo a las Hébridas. Su ubicación estratégica explica por qué, a principios del siglo XIII, Leod, fundador del clan MacLeod, fortificó este punto para consolidar su dominio en la región.

Desde entonces, el castillo ha evolucionado a través de los siglos: primero como una muralla defensiva, luego como torre residencial y, más tarde, como un complejo ampliado con alas del siglo XVII y reformas de estilo baronial en los siglos XVIII y XIX. Esta superposición de épocas es visible en su arquitectura, donde conviven torres medievales, ampliaciones georgianas y elementos románticos

Dunvegan es el corazón político y simbólico del clan MacLeod. Entre sus reliquias más célebres destaca la Fairy Flag o Bandera de las Hadas, un fragmento de seda asociado a leyendas de protección sobrenatural que ha acompañado al clan durante siglos. También se conservan la Copa de Dunvegan y el Cuerno de Sir Rory Mor, objetos transmitidos de generación en generación.

Los Jardines del castillo de Dunvegan.
Sin lugar a dudas uno de los puntos más fuertes y destacados del Castillo, ya que si el castillo es bonito por dentro y por fuera y cargado de historia, los jardines son un capítulo a parte.

Los jardines que rodean el Castillo de Dunvegan ocupan unas 5 acres y comenzaron a tomar forma entre los siglos XVIII y XIX, cuando los jefes del clan MacLeod decidieron transformar la antigua huerta y los terrenos boscosos en un espacio ornamental más acorde con la residencia familiar. Aunque la isla de Skye es conocida por sus páramos, suelos pobres y clima duro, estos jardines funcionan como un microclima protegido, donde prosperan especies que no suelen verse en el resto de la isla.



Una de las áreas más llamativas es el Water Garden, un conjunto de estanques, arroyos y pequeñas cascadas que descienden hacia el mar. Puentes decorativos y todo lleno de flores crean un recorrido que mezcla el diseño paisajístico con un ambiente casi natural. Este espacio se ha ido restaurando y replantando durante las últimas décadas para recuperar su aspecto histórico.
Aunque existen referencias a jardines y bosques en Dunvegan desde el siglo XVII, su desarrollo se vio interrumpido por conflictos y cambios económicos, especialmente alrededor de la rebelión jacobita de 1745. La configuración actual es el resultado de más de 30 años de replantación y paisajismo, un esfuerzo continuo por devolver a los jardines su esplendor histórico.



Datos útiles sobre el Castillo de Dunvegan.
La visita al Castillo de Dunvegan requiere entrada, con una tarifa general de £16 por adulto, que incluye tanto el acceso al interior como a los jardines históricos. Los niños pagan £12, y existen entradas familiares y opciones reducidas para quienes solo quieran recorrer los jardines.
Las entradas pueden comprarse en la taquilla sin reserva previa, aunque en temporada alta conviene llegar con tiempo para evitar esperas. El castillo abre entre abril y octubre, con horarios que varían ligeramente según el mes, por lo que es recomendable verificar la información actualizada antes de planificar la visita.

The Misty: donde comer en Dunvegan
Después de las visitas al castillo nos fuimos a comer. Teníamos varias opciones para el día de hoy pero por cercanía decidimos comer en el pueblo cercano al castillo. Después de todo nos había dado el hambre antes de tiempo ya que el madrugón y la ruta a primera hora de la mañana nos había dejado con las fuerzas al mínimo. Yo tenía muchas hambre ya que no había desayunado mucho y me pedí un generoso plato de Fish and chips. Estaba muy bueno y eso que hasta este viaje no era muy fan de este plato.


He de reconocer que la primera y única que vez que lo comí fue en Londres hace muchos años y no me había gustado nada por lo que nunca más lo volví a probar. Se ve que no lo hice en el mejor de los sitios ya que hasta ahora todos los que había comido aquí me habían encantado. Pescado muy fresco que se notaba de calidad, algo que seguramente le faltaba al que me comí en Londres.
Los acantilados de Neist Point.
Aún nos quedaba un largo camino hasta la que sería nuestra última visita del día: Neist Point. La carretera para llegar hasta allí resultó ser mejor de lo que había leído antes del viaje. Carretera con curvas, estrecha, de un solo carril en su mayoría, pero nada que no hubiésemos visto ya durante lo que llevábamos de viaje.

Cuando llegamos al parking del faro nos sorprendió la cantidad de coches que había. Muchos más de los que habíamos visto en The Quiraing y en Old Man of Storr. Cierto es que está es una visita en la que si no quieres caminar hasta el faro las mejores vistas se obtienen desde casi el mismo aparcamiento. Esto en principio no lo sabíamos. Bueno, sabíamos que las mejores vistas no estaban desde el faro sino de una zona elevada. Lo que no creíamos era que fuese desde una zona tan accesible desde el parking. Cuando llegamos al inicio del sendero que va hasta el faro y empezando a bajar se nos acerca una chica, cámara reflex en mano, como yo, a los que ya habíamos visto en el Castillo de Dunvegan y nos dice que no bajemos, que las mejores vistas se obtienen desde ahí al lado. Y nos señala un punto elevado al lado del aparcamiento. Le dimos las gracias y empezamos a subir.

Efectivamente ese era el punto. Aunque en un principio teníamos pensado ir hasta el faro, una vez se que pasamos en el mirador 15 minutos decidimos regresar al coche. Aunque no llovía y el tiempo había mejorado mucho respecto a esta mañana, el viento era muy fuerte, tanto que a veces nos costaba mantener el equilibrio. Como la temperatura no era muy alta, unos 14 grados, con este viento hermoso la sensación térmica era mucho más baja, hasta el punto de que me empezaron a doler los oídos incluso con la banda que llevaba para protegerlos.
Las vistas desde aquí son tan increíbles que no necesitamos más.

Pensamos que era lo suficientemente temprano como para, por un día, poder llegar con tiempo suficiente a Portree y poder tomar algo a la vez que intentaríamos ver si podíamos cenar en algún sitio.
Y menos mal que decidimos irnos sin visitar el faro porque a los diez minutos de meternos en del coche se puso al llover intensamente. Pensamos que sería una lluvia de esas tan típicas de aquí que duran escasos minutos pero lo cierto es que no paró de llover en todo el rato del día.
Un paseo por Portree
La mayoría de los restaurantes de Portree no hacen reservas. Tienes que ir y esperar. Llegamos a la conclusión de que es una estrategia para vender más ya que te obliga a consumir mientras esperas.
Esta vez no pudimos aparcar en el parking público al lado del Banco de Escocia ya que no quedaba ni una sola plaza. De todas maneras no eran todavía las 6 de la tarde por lo que tocaría pagar las 2 libras mínimo. Eso era menos que lo que nos tocó pagar en el otro parking ya que aquí el horario a partir del que no se paga es las ocho de la tarde. Aparcamos en un parking mucho mayor al inicio del pueblo (está marcado en el mapa anterior: Portree Car Park for Skye Tour)

De cervezas en The Isle Inn
Nos fuimos directos al pub en el que intentamos tomar algo la noche anterior y está vez encontramos un hueco para los cuatro en una mesa. Pedimos unas cervezas y cuando llevábamos ya un rato, se nos ocurrió aprovechar para pedir mesa para cenar. A mí no me apetecía nada ya que aún tenía el Fish and chips de esta mañana en el estómago pero pensamos que entre una cosa y otra quizá nos diese el hambre. Y menos mal que lo hicimos así, porque nos dieron mesa para una hora y media después. Me parece una perfecta estrategia para que consumas en el pub ya que durante esa hora y media no te puedes mover porque si te la llaman y no estás pasarán tú turno y no hay muchos sitios donde cenar en Portree.



Así que mientras esperábamos, después de una cerveza vino la siguiente y cuando la llevábamos por la mitad nos llamaron para cenar.
Cenando en Portree: The Isles Inn
Probé por primera vez los Haggis. Como no tenía muchas hambre y no sabía si me iban a gustar pedí solo un entrante de haggis que básicamente era uno. Me encantó, tanto que no sería el último que comería en este viaje.
¿Sabías qué…? Los Haggis.
El haggis es el plato nacional de Escocia y consiste en una mezcla de vísceras de oveja —corazón, hígado y pulmones— combinadas con avena, cebolla y especias, tradicionalmente cocinadas dentro del estómago del propio animal.
Dicho así suena horrible, y si me dicen que esto es algo que tiene un sabor exquisito, no me lo creería. Es por ello por lo que tuve mucha reticencia a probarlos, pero estando en Escocia, me parecía un delito no probar algo tan típico de aquí. Y no me arrepentí.

El haggis forma parte esencial de la gastronomía escocesa y se considera un símbolo cultural del país. Su preparación se basa en aprovechar las partes menos valoradas de la oveja, que se pican y se mezclan con harina de avena, cebolla y hierbas, creando un embutido de sabor intenso y textura densa. Esta mezcla se cuece durante varias horas en una bolsa natural —el estómago del animal—, aunque hoy en día es habitual utilizar envoltorios sintéticos.
El plato está profundamente ligado a la tradición rural escocesa y a la figura del poeta Robert Burns, quien lo celebró en su poema Address to a Haggis en 1787. Desde entonces, el haggis ocupa el centro de la Burns Night, una cena anual cada 25 de enero en la que se recita el poema y se sirve acompañado de neeps and tatties (puré de nabos y patatas).

Hoy en día, además, se hacen vegetarianos y veganos, así como adaptados a distintas formas y presentaciones.
Como ya era tarde regresamos al Pod y nos fuimos a dormir. Aunque a la mañana siguiente y por primera vez en este viaje no era necesario madrugar, pusimos el despertador para las 8 de la mañana con intención de salir para empezar nuestro último lo día en Skye, a las 9.

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