De Cuenca a Guayaquil, pasando por el Parque Nacional El Cajas.
Aunque en un principio este podría ser uno de esos días de transición, en el que no haces nada más que conducir de un sitio a otro, lo cierto es que fue un día de lo más animado, sobre todo porque vimos un paisaje tan espectacular como el de El Cajas, que jamás me hubiese esperado encontrar en Ecuador.

Pero hubo mucha historia en el camino, muchos datos que Raúl, en el primer viaje y Rodrigo en el segundo, nos contaron sobre la economía del país, y sobre las plantaciones de plátanos, arroz y cacao de la parte costera del Ecuador. Y sobre todo pasamos un contraste increíble de temperaturas, de los 5 grados de El Cajas al los 30 grados con los que nos recibió Guayaquil. Hoy, llegábamos ya a la costa, y el paisaje y la temperatura, cambió considerablemente.
Tengo emociones contradictorias con respecto a cómo viví este día en los dos viajes que hice. Porque la primera vez fue muy emotivo todo, y la segunda vez lo viví con mucha preocupación, sobre todo.
Viaje con Vosotros
Este «Viaje con Vosotros a Ecuador en 18 días» se desarrolló tal y como lo estáis leyendo durante el mes de Agosto de 2025, en uno de los viajes que realizamos bajo el concepto «Viaje con Vosotros». Desde hace años ofrecemos la posibilidad a nuestros lectores, seguidores de redes sociales y clientes de la agencia de viajes a acompañarnos. Y este fue nuestro Séptimo «Viaje con vosotros».
Si quieres realizar un viaje similar o parecido a este, consulta las fechas de salida regular o si lo prefieres, pídenos un presupuesto para un viaje en privado a un país que estoy segura que te sorprenderá.
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Somos agencia con licencia AV.240.AS
Comenzaba el sexto día de viaje, séptimo para mi ya que había llegado un día antes.
El cumpleaños de Rosa.
Con el primer grupo lo vivimos de una manera muy especial por muchas razones pero la principal y mas importante es que es el cumpleaños de Rosa, el cuarto que celebra conmigo y el segundo con este grupo en concreto, su ya segunda familia. Con el segundo grupo mi experiencia fue muy distinta, pero os la cuento más adelante.

Como es uno de los días de «transito» hemos pensado en celebrar su cumpleaños en el desayuno. Este es uno de esos momentos emotivos del viaje donde te das cuenta que estos grupos hacen familia, piña, y amistades para siempre.
Con Rosa he vivido cuatro veces esta sensación. La primera aquel día del viaje por Tanzania cruzando el país de Este a Oeste por el Sur. Aquel día teníamos también un largo trayecto por delante. Dejábamos atrás el cafetal de Mbeya para poner rumbo al Parque Nacional Katavi. Su segundo cumpleaños con nosotros, lo vivió en Vietnam, concretamente en Sapa y allí lo celebramos dos días seguidos. Casi nada. Su tercer cumpleaños con nosotros y el primero con este grupo, lo vivió en Indonesia, bueno, en Borneo, subidos en un klotok donde fue una experiencia inolvidable con un pastel hecho a base de verduras y arroz. Sin duda, algo distinto, original y llamativo.
Esta vez tocaba celebrarlo en Cuenca, y lo hicimos en la Posada del Ángel, donde las chicas del restaurante para desayunos, nos ayudaron a poner unas velas en lo poco que teníamos para hacerlo: un bollo.


Este cuarto cumpleaños conmigo y el segundo con el grupo, ya era como hacer un cumpleaños de familia. Claro, nos conocemos todos, y fluyeron los regalos, las felicitaciones, los besos, los abrazos… Y menos mal que decidimos adelantar el desayuno para que no se nos hiciese tarde, porque estuvimos mucho rato celebrándolo ya que para todos era un día muy especial. Vivir un cumpleaños lejos de tu familia y amigos no es fácil por lo que debemos hacerlo lo mejor posible.
Empieza la aventura, nos vamos al Parque Nacional El Cajas.
El día había amanecido lloviendo. Intuimos que se ha pasado parte de la noche así. Nos dirigíamos al Parque Nacional El Cajas. Tenemos un largo día por delante en el que pretendemos hacer muchas cosas por lo que hemos valorado cambiar la comida (incluida en el viaje) por la cena, y así, como ya vamos saturados de comer, poder picar algo ligero y llegar a Guayaquil cuanto antes.

Este cambio ya lo habíamos hecho el día que hicimos el trayecto desde Riobamba a Cuenca, y nos había salido muy bien la jugada. Creemos que hacerlo aquí también nos iba a venir de lujo, para aprovechar mucho el día, y así relajarnos a la hora de cenar sin estar pendientes de buscar un restaurante para 14 personas (16 en el segundo grupo)
Salimos de Cuenca y vemos que al frente, la masa de nubes está muy baja. Esperemos que en la hora de viaje que tenemos por delante, despeje. Cruzamos los dedos.

La carretera por la que vamos ascendiendo es relativamente nueva. Hasta esa fecha, llegar desde Cuenca a Guayaquil llevaba un largo día de viaje. Ahora, en unas 3 horas se hace. Ayer, en nuestra visita a la fabrica de sombreros de paja toquilla nos contaban que cuando la fabrica Homero comenzó a hacer sus sombreros, en la época del abuelo del actual dueño, hacer este trayecto llevaba más de una semana por lo que se conocía como Vía del Cajas.
Parque Nacional El Cajas
Cuando nos bajamos del bus notamos el impacto de un clima típico de los casi 4000 metros a los que estábamos, en plenos Andes ecuatorianos. Frio, viento, lluvia ligera por momentos y una sensación de congelación. Cada uno se puso lo que consideró, algunos muuuucha ropa, otros menos. Ya sabéis que tanto el calor como el frio cada uno lo percibe de forma distinta. En mi caso llevo peor el calor que el frio.

Después de una parada para adquirir el pase, nos vamos directamente al interior del parque, con la intención de hacer un pequeño sendero de bajada hasta cerca de la Laguna.
El parque nacional El Cajas tiene mas de 230 lagunas de origen glaciar, muchas de ellas interconectadas por pequeños riachuelos. Es decir, en el Parque Nacional Cajas hay mucha agua. Hay que tenerlo muy en cuenta para ir con un buen calzado.

Aquí hay que poner conciencia de que estamos a unos 3800 metros y que caminar cuesta más. Bajar a la Laguna supone que después hay que subir la cuesta.
Y esto asusta al principio, cuando vemos las infinitas escaleras que tenemos que bajar hasta enlazar con la Vía del Cajas, que debemos seguir casi hasta la laguna.

El Polylepis: un bosque antiguo adaptado a las alturas del Cajas
El Polylepis reticulata es uno de los símbolos botánicos más singulares del ecosistema andino. Estos árboles, capaces de crecer a altitudes donde pocas especies sobreviven, forman pequeños bosques conocidos como rodales, que funcionan como refugios de biodiversidad y como guardianes naturales del agua. Su corteza en múltiples capas —finas láminas que se desprenden como papel— les permite resistir el frío extremo, la radiación intensa y los vientos del páramo.

En el Cajas, donde se distribuyen más de 200 lagunas de origen glaciar y nacen ríos emblemáticos como el Tomebamba, los rodales de Polylepis cumplen un papel esencial en la regulación hídrica. Sus raíces ayudan a retener humedad en los suelos y a proteger las cuencas que abastecen a Cuenca y a buena parte de la región. Estudios realizados en el parque han descrito la estructura y estado actual de estos bosques, subrayando su importancia ecológica y la necesidad de conservarlos frente a los efectos del cambio climático.

Además de su función ambiental, el Polylepis aporta una imagen casi mística al paisaje del Cajas. Caminar entre sus troncos retorcidos y su follaje denso transmite la sensación de entrar en un bosque ancestral, en un cuento de hadas.
La vegetación «acolchada» de El Cajas
El páramo almohadillado del Parque Nacional Cajas está dominado por plantas que adoptan formas compactas y redondeadas, conocidas como vegetación en cojín. Estas especies —musgos, llantén de páramo, yareta y otras— crean superficies densas y esponjosas que retienen humedad y protegen sus tejidos del frío. Este tipo de crecimiento no solo caracteriza el paisaje, sino que también actúa como una esponja natural que regula el agua en uno de los ecosistemas más frágiles y valiosos de los Andes.

Mirlo andino o perdiz de paramo
En las caminatas por el Cajas, el mirlo andino suele ser de los primeros en dejarse ver. Su plumaje oscuro y su tamaño mediano lo hacen fácil de reconocer, y su comportamiento confiado permite observarlo sin demasiada dificultad. A diferencia de otras especies más esquivas del páramo, este mirlo se mueve con naturalidad entre matorrales y bordes de bosque, aprovechando cualquier zona con algo de cobertura.

El paisaje del Parque Nacional El Cajas es espectacular. En parte se me parecía a Escocia, país que había visitado hacia tan solo unos días. El color de la vegetación, las montañas escarpadas y la niebla, le confería ese aire dramático igual que en Escocia. Pero es cierto que eso es en la imagen en distancia porque la vegetación no se parece en nada.

Estuvimos algo más de 1 hora de paseo. Hubo quien decidió dar la vuelta y unos pocos continuamos con intención de llegar a la laguna. No llegamos en si, pero estuvimos cerca. Tras sacarnos unas fotos regresamos al punto de partida ya que el resto del grupo esperaba para continuar el viaje.

No hay ni una sola foto de este día que haga justicia a la belleza, no solo del Parque Nacional El Cajas, sino de toda la carretera que nos llevó desde Cuenca a Guayaquil, cruzando este parque.
Mi no experiencia en el Cajas (con el Segundo grupo)
15 días después de haber pasado por primera vez por el Parque Nacional El Cajas, me tocaba repetir. La noche previa, la pasamos en un hotel, Casa de San Rafael, en Cuenca. A las 5 de la mañana me suena el teléfono. Era Ana, una de las integrantes del grupo. Me decía, un tanto asustada, que Nacho (su pareja) no se encontraba bien y que había pasado mal la noche.
Como mi habitación estaba justo al lado de la suya, le dije que me abriese la puerta que entraba. Y lo que me encontré fue a un Nacho retorcido de dolor. Me asusté. Le hice unas cuantas preguntas y ahí ya me di cuenta que no había otra forma de solucionar aquello que irnos a un Hospital.
Así que me puse en contacto con Rubén que a su vez se puso en contacto con el seguro y nos dieron el nombre de una Clínica donde debíamos de acudir. Entre el ir y venir de mi habitación a la suya, me crucé con Rodrigo, nuestro guía. Se extrañó mucho de verme en pijama deambulando por el hotel a aquellas horas, y le conté lo que estaba pasando. Rodrigo, en ese momento, se encontraba preparando las frutas que habíamos comprado el día anterior en el Mercado 10 de Agosto para tomar en el desayuno.

Su cara de susto posiblemente fue peor que las nuestras. Supongo que no estén tampoco muy habituados a que estas cosas puedan pasar. Le dije que nos íbamos en taxi al Hospital y que ellos no se preocupasen por nada. Que desayunasen tranquilamente, y que llegada la hora pusiesen rumbo a El Cajas. Nosotros iríamos informando de nuestros avances en el Hospital y ya veríamos qué haríamos.
Recogí todas mis cosas y las metí en la maleta. Lo dejé todo ordenado y listo porque casi con toda seguridad sabía que en algún momento alguien tendría que sacar estas maletas de las habitaciones. Ana, ya había hecho lo mismo con las suyas.
Nos vamos al Hospital de Cuenca.
Así que delante del hotel nos subimos a un taxi rumbo al Hospital de Cuenca. Íbamos un tanto asustados, porque en ese momento no teníamos ni idea de lo que pasaba. Yo solo esperaba que fuese solo una indigestión, un dolor sin más, y que aquello fuese pasando. Pero no lo hizo.
Llegamos a la Clínica y la verdad es que nos atendieron muy rápido. Le empezaron a hacer pruebas y mientras yo gestionaba todos los planes posibles. El A, el B, el C… tenía que ponerme en todos los casos que se pudiesen dar, y tener opción ya preparada para activar alguno de ellos.

Durante las horas que estuvimos allí, me puse en contacto con nuestra agencia en Quito, y les comuniqué lo que estaba pasando. Fue una alegría tenerlos ahí, la verdad, porque no sabéis el peso que quita tener a alguien en el país, que te ayuda con todo lo que necesites y esto fue lo que pasó.
El grupo sigue su camino hacia El Cajas, sin nosotros
Cuando eran las 8:30 de la mañana, envío un mensaje a Rodrigo para indicarles que la cosa va a ir lenta y que no sabemos cuanto tiempo vamos a estar ahí, así que le digo que continúen su camino y que, si todo va bien, nos vemos en Guayaquil.
Al principio no quería abandonarnos allí, pero lo cierto es que no podemos retrasar el viaje de 12 personas por lo que nos pase a 3, así que no había discusión posible. Ellos debían continuar el viaje y nosotros ya veríamos como llegar a Guayaquil.
En estos momentos teníamos dos opciones (la tercera, en mi caso, no la podía barajar, porque de todas, todas, yo tenía que llegar hoy a Guayaquil).

Todo dependía de la hora a la que a Nacho le diesen el alta. Si eso ocurría antes de las 2 de la tarde, iríamos a Guayaquil en coche. Si le daban el alta más tarde de las 2, ya esto no podía ser por seguridad, y tendríamos que ir a Guayaquil, volando. La tercera opción era que no le diesen el alta en el día de hoy, con lo cual, sí o sí, yo tendría que ir a Guayaquil, volando. Porque a ellos, por ser familia, les cubre el seguro, pero yo tendría que volar en menos de 24 horas a las Islas Galápagos. Y ese vuelo no lo podía perder porque conllevaría la cancelación del resto de mis vuelos.
El alta de Nacho.
Eran las 11:30 de la mañana, más o menos, cuando ya tenemos un diagnóstico para Nacho. Le han medicado, ya no le duele, y podemos continuar el viaje con una medicación que debe tomarse los siguientes días. Mientras esperamos el parte de alta del hospital, me pongo a activar el plan A: que alguien nos venga a recoger, nos lleve al hotel a por nuestras cosas y continuemos el camino hacia Guayaquil.

A estas horas, el resto del grupo, están disfrutando de su caminata, bajo un frío intenso, en el Cajas.
El encuentro con Carlos.
Me encuentro con Carlos en la puerta del Hospital cuando yo regresaba de comprar algo para el desayuno de los tres. Unos cafés en lata, unas galletas y unos bollos. Le digo que aún no tenemos el parte de Alta y me indica un punto en el que nos esperará ya que no puede dejar la furgoneta mucho tiempo donde la tiene aparcada.
A las 12 de la mañana salimos a recoger las maletas al hotel y pusimos rumbo a Guayaquil.
El viaje hacia El Cajas.
En este momento aviso a Rodrigo que estamos saliendo. Me dice que el grupo no quiere continuar el camino sin esperar por nosotros, así que han tomado la decisión consensuada de que esperarán en un restaurante del Cajas a nuestra llegada tomando un chocolate caliente. Les hace falta.

Casualmente, Carlos, es guía en el Parque Nacional El Cajas, con lo que aprovechamos el trayecto de más o menos una hora, para que él nos cuente algo sobre este parque. No podríamos parar pero al menos Ana y Nacho se llevarían la información y sobre todo, las imágenes de postal que aquella mañana nos dejaba El Cajas.
Nos reunimos con el grupo, nos despedimos de Carlos, y seguimos nuestro viaje hacia Guayaquil ya todos juntos. Pero la historia no acaba aquí.
Mirador de las Tres Cruces. Parque Nacional El Cajas.
Hicimos una segunda parada en el mirador de las 3 cruces, desde donde en condiciones de buena visibilidad se pueden ver hasta 8 lagunas. No fue nuestro caso. Cuando nos bajamos del bus una niebla densa lo cubría todo. Literalmente estábamos en las nubes. Aun así decidimos ir hasta el mirador para por lo menos ver que no se veía nada.

Pero justo cuando estábamos llegando, casi como por arte de magia se despejó unos minutos, los justos disfrutar del espectacular paisaje antes de que se pusiese a llover y regresásemos al bus corriendo. En este momento nos encontramos en el punto mas alto de la carretera, 4100 metros. Ahora tocaba bajar, y ya nos habían avisado que si alguien se mareaba era el momento de tomar biodramina.

Parada para admirar las vistas.
La siguiente parada la hicimos en una gasolinera con vistas al bosque nuboso. Teníamos las nubes justo por debajo y las imagines eran increíbles. La temperatura había subido considerablemente con respecto a lo que habíamos vivido.

El camino de bajada fue espectacular. El sol acompañaba y se mezclaba con las nubes que veíamos por arriba y por abajo. Después de esto, tocaba atravesar una y continuar bajando.
Creo que este es el día en el que la diferencia térmica que sufrimos fue la mayor ya que la temperatura que se estimaba para Guayaquil rozaba los 30 grados.

Comiendo en una gasolinera en el camino
Hicimos otra parada con intención de comprar algo para comer rápido en el bus. Lo hicimos en una gasolinera dónde para llevar sólo nos ofrecieron hamburguesa de pollo.
Parte del grupo compró un menú y el resto con snacks de plátano y patata.


Estábamos justo entrando en lo que se considera la zona de costa de Ecuador. A partir de aquí era todo llano y nos empezamos a encontrar con las grandes plantaciones de Cacao.

Aunque el mayor motor económico del país es el sector servicios, Ecuador tiene una alta dependencia del petróleo, de las exportaciones agrícolas y sobre todo, del cacao. Al estar en en la línea del ecuador y ser su tiempo tan estable les permite tener varias producciones al año, por eso es un gran productor de Cacao.
¿Sabías Qué….? La producción de Cacao en Ecuador.
Este viaje que hicimos hasta llegar a Guayaquil dio para que conociesemos un poco más sobre la economía del país y sobre todo sobre la producción del Cacao.
Y es que Ecuador es reconocido como el principal productor mundial de cacao fino de aroma, un tipo de grano muy valorado por sus notas florales y frutales y que representa solo el 12 % de la producción global, pero del cual Ecuador aporta alrededor del 63 % . Este prestigio proviene de la variedad Nacional, también llamada Arriba, cultivada desde hace siglos y considerada un emblema cultural y económico del país.

Tipos de cacao que se producen en Ecuador
De Cacao se producen dos tipos, fundamentalmente, uno de menor calidad, el CCN51 y otro considerado el mejor del mundo, el Arriba Ecuador, cuyo nombre, se dice que proviene la época en la que llegaron los españoles y les preguntaban a los indígenas de donde venia ese cacao, contestaban: Río Arriba.
- Cacao Nacional (Arriba / Fino de Aroma): Es la variedad más representativa. Destaca por su perfil aromático complejo y es la base del cacao fino de aroma ecuatoriano, utilizado en chocolates de alta gama. Su reputación internacional se debe a sus fragancias florales y frutales, reconocidas desde hace siglos .
- CCN‑51: Es un clon híbrido desarrollado en Ecuador, conocido por su alta productividad y resistencia. Aunque no posee el mismo perfil sensorial que el Nacional, es clave para el volumen de exportación y la estabilidad económica de muchos productores. Estudios recientes comparan su composición con la del cacao fino de aroma para orientar mejoras en calidad y rendimiento .
Mas adelante aparecen los plataneros y después las grandes extensiones de caña de azúcar, que ahora por ser temporada seca, estaba en recolección o ya recolectada.

También hay alguna plantación de arroz para consumo local. En Ecuador se consume mucho arroz por eso producen pero no exportan.
El cambio del Sucre al Dólar en el año 2000
Como llevábamos un rato hablando de la economía de Ecuador, sobre todo en lo que se refiere a las exportaciones y a la producción agrícola de la zona de costa, llegó el momento de hacer la gran pregunta. ¿Qué llevó a Ecuador a adquirir el dólar americano como su moneda oficial?
Cuando el sucre dejó de sostener al país
A finales de los años noventa, Ecuador vivió una crisis económica que se sentía en la calle: los precios subían cada semana, los ahorros perdían valor y el sucre se devaluaba a una velocidad que la gente no podía seguir. En pocos años pasó de ser una moneda estable a cambiarse a 25.000 sucres por un dólar, una cifra impensable tiempo atrás. Esto supuso que si antes, con 50000 sucres se compraban un par de zapatas, ahora con eso tan sólo te daban 2 dólares.

La situación se agravó con el feriado bancario de 1999, cuando los depósitos quedaron congelados y muchas familias perdieron parte de lo que tenían ahorrado.
En ese ambiente de incertidumbre, el gobierno anunció en enero del 2000 que el país adoptaría el dólar estadounidense como moneda oficial. La medida buscaba frenar la inflación y recuperar la confianza en la economía. El dólar empezó a circular en marzo de ese mismo año, y el sucre dejó de ser moneda legal en septiembre, después de 116 años de historia
Cómo se vivió este cambio
Esto dio lugar a la emigraciones, primero a EE.UU. y cuando EE.UU. lo puso más complicado, empezaron a emigran a España. Desde el 2000 al 2004 mas de 3 millones de ecuatorianos migraron a España. Muchas de las casas que vimos, buenas casas, en el camino a Ingapirca son de estos ecuatorianos que emigraron y mandaron divisas a Ecuador. Muchas de estas casas aun no están ocupadas.

Con el tiempo, el dólar trajo estabilidad a los precios y frenó la devaluación, pero también significó renunciar a una parte de la autonomía económica del país. Aun así, para quienes vivieron esa época, lo que más se recuerda es la sensación de que el sucre ya no podía sostener la vida ecuatoriana.
La llegada a Guayaquil.
Todavía no eran ni las dos de la tarde cuando vemos los primeros edificios de Guayaquil. El cielo estaba totalmente despejado y se intuía que en el exterior la temperatura no era nada baja. Según vamos entrando, nuestro guía Raúl (y posteriormente Rodrigo) nos fueron contando algunas historias destacadas sobre la ciudad y alguna anécdota, como el motivo por el que hay una gran estatúa de un mono a la entrada de la ciudad.

Y sí, no nos equivocamos nada. Hoy sería el día que más gradiente térmico sufriríamos. Habíamos pasado de unos 5 grados del Cajas (aunque con una sensación térmica bastante más baja debido al viento) a los 35 con los que nos recibió Guayaquil. El impacto de esa medio brisa caliente y húmeda, con esta temperatura, nos dejó KO desde el primer momento.
Nos bajamos del autobús al lado de El parque de las Iguanas, lugar donde estaba, además, ubicado nuestro hotel, que nos acogería esta noche y la última del viaje. Nuestro guía Raúl nos había pedido, que para poder aprovechar bien el día, además de lo que hicimos de picar algo por el camino y no comer, nos pidió dejar todo el equipaje en el autobús y no hacer uso del hotel, ni check in, ni nada, y dejarlo para cuando ya hubiese atardecido. De esta manera nos daría tiempo a hacer una visita panorámica de la ciudad. Y esto fue lo que hicimos.

El parque de las Iguanas.
Nos bajamos del autobús en el parque de las Iguanas cuando pasaba poquito de las dos de la tarde, con tiempo suficiente para disfrutarlo bien.
El Parque de las Iguanas, oficialmente llamado Parque Seminario, es uno de los espacios más característicos del centro de Guayaquil. Está frente a la Catedral y forma parte de la historia urbana de la ciudad desde finales del siglo XIX, cuando dejó de ser la antigua Plaza de Armas para convertirse en un parque público.



Hoy es conocido por la presencia de más de 200 iguanas que se mueven libremente entre los jardines y los senderos. Estas iguanas, de la especie Iguana iguana, descansan en el césped, trepan a los árboles y se acercan con naturalidad a quienes pasan, lo que ha convertido al parque en un punto de interés turístico y muy fotografiado, además de un símbolo de Guayaquil. Además hay una pequeña laguna con tortugas que también llama la atención y es un buen reclamo para el turista.


Estuvimos mucho rato allí. En mi primera visita (pasaría por aquí 4 veces en los dos viajes) había muchísima gente en el parque. Era festivo y se notaba. Tenías que tener cuidado al caminar porque te podías encontrar, sin darte cuenta, con una iguana. Me llevé un gran susto al dar un paso hacia atrás y ver que por poco pisaba una.

Un paseo por el Malecón
Tras el rato que pasamos observando a las iguanas por el suelo, por lo árboles, e incluso peleándose entre ellas, empezamos nuestro paseo por el Malecón. Nuestra intención era recorrerlo entero, y despacio, hacia el Cerro Santa Ana y una vez allí, subir al Faro, quien quisiese. La temperatura era muy alta y la humedad también, con lo que dar pasos y sobre todo, subir escaleras sabíamos que no iba a ser fácil. Y más complicado aún porque, al menos yo, no me había cambiado de ropa y aún estaba con la ropa con la que paseé por el Cajas a 5 grados. Eso sí, me había quitado la chaqueta y el forro polar, pero por lo demás, iba igual.

Caminar desde el Parque de las Iguanas hasta el cerro Santa Ana es una forma sencilla de recorrer algunos de los puntos más representativos de Guayaquil.
A lo largo del malecón aparecen jardines, plazas y miradores, y la ruta avanza hacia la zona norte, donde se encuentran la Rotonda y, más adelante, el acceso al barrio Las Peñas.
El ambiente a estas horas de la tarde, de un día festivo, era muy intenso. Gente por todos lados, puestos de venta de todo tipo, música en vivo en cada rincón y seguridad, mucha seguridad.

Desde allí, las escalinatas del cerro Santa Ana llevan a un conjunto de casas de colores, pequeñas plazas y vistas amplias de la ciudad, un cierre natural para un trayecto que une historia, vida urbana y uno de los miradores más conocidos de Guayaquil.
Cerro Santa Ana y Faro Las Peñas
Subir al faro de Las Peñas en un día de 35 grados, con la humedad pegada a la piel, convierte cada escalón en una pequeña negociación contigo misma. Yo no paraba de pensar que mi recompensa sería una cerveza muy fría al terminar. Y eso me hacía dar cada paso y subir cada uno de los 440 escalones que te lleva hasta la cima.

El barrio es precioso, diría que uno de los más bonitos de Guayaquil y sobre todo el que más carácter tiene con sus casas de colores. La sombra es escasa y el sol cae fuerte, así que el ritmo se vuelve lento y el sudor empieza a caer a chorros.

En los últimos tramos, ya localizamos el faro, una ligera brisa calma el sofocón que llevamos en este momento. Pero una vez arriba, solo con las vistas, te alegras de haber pasado este pequeño sufrimiento subiendo. La visita doró poco. Unas fotos por cada uno de los costados, la subida hasta el faro, otras fotos desde allí arriba, poco porque había bastante gente y el movimiento debía ser continuo.



Tomando unas cervezas en el Cerro Santa Ana
Y al bajar, nos vamos directos, a tomar una buena cerveza fría. En estos momentos me encontraba a punto de desfallecer, por lo que cuando entramos en aquel local del barrio, que ocupamos en casi su totalidad y pedimos unas cervezas bien frías y subir un poco más el aire acondicionado, ahí, empecé a sentirme un poco mejor.


Desde allí solo nos quedaba el paseo de vuelta hasta el hotel, con intención de llegar antes de anochecer. Allí hicimos el check in muy rápido ya que lo tenían todo preparado y en nada nos estábamos duchando, que buena falta nos hacía.

Dónde alojarse en Guayaquil.
En Guayaquil nos alojamos en un hotel ubicado en pleno centro, frente al parque de las Iguanas y al lado de la Catedral. Es un lugar muy seguro y una de las mejores zonas para alojarte en Guayaquil. A este hotel repetiría mil veces. Estuve ya en él 4 veces y volvería siempre a alojarme allí
Se trata del hotel Unipark, que no solo valoro por su calidad, por las comodísimas camas, por la amplitud de las habitaciones, por lo completo de los servicios que ofrecen, por dejarnos unos vales para poder tomar algo en el bar tras la cena o por permitirnos dejar parte del equipaje allí guardado para no tener que llevarlo a Galápagos. También valoro muy bien la atención por parte de todos los empleados del hotel, desde la recepción, hasta la seguridad, el servicio de restauración y todo en general.


La cena previa a irnos a Galápagos
Tras una buena ducha nos fuimos a cenar. Esta noche, que en principio no teníamos la cena incluida, la hicimos en el restaurante del mismo hotel. Como este día sí teníamos la comida incluida, finalmente decidimos, para no perder tiempo, cambiar la comida por la cena, así que aunque en principio la tendríamos que pagar, finalmente no lo hicimos. Este cambio también lo implementé en el segundo grupo, 15 días después, porque creíamos firmemente, que era un acierto.

La cena, además, estuvo de lujo.
Aprovechamos que teníamos un vale para tomar algo en el bar, que era la última noche y que además era el cumpleaños de Rosa, para reunirnos todos, tomar algo, echarnos unas risas y despedirnos de Raúl y Rosendo, ya que hoy era nuestra última noche con ellos.



Después de esto nos fuimos a dormir ya que teníamos que madrugar para tomar nuestro vuelo hacia las Islas Galápagos.
El final del día en el Hospital de Guayaquil. (Grupo 2)
Desde que nos reencontramos con el grupo en aquel restaurante del Parque Nacional de El Cajas el día transcurrió con cierta normalidad. Hicimos dos paradas, una para ver el increíble paisaje del Cajas, y otra para cambiarnos de ropa y comprar algo para comer en una gasolinera en el camino, ya habiendo descendido del Cajas y estando a nivel de mar.

En el camino Nacho fue poco a poco encontrándose mal. Era un echo que la medicación que le pusieron en el hospital estaba dejando de hacer efecto y su malestar volvía a ir creciendo.
Parque de las Iguanas y un paseo por el Malecón
Cuando llegamos a Guayaquil, en este caso, como íbamos con mucho retraso, tan solo nos dio tiempo a ver el parque de las Iguanas (que teníamos frente al hotel) y a dar un pequeño paseo por el Malecón.

Cena en el restaurante del hotel
Cuando nos sentamos a cenar en el restaurante del hotel de Guayaquil, ya teníamos claro que debíamos volver al hospital. Nacho no podía llegar con dolor a Galápagos, donde el sistema sanitario no es igual, y donde las posibilidades, dependiendo de la isla, son muy limitadas para recibir asistencia médica.
Mientras cenábamos (yo no pude probar bocado) esperábamos la respuesta del seguro de viajes para decirnos a qué clínica debíamos acudir. Estábamos terminando la cena cuando recibimos el correo con la dirección: Hospital Clínica Kennedy Samborondón.

Nos vamos al hospital de Guayaquil.
Así que simplemente, recogimos algunas cosas (el bolso, dinero y poco más) pedimos un taxi, y en nada estábamos en la sala de espera de Clínica.
Aquí empezó una larga noche que terminó, para mi, a las 2 y media de la madrugada. Para Nacho y Ana, terminaría muchos días después, ya que a esta hora de la madrugada nos informan que Nacho debe ingresar, que no puede seguir el viaje, que tampoco puede regresar a España por riesgo médico y debe quedarse allí para, a lo largo de los siguiente días tomar decisiones en función de su evolución.

Nos quedamos paralizados. No nos podíamos creer lo que estábamos viviendo. Allí y en aquel momento, tenía que dejar a Ana y a Nacho en el hospital y yo debía regresar al hotel. Pero antes tenía que conseguir que Ana tuviese cobertura de internet. En estos momentos, ellos no tenían conexión, no se habían comprado una tarjeta de datos, y tampoco les funcionaba el rooming para alguna emergencia.
Yo debía coger un vuelo a primera hora de la mañana a San Cristóbal (Galápagos) y por tanto no podía dejarles sin contacto con el mundo, ni con el seguro.

Miré en Google algún punto, cerca del hospital donde Ana pudiese conseguir, al día siguiente una tarjeta de datos. Le di varias indicaciones sobre cómo llegar (sin conexión a internet) hasta la tienda. También, por si acaso, le dije donde podía conseguir una tarjeta en los alrededores del hotel. También la puse en contacto con el contacto de nuestra agencia en Quito, de forma que pudiese tener a alguien del país atenta a ellos, e hice lo propio con mi contacto en Quito, para que estuviesen pendientes de ellos.
Así, con todos los deberes hecho, puse rumbo a la entrada de la clínica para buscar un taxi de vuelta al hotel. Y aquí empieza mi segundo calvario del día. No hay taxi.
Mi calvario de vuelta al hotel.
Veo que no hay taxis ni nada que se le parezca. La ciudad, a estas horas, parece una ciudad fantasma. No hay luces por las calles, no se ve nada, ni se siente nada. El más absoluto silencio. De cuando en cuando veo pasar una rata despistada, buscando un sitio donde cobijarse.

Me acerco a la puerta del Hospital y le pregunto al personal de Seguridad donde puedo conseguir un taxi para regresar al hotel. Me miran. Se miran entre ellos, y se ríen. No hay taxis en Guayaquil que funcionen por la noche. Creo que fue la primera y única vez que en este país sentí que alguien no me ayudaba. Porque de igual forma que me dijeron esto con risas, a continuación miraron hacia sus teléfonos y ahí se acabó la conversación.
Regresé a la sala de espera de Urgencias. Intenté bajar las pulsaciones de mi corazón, serenarme un poco y pensar, sobre todo pensar, en qué podía hacer.
La solución estaba en mi móvil
Muchas veces me preguntan que porqué yo no viajo con un e-SIM y siempre me compro una Sim local en destino. Este año, además, me costó hacerlo y perdí bastante tiempo por ello. La respuesta la tenéis en lo que pasó hoy.

Es cierto que yo tengo una aplicación para hacer llamadas de teléfono vía conexión a internet, con coste, claro, pero vienen muy bien para casos muy concretos donde tengas que llamar a cualquier lugar del mundo sin que te cobren un riñón por ello. Pero por alguna razón en Ecuador, no funcionó. Tener una SIM local supone que puedas llamar por teléfono en cualquier momento dentro del país, y esto fue lo que acabé haciendo.
Busqué en internet el número de teléfono de contacto del hotel. Mala suerte. No es el teléfono del hotel. Es una centralita donde se centralizan las llamadas de todo el grupo al que pertenece el hotel. Bueno, todo será esperar a ver si consigo hablar con algún ser humano.

Voy pasando por todos los pasos: «Marque el 3 si….; marque el 2 sí…..» y así llego a «Marque el 2 si quiere hablar con la recepción del hotel de Guayaquil». Por fin. Ahora solo espero que alguien coja el teléfono.
El regreso al hotel de Guayaquil.
Y sí, me cogieron el teléfono. Les informo de quien soy y en qué habitación estoy alojada. Les cuento lo que me ha pasado y les pregunto si hay alguna forma de que me puedan enviar a alguien a recogerme. La chica de recepción fue todo un amor. Al contrario que la gente de seguridad de la clínica, esta chica lo primero que hizo fue tranquilizarme. No había ningún problema, ellos enviarían a alguien a por mi. Me dice que trabajan con una empresa de transporte con la que se van a poner en contacto y que cuando tenga información de quién me va a recoger me enviaría un Whatsapp. Y añade, que no me suba a ningún coche que no sea justo el que me llegue en la información del whatsapp. Y así hice.

Con el miedo que me había metido la chica de recepción en el cuerpo y viendo todos los datos que recibí en el móvil de la persona que me iba a ir a recoger, tuve claro que aquello era una aventura de riesgo. Así que ya antes de que llegase el coche a por mi, le envié a Rubén una ubicación en tiempo real y además, antes de subirme al coche, le llamé por teléfono para estar siempre en contacto. Así llegué al hotel, le pagué la carrera al taxista y me fui directamente a la ducha. No sabéis la necesidad que tenía en estos momentos de meterme bajo el agua.
Eran las 3 de la mañana y el despertador sonaba a las 7. Así que no había tiempo que perder. Lo bueno, es que tenía la maleta preparada. No la había ni deshecho. Eso sí, decidí que parte del equipaje se iba a quedar en el hotel hasta mi vuelta.

Conclusiones que sacamos de este día.
- Hay que viajar siempre con un buen seguro de viaje. Nacho estuvo ingresado 5 días en el hospital y unos días más alojados en un hotel de Guayaquil antes de poder volver a casa. Volver a casa, además, cuando su billete de vuelta había sido cancelado por la aerolínea por no haber cogido los vuelos intermedios. Y además, todo esto, por un motivo médico por el que no hace falta estar viajando, te puede pasar y podría haberle pasado en su casa, pero le pasó allí, a miles de kilómetros y sintiéndose totalmente desprotegido.
- Hay que viajar siempre con una buena conexión a internet que te saque de muchos apuros, y en mi caso, seguiré siempre viajando con un SIM local salvo excepciones.
Y así concluye un largo día, uno más que otro, de mi paso por Guayaquil. Pasaría 3 veces más por aquí, así que aún me quedan algunas cosas más que contar, pero eso, será otra historia.

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