Sepilok Orangutan Centre

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El centro de rehabilitación del Orangután en Sepilok, es uno de esos sitios imprescindibles en cualquier viaje por Borneo. Uno de los pocos sitios del mundo donde te “aseguran” ver a los orangutanes. Entrecomillo “aseguran” porque asegurado no está. Los orangutanes viven en libertad o semi-libertad, ya que regresan a comer cuando lo necesitan, por lo que asegurado al 100% no lo está.

Sepilok se encuentra ubicado al norte del Borneo malasio, en la provincia de Sabah, y llegar hasta el centro es relativamente fácil, es más, es el destino para ver Orangutanes de más fácil acceso, motivo por el cual se encuentra, a mi entender, muy masificado.

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Como llegar a Sepilok

 

Para llegar a Sepilok basta con coger un vuelo desde muchas de las ciudades asiáticas hasta Sandakan y desde allí en un taxi por 40 RM. Desde ciudades como Kota Kinabalu, también se puede llegar en Bus, un bus que cuesta unos 8 euros y tarda unas 6 horas con suerte. A mi entender, entre 8 euros y 6 horas o 20 euros y menos de una hora no es comparable. Nosotros llegamos a Sandakan, procedentes de Kota Kinabalu en un vuelo que nos costó 21 euros, maleta facturada incluida.

 

 

Diferencias entre Semenggoh y Sepilok.

 

Las diferencias fundamentales que yo encuentro entre los dos centros de rehabilitación del Borneo Malayo son fundamentalmente dos:

  • Sepilok es mucho más turístico, por lo que la afluencia de gente diaria es mucho mayor que la que se encuentra en Semmengoh, donde además, el trato hacia el orangutan se hace mucho más distante, e incluso los cuidadores se alejan de ellos y no permanecen en las cercanías de los orangutanes mientras estos vienen a comer. En Sepilok, sin embargo, parecen estar mucho más acostumbrados a la presencia humana, y el cuidador permanece en las cercanías durante el proceso de alimentación. Me ha parecido mucho más salvaje el centro de Semenggoh que el de Sepilok.
  • El precio: El precio de Sepilok es mucho más caro que el de Semenggoh. Mientras el primero tiene un precio de 30RM (al que hay que añadir 10RM más por cada equipo fotográfico o de video que quieras utilizar) en el segundo el precio es de 10RM únicamente.

Si queréis leer nuestra experiencia en Semenggoh: Centro de recuperación del orangután en Semenggoh

 

Unos datos sobre el centro de rehabilitación de Sepilok.

 

El centro de rehabilitación del orangutan de Sepilok fue creado en el año 1964 para la rehabilitación de orangutanes huérfanos y se convirtió en el primer centro de este tipo en el mundo. Hoy en día, no solo se rehabilita a este tipo de orangutanes que han quedado sin familia, sino también a los que llegan quemados, magullados y en estado grave como consecuencia de los incendios provocados que están arrasando parte de la selva virgen de Borneo, con la única intención de crear terreno fértil para la producción del codiciado aceite de palma (presente en una inmensa cantidad de productos consumidos en lo que se conoce como “el primer mundo”). Hoy en día, estos centros hacen una loable labor, ya que no solo recuperan el estado físico de los orangutanes, sino que les enseñan a poder sobrevivir en la selva y que algún día puedan no ser dependientes. El centro quiere dejar claro que se no se trata de un zoo, sino que los orangutanes se encuentran en libertad, en la libertad que les da 43 kilómetros cuadrados de terreno en el que se pueden mover, volviendo solo al centro cuando necesitan comer. Si en algún momento, alguno de ellos no regresa, será una buena señal: ya no tiene dependencia. Hasta llegar a este momento, es decir, al día de la “no dependencia” un orangutan puede tardar hasta 7 años, incluso algunos no lo harán nunca.

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La alimentación que les proporcionan suele ser monótona, animándoles de esta manera a buscar otra forma de alimentarse en la selva. En época de frutas es más difícil que regresen al centro a comer, sin embargo, en época seca es más fácil ver un mayor número de ellos.

 

Horarios de alimentación

 

La comida se pone a disposición de los orangutanes del centro de rehabilitación de Sepilok dos veces al día, a las 10:00 y a las 15:00. El centro permanece abierto desde las 9 de la mañana a las 4 de la tarde.

No se permite el acceso al centro con mochila, solo con la cámara de fotos. El centro tiene taquillas gratuitas disponibles.

 

Nuestro día en Sepilok.

 

Nos despertamos en el bonito hotel “Nature Lodge Sepilok que os lo recomiendo totalmente y pese a ser más caro que otros hoteles que habíamos visto en Sandakan, pensamos que mereció mucho la pena pagar más por dormir y despertarse esta noche aquí.

Salimos del chalet y hoy, al ser ya de día, nos dimos cuenta de que debíamos ser los únicos clientes del hotel. Nos fuimos hacia la zona de recepción y allí ya teníamos preparado nuestro desayuno: café, cacao, te, tostadas con mermelada y mantequilla. La verdad es que después de los últimos días en Mulu, esto nos parecía todo un lujo.

Al terminar el desayuno, preparamos las mochilas y nos dirigimos hacia las oficinas que habíamos visto la noche anterior. Allí nos encontramos con el jefe, con el que ya habíamos hablado por teléfono. Le enseñamos el bono, le explicamos lo que teníamos reservado y nos dijo que no había ningún problema. Menos mal porque después del susto del día anterior ya pensábamos que hoy tendríamos algún problema como aquel que tuvimos en Perú al llegar a Machu Picchu.

Bueno, el caso es que le dijimos que queríamos ir a visitar el Centro de Recuperación del Orangután de Sepilok. No había problema, nos daba tiempo de sobra antes de que nos pasasen a recoger para dirigirnos al río Kinabatangan (un tour de 3 días y dos noches que teníamos reservados con ellos mismos).

Un kilómetro, aproximadamente, es lo que separa el Nature Lodge Sepilok de la entrada al centro de rehabilitación del orangután en Sepilok, trayecto que hicimos bajo un sol abrasador. Nada más llegar a la puerta de acceso percibes que este centro nada tiene que ver con el de Semenggoh. Aquí todo tiene un sentido más comercial: la entrada es más cara (30RM), te cobran por hacer fotos (10RM por cada cámara que quieras meter), la mayoría del personal es occidental (no local), y es infinitamente más turístico que el de Semenggoh, pero la experiencia que vivimos aquí, pese a ser distinta, fue igual de bonita.

A las 9 de la mañana ya habíamos sacado nuestra entrada y tras dejar la mochila en la taquilla y escuchar una charla sobre como funciona el centro, era hora de ir a lo que habíamos venido, a ver orangutanes.

Un camino que parecía interminable, sobre una pasarela de madera y llena, muy llena de gente, nos llevó a la plataforma de observación de los Orangutanes. Aquí otra diferencia con respecto a Semenggoh: había tanta gente que el momento no se hizo tan íntimo como en Semenggoh, además la gente tampoco era tan respetuosa con el momento y cada uno seguía la conversación con su compañero sin guardar el silencio que debíamos haber mantenido por respeto hacia los demás (es lo que tiene tanta afluencia de gente). No obstante, en el momento en el que las ramas se movieron y se intuyó la presencia del primero de los primates, todo cambió. En este momento, creo que dejé de oir a mi alrededor (más que el que la gente se hubiese cayado) y volví a encontrarme a solas con ellos.

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Por nuestra derecha aparece el primer orangután, tranquilo, calmado, a paso lento, sin molestar, sin inmutarse por nuestra presencia. Con tranquilidad se va acercado a la plataforma donde un guarda había dejado una buena cantidad de frutas. Otra diferencia con Semenggoh y es que aquí, tanto el guarda como el orangután parecen estar muy acostumbrados a la presencia uno del otro, ya que ninguno de los dos se inmutó. El guarda permaneció al lado de los orangutanes durante todo el tiempo.

Al cabo de otro rato, un segundo orangután se acerca a la plataforma. Esta vez venía caminando, subió las escaleras y se colocó al lado de su compañero. No les debe hacer gracia nuestra presencia, porque nos daban la espalda a cada momento.

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Mi cámara no dejaba de disparar. Quería captar todos sus movimientos, todas sus expresiones. Me llamaba tanto la atención sus gestos, tan humanos, que la sensación que tenía en ese momento era la de que el mundo se había parado allí mismo y que debía aprovechar todos aquellos segundos que la vida me había permitido vivir. No quería que aquello terminase.

Pero terminó, y se terminó en el mismo momento que los dos orangutanes decidieron dar por concluida su comida.

Aquel momento no fue el único que vivimos en Sepilok, porque justo cuando abandonábamos el centro vimos otros dos orangutanes subidos a un arbol. Otro momento para no olvidar.

 

La Nursery de Sepilok

 

Después de nuestro encuentro con los Orangutanes “mayores”, nos fuimos a visitar a los más pequeños, los que todavía están aprendiendo como comportarse y como sobrevivir en la selva. Aquí si que pasé muy buenos momentos, observando, desde la cristalera, como jugaban, como se peleaban, como comían, como trepaban… creo que no perdí la sonrisa en ningún momento de las más de 40 minutos que estuvimos allí, todo el tiempo que nos dejaron hasta que, como siempre, los orangutanes chiquitos se retiraron, y nos dejaron en soledad.

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La visita a Sepilok había cubierto nuestras expectativas, aunque después de haber estado en Semenggoh, éste se quedaba un poco más artificial, y no me entendáis mal, no artificial en el sentido de que fuese un zoo porque no lo es, pero si en el sentido de que al ser tan turístico pierde mucho la esencia. Solo por el momento con los pequeños orangutanes había merecido la pena.

Si no lo habéis hecho, no os perdáis nuestra visita a Semenggoh: Centro de recuperación del orangután en Semenggoh

 

De camino a Kinabatangan River.

 

Después de la visita a Sepilok regresamos dando un paseo hacia el hotel (Nature Lodge Sepilok) donde al cabo de un rato pasó una furgoneta a recogernos para ir hacia el río Kinabatangan.

Dejamos las mochilas en el hotel y pese a que en un principio habíamos leído que cobraban por ello a nosotros nadie nos pidió nada.

Hacia las doce de la mañana salimos en dirección al río Kinabatangan. Por el camino se hace mucho más patente la situación que vive la selva de Borneo en la actualidad y que hasta este momento casi no habíamos percibido. Es evidente que la deforestación, la quema incontrolada y la plantación de Palma en la región de Sabah es mucho más agresiva que en Sarawak. Aquí, empezamos a ver, plantaciones de palma que llaman notablemente la atención. Hectáreas y hectáreas de terreno con palmeras perfectamente colocadas y todas iguales (no hay confusión, son plantaciones de palma). La creciente demanda de este producto en el mundo (se estima que cada ser humano consume 30 kilos de aceite de palma al año) hacen que la selva de Borneo esté desapareciendo y en su lugar se originen plantaciones de palma a nivel industrial.

Llegamos a la rivera del río unas dos horas después. Sacamos las mochilas y nosotros y los que serían nuestros compañeros de aventuras durante los siguientes 3 días, nos dirigimos hacia el embarcadero donde ya nos esperaban para cruzar el río.

El “Nature Lodge Kinabatangan“, donde habíamos reservado un pack completo de 3 días y 2 noches, se encuentra situado justo al lado contrario el río, sin adentrarse más en la selva y sin tener que navegar río arriba.

 

¿Porqué escogimos el Nature Lodge Kinabatangan?

 

Nuestra idea original era pasar estos tres días en “Uncle Tan”, una reserva situada río arriba, motivo principal por el que querer reservar aquí. Estuve meses pensándolo, sin decidirme a escribirles. A falta de un mes para volar a Borneo tenía que tomar una decisión. No me decanté por el Uncle Tan y os explico el porqué. Sabéis mi aprensión por las arañas y los bichos en general. Os lo conté en aquel artículo “Aracnofobia en la selva” cuando anunciábamos nuestro viaje a Borneo. Tampoco lo pasé bien en aquella primera incursión en la selva, cuando estuvimos durante 3 días en la selva amazónica peruana y me obsesioné con todos los bichos que teníamos alrededor. Esto os lo conté en mi diario de Perú. Durante este tiempo que duró la planificación del viaje no hice más que darle vueltas al alojamiento en el río Kinabatangan. El Uncle Tan, tan recomendado, tenía un serio problema para mi: No dispone de puertas ni ventanas, es un tipo de turismo muy vivencial y por tanto muy expuesto. No dispone de baño, al menos no de un baño como a los que estamos acostumbrados y la ducha es agua de lluvia (de color marrón) en un bidón y la forma de ducharte es echar agua con un caldero por encima. Todas estas cosas, sobre todo el tema de las puertas y ventanas, llegaron a obsesionarme hasta tal punto que pensé que un viaje no tendría que ser un quebradero de cabeza y busqué otras opciones.

Por otro lado, por mucho que comparaba y por muchas reseñas que leía, no encontraba una gran diferencia en el avistamiento de animales entre ir al Uncle Tan e ir a otro tipo de alojamiento. Así que la decisión estaba tomada.

Al final nos decidimos por el Nature Lodge Kinabatangan en la mejor de las cabañas (para qué menos) y con todas las comodidades. La diferencia de precio con el Uncle Tan, no era de más de 50 euros por persona y creo que el gasto lo merecía.

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Nuestra experiencia con el Nature Lodge fue de lo mejor, sin ninguna queja y con una cabaña que merecía todo lo que pagamos por ella y con unos guías que resultaron ser excepcionales. 

Llegamos al Nature Lodge Kinabatangan y tras hacer el chek in, nos relajamos un rato en la habitación, dimos una vuelta por los alrededores y empezó nuestro primer “safari” por el río.

 

Safari al atardecer por el río Kinabatangan

 

Era nuestra primera salida por el río Kinabatangan. Teníamos muchas ilusiones puestas en ver animales, cuantos más mejor, pero sobre todo queríamos ver Elefantes malayos. Bueno, ya nada más salir nos indican que los elefantes, al ser todavía inicio de la época seca, se encuentran a más de 4 horas del río. Es decir, no los veríamos. Que desilusión. Bueno, nos conformaríamos entonces con ver algún Proboscis y con ver algún caimán o cocodrilo.

Desde luego lo que no contábamos ver fue la gran cantidad de Proboscis o monos narigudos que vimos en Kinabatangan. Todo el mundo nos decía que para ver Proboscis había que ir al Parque Nacional Bako, y donde más Proboscis vimos fue aquí, en Kinabatangan. Estaba lleno de ellos. Los vimos por todos los lados y a todas las horas del día.

Os dejo unas imágenes de nuestro primer safari fotográfico en Kinabatangan River.

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Tras unas horas por el río regresamos al hotel justo cuando atardecía y estos son los colores que nos dejó el cielo de Borneo:

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Así terminó el día, pero no la jornada ya que todavía nos quedaba lo último por hacer: La salida nocturna.

Safari Nocturno en Kinabatangan River.

 

Tras la cena, muy amena ya que ya habíamos entablado conversación y contacto con el resto de nuestros compañeros, fuimos al punto de encuentro para la salida nocturna. Esta no está incluida en el tour, pero por 15 RM no nos ibamos a perder la posibilidad de ver tarsieros en libertad o de caminar por la densa selva de esta zona de Borneo.

Los tarsieros, esos pequeños animalillos de ojos gigantes que habíamos visto ya en Filipinas (pero no en libertad: lo podéis leer aquí: Bohol, Filipinas), son endémicos de esta zona, norte de Borneo y Sur de Filipinas. Pensábamos que jamás los íbamos a ver en libertad ya que además de ser una especie en peligro de extinción son muy difíciles de ver en la noche. Es cierto que tuvimos el mejor de los guías a nuestra disposición y, ¿adivináis que pasó? Pues que vimos un tarsiero, y la emoción de aquellas últimas horas se multiplicó por doscientos.

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Pero esto no fue lo único que vimos; arañas, serpientes, ranas y hasta una gineta, que fue otro de los momentos culmen de la noche.

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Dimos por terminado el día con una sensación satisfactoria difícil de describir. Habíamos vivido un día muy intenso y el cansancio afloraba así que lo mejor que pudimos hacer, en medio de la selva de Borneo, fue irnos a dormir.

 

Gastos del día:

 

Entradas a Sepilok y cámara de fotos: 40RM (8.93 euros)

Snacks y agua para el bus: 8.16RM (1.82 euros)

Excursión nocturna Kinabatangan: 15.90RM (3.55 euros)

 

Total de gastos del día por persona: 14.26 euros

 

Si queréis leer el diario completo: 14 días en Borneo

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