Un día para olvidar.

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Mi día de ayer… Para olvidar.
Como ayer os dije por las redes sociales, hay cosas que me pasan últimamente que son de película. Creí, sin lugar a dudas, que aquello que nos pasó en el aeropuerto de Lima era algo que no se volvería a repetir, llegar al aeropuerto en aquellas condiciones solo era digno de un James Bond  pero hoy volvería a suceder un día de lo más peliculero. Estas cosas solo me pasan a mi. Y aunque en principio pensé en una película de Tarantino, más bien es una de Torrente. 

Voy a ello.
Cuando quedaban apenas 5 km para llegar a casa el coche da muestras de no querer continuar, pierde fuelle y digo… “se va parar” y se paró. A unos 100 metros de la salida de la autopista, el coche dijo “hasta aquí” y hasta ahí llegó. Me puse muy nerviosa, sabía que iba en condiciones precarias y esas condiciones no eran ni más ni menos que mi móvil estaba sin batería. Si, si, como leéis, no tenía batería en el móvil así que me armé de valor, busqué el chaleco… el chaleco… ¿el chaleco?… y el chaleco no está. Os puedo asegurar que tengo 2 chalecos reflectantes, más uno de invierno, más una chaqueta de aguas, pero en aquel momento no había ni uno solo en el coche ¿porque? porque el Viernes pasado tuve que dejar el coche en el taller y saqué casi todo lo que tenía, pensando que la avería era gorda y que tardarían, al menos, una semana en devolvérmelo. 
No fue así y no me di cuenta de volver a poner las cosas, entre ellas el chaleco, en su sitio. Aquí mi nerviosismo se empezó a hacer latente. 
-“Bueno, pues sin chaleco a ver que hago”. 
Busqué en el coche y tenía un abrigo de piel blanca, así que pensé que eso mejor que nada, al menos se veía más que el abrigo de plumas negro. Imaginad mis pintas, con botas de montaña, un forro polar y un abrigo de piel blanca hasta media pierna. En fin. 
Salí del coche y coloqué los triángulos. Y esperé. Esperé a que los agentes de tráfico pasaran por allí. Normalmente están continuamente pasando por la autopista, así que no pasaba nada, enseguida llegarían. Pero no llegaban. Los minutos se hacían muy largos, y esos minutos se convirtieron en horas. Horas en las que mi cabeza funcionaba a todo lo que daba….
– “¿Qué hago? ¿qué hago?” 
Decidí ir en dirección a la salida de la autopista, pero claro, no llevaba chaleco y además tenía miedo a que un coche me arrollara, así que iba por la parte de dentro, por los matorrales y comprobé que esa zona no se limpia mucho. Pero llegó un momento en el que no podía avanzar más y tuve que parar. Intenté que algún coche parara pero no hubo suerte. Hacía espavientos con las manos, saltaba, gritaba, pero nada, nadie paraba. Y sinceramente yo tampoco lo hubiera hecho. Ver a un ente blanco saltando y meneando las manos no invitaba a parar. Volví al coche, y seguí dirección contraria. Así al menos si venía la guardia de Tráfico me verían y pararían. Pero llegué a un puente, y los puentes en la autopista no tienen por donde pasar. A no ser que vayas por la propia calzada y no era plan. Regresé al coche y volví a repetir esta operación, adelante y atrás unas cuantas veces. Y “Trafico” sin aparecer. Si es que cuando se les requiere no aparecen. 
Cuando ya habían pasado más de dos horas, el frío podía conmigo, me había desmoronado, ya no quería caminar, ni quería saltar, ni quería menear las manos ni gritar, solo quería que apareciera alguien y me rescatara de aquella situación. En ese momento, cuando la paciencia no daba para más, encontré la forma más serena de resolver aquello. Y si, abandoné el coche. Saqué el bolso, cerré el coche y empecé a caminar. ¿A dónde? a donde mis pasos me llevaran. Caminé en dirección a la parte más alejada de la salida de la autopista, hacia el puente. Creí que en algún momento aparecería un poste SOS que me salvara la vida, pero nada, el poste no llegó. 
Llegué al puente y había que cruzarlo. Y lo hice. Agarrada al quita miedos, por la parte de afuera, con lo que tenía que ir literalmente abrazada al metal para no caerme del puente. Poco a poco lo crucé.
En este momento no sabía como podía acabar aquello pero quería que acabara ya. Me daba igual que me pusieran una multa grandísima, me daba igual que me quitaran el carnet de conducir, me daba igual todo. Solo quería llegar a mi casa, entrar en calor y olvidarme de aquello.
Seguí caminando con las ortigas que llegaban a la cintura, sin saber donde ponía los pies, tropezando a cada paso y llegando casi a caer de bruces en bastantes ocasiones. Estaba mojada hasta la cintura y helada pero, por fin llego a un panel luminoso de los que anuncian “Atención Radar” y creí que ahí habría un teléfono o poste SOS, pero nada, mi gozo en un pozo.
Seguí avanzando, casi agotada porque caminar en aquellas condiciones era un autentico sufrimiento.
Y,…. LUZ, vi LUZ. Y mi cara se iluminó, pero solo por la luz, porque en aquel momento estaba en tal estado de congelación y tensión que mi cara debía ser un poema. 
Miré y vi… “Un restaurante!!!! Ufff, menos mal, esto va a ser  mi salvación”. Ya, pero ¿Y como accedo? Tengo que saltar la valla, pero otro momento “las cosas van a salir bien”. Veo un hueco por la parte de arriba de la valla y para allí voy. Una cuesta pronunciada que me cuesta horrores bajar. Llego a la valla y me subo a ella. Me la clavo en un mano. 
“Mierd……!!!!!!” Las cosas no pueden ir peor. Al menos ya estoy en una carretera comarcal. Voy hacia el restaurante y según me acerco voy leyendo… “El Secreto”. 
– “Pero seré estúpida!! Menudo “restaurante”. Es un prostíbulo.
Bueno, pues es lo que hay. Una vez aquí no se puede parar. 
Sin pensarlo dos veces giré la puerta y entré. Me costó Dios y ayuda conseguir articular palabras. Hacerme entender y que ellas me entendieran. Al final, tras entrar un poco en calor y después de que “ellas” se relajaran por tenerme allí. Me buscaron el número de teléfono del seguro y me pusieron el móvil a cargar. Hablé con el seguro y me relajé y no conseguí que nadie más me cogiera el teléfono, de los pocos que me se de memoria. Así que me armé de valor y pedí un último favor. Necesito un chaleco. 
Me buscan uno y no contentas con eso querían que “El chico” me fuera a llevar hasta el coche pero bueno, ya a tanto no aspiraba y tras despedirme de ellas y prometer volver a devolver el favor me fui de nuevo al hueco de la valla.
Cuando subí la empinada cuesta mi cuerpo no daba más. Iba a perder la consciencia de un momento a otro. Las piernas no me respondían, tenían un enorme dolor en el pecho, no podía con el alma, no podía respirar, me iba a morir en el último momento. Seguí avanzando con el cuerpo medio encorvado e intentando respirar. No podía. No podía más. 
En ese momento vi una luz, esta vez si era una luz tras de mi, y me giré lentamente, muy lentamente y vi seis luces redondas que apuntaban hacia mi. Era la furgoneta de “Conservación de carreteas”. Madre mía, en ese momento dejé de pensar que mis piernas no me respondían y me fui hasta la puerta. La abrí y solo le dije: “me has salvado la vida”. Me subí a la furgoneta y le expliqué lo que me había pasado.  Se sorprendió por el trayecto que había hecho andando y por el hecho de que no hubiera aparecido “Tráfico”. 
Esperamos a un compañero y así, en compañía, entrando en calor y volviendo a la vida esperamos a que llegara la grúa.
Tres horas después el periplo llegaba a su fin y cuando se lo intenté explicar a grandes rasgos a Rubén por WhatsApp su respuesta fue: “creo que no quiero saberlo”.
Y que aprendimos de esto:
Nunca salgas de viaje sin batería en el móvil.
Nunca salgas de viaje sin cargador para el móvil en el coche.


Y SIEMPRE, SIEMPRE, … PRECAUCIÓN AMIGO CONDUCTOR. 




Edito: Ante los múltiples comentarios… Tengo cargador de móvil para el coche, así que gracias a todos pero no necesito que me lo regaléis, jeje, no quiero que sea el regalo estrella de estas navidades, el problema es que por cúmulo de grandes males, ha dejado de funcionar el mechero del coche de la empresa. Es que todo se acumula.

24 Comentarios

  1. Patricia Cuni
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    Menuda aventura! Yo no hubiera querido estar en tu piel… Por suerte todo terminó bien y aquí estás para contarlo…

    Un abrazo grande

    • Maria Garcia
      | Responder

      Si, por suerte todo acabó, eso si, llevo arrastrando el cansancio toda la semana. Menos mal que por fin ha llegado el viernes.

      Un abrazo.

  2. Carol (Moonflower)
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    Madre mía! Menuda película de terror! Aunque debo confesar que en algún momento me has hecho reirme a carcajada. Menos mal que todo acabó bien, pero ciertamente es una historia de película de Tarantino…

    Ahora que se quede en una anécdota de aquellas que cuando han pasado, siempre nos hacen sonreir al contarlas.

    Un abrazo

    • Maria Garcia
      | Responder

      No te preocupes Carol, que después de todo lo que pasé y que para nada fue de risa, solo con llegar a casa y contarlo ya me partía, es que no me podía creer todo lo que había pasado y ahora mismo mientras te escribo sigo sonriendo. Esto solo me pasa a mi.

      Un abrazo.

  3. M.C. Cruz
    | Responder

    Madre mía qué aventura! Es la ley de Murphy: cuando necesitas que aparezca la policía, la guardia civil o similar no aparecen. Y la verdad es que ya no se puede salir de casa sin cargador. Menos mal que al final se solucionó.
    Un abrazo

    • Maria Garcia
      | Responder

      Exactamente, cuando no quieres que aparezcan ahí están y cuando los necesitas se tiran horas sin pasar. Y por cierto, el cargador lo llevaba y conseguí cargar un poco la batería en el prostíbulo, pero el problema es que me dejó de funcionar el mechero del coche y no recargaba. En fin, cúmulo de cosas.
      Un abrazo.

  4. Paula R
    | Responder

    Poooobree!!! Y encima, con el coche recién sacado del taller… En fin!!! Habrá que regalarte un cargador para el coche!
    besos

    • Maria Garcia
      | Responder

      No, no, no me lo regales que ya lo tengo!! Lo que voy a necesitar es un acumulador de batería, jeje.

      Un besito.

  5. Caliope
    | Responder

    Madre mía niña, qué mal!! Me pongo en tu pellejo y me dan ganas de llorar, menos mal que ya pasó, eres una valiente. Un abrazo.

    • Maria Garcia
      | Responder

      Gracias!! La verdad es que en momentos así se sacan fuerzas de donde sea.

      Un saludo.

  6. Cool
    | Responder

    Ostras que angustia me ha entrado al leerte…. yo habría estado llorando todo el rato, porque soy una floja.
    Me alegro de que estés bien.
    Besos

    • Maria Garcia
      | Responder

      Gracias nena! La verdad es que he arrastrado las consecuencias toda la semana. Estoy muerta de cansancio, pero al menos ya es viernes.

      Un beso.

  7. Lonifasiko
    | Responder

    Espeluznante aventura María, se me pone la carne de gallina leyendo esto, entre otras cosas, porque me recuerda mucho a cuando me saqué el hombro en el monte, un día que iba sólo, y medio desmayado tuve que bajar a rastras a una caserío a pedir ayuda, lo pasé muy mal.

    Me alegro de que acabara todo bien, recupérate, y sobre todo, me gusta ese espíritu que tienes de sacar la parte positiva y lecciones aprendidas de todo este asunto. Por cierto, la policía…, no suele estar para ayudar, les va m´s lo de sancionar y sangrar sin pudor al conductor.

    Un abrazo!

    • Maria Garcia
      | Responder

      La verdad es que siempre creemos que no nos pueden pasar estas cosas a nosotros y justo cuando se me paró el coche no me podía creer que justo ese día y solo ese no llevara batería en el móvil. En fin… y con respecto a la policía, puede que incluso hayan pasado y no hayan parado.

      Un saludo.

  8. Siuler viajes y fotos
    | Responder

    Pero chiquilla,…. qué de cosas te pasan todas seguidas … Pero oye, vayamos a lo importante. ¿Que tal está tu abrigo blanco?… es broma. Me alegro de que todo acabara bien. Hace poco nosotros tuvimos un percance. Llevabamos tres móviles encima y los tres sin batería…. tuvimos que esperar a cargar uno de ellos un poco en el coche… Ya ves…

    • Maria Garcia
      | Responder

      Ya ves, estas cosas solo me pasan a mi, jeje. El abrigo… pues no sabría decirte. Está todo arañado y con manchas, pero bueno, ha cumplido su función, jiji.

      Un saludo.

  9. Alícia Bea
    | Responder

    ¡Madre mía! Esto sí es un día para olvidar y lo demás son tonterías. Menos mal que al final todo acabó bien porque te aseguro que me has puesto la carne de gallina imaginándote en tremenda situación. Un abrazo!

    • Maria Garcia
      | Responder

      Uff, Alicia, no te puedes imaginar como ocurrió todo, porque creo que ni siquiera he sabido trasmitir lo que viví ese día, fue un horror. Pero bueno, ya pasado solo queda reirse, jeje.

      Un saludo.

  10. Según iba leyendo cada vez me estabas poniendo más nerviosa con el relato… Pero como no accediste a que te llevasen de vuelta en el coche? Y si no llegas a ver a los de conservación que haces? Ains que agobio solo de pensarlo! Espero que te encuentres ya bien y recuperada del susto. Besos!

    • Maria Garcia
      | Responder

      Hola Laura, no es que no accediera a que me llevaran es que aunque ellas querían el chico les dijo que en ese momento era imposible y yo no podía esperar más. Ains, la verdad es que lo pasé mal, pero mira, una experiencia más para contar, jeje.

      Un saludo.

  11. tere
    | Responder

    y si cuando llego el coche de conservacion , al entrar tu toda apurada te encuentras con que es el malo de la peli con cara de asesino, bufffff que mala soy pero que susto lleve cuando me entere de lo que te pasara
    un besis y descansa

    • Maria Garcia
      | Responder

      Ya, la verdad es que en ese momento creo que te da igual todo, incluso si fuera el asesino del hacha. Jeje.

      Besitos.

  12. Diario viaje Kiana
    | Responder

    ¡Madre mía! Título del post: "callejeando por la autopista"! Por suerte todo terminó y quedó en anécdota pero me imagino el sufrimiento del momento y buff. A mi me tocó vivir algo parecido pero con un tren, una nevada espectacular y tuve que acabar durmiendo en un polideportivo sin poder avisar a casa. A ver si algún día me animo a contarlo! 🙂 Saludos!

    • Maria Garcia
      | Responder

      Jaja, muy buen título. Te animo a que nos lo cuentes, a mi me sirvió de terapia emocional. Y para no tener que contarlo a amigos y familiares, jeje.

      Un saludo.

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